Javier Mardikián
Edición Impresa | 30 de Junio de 2017 | 04:52
Promotor del rock y de las expresiones musicales del momento; dueño de un espíritu emprendedor con el que se propuso y consiguió reactivar dos salas teatrales tradicionales de la Ciudad que habían caído en el olvido; querido y admirado por el elevado valor que le otorgaba a la amistad; falleció en esta ciudad, a los 49 años, Javier Mardikián.
Hijo de Martín Mardikián y de Mirna Francia y segundo de cuatro hermanos, Javier Martín Mardikián había nacido en la capital de Mendoza el 27 de mayo de 1968. No bien culminó los estudios básicos vino a La Plata, donde vivían sus padrinos, a probar suerte. Se enamoró de esta ciudad en la que trabajó duro; echó raíces con un proyecto familiar, hizo numerosos amigos y dio empuje a una importante movida musical.
Luego de unos años de labor en la boletería de una empresa de transporte público y en una compañía de seguros ya desaparecida encaró una aventura empresaria, ligada a la producción de espectáculos, por la que terminó sintiendo tanto apasionamiento que se entregó en cuerpo y alma.
Primero fue el Teatro Bar La Plata, que alquiló a la familia Costamagna (dueña originaria del lugar) y que logró adquirir, tras un gran esfuerzo desde lo económico, recién el año pasado. La sala se convirtió, diez años atrás y como resultado de su ferviente impulso, en un centro artístico, dedicado sobre todo al espectáculo de humor y por el que desfilaron desde entonces innumerables representantes del “stand up”. Le siguió, al poco tiempo, otro de sus desafíos: el Teatro Opera, espacio que se dedicó a las propuestas más diversas y destacadas de la música nacional y por donde han pasado, por caso, la Bersuit Vergarabat, Babasónicos, Carajo, Los Brujos y Kapanga.
Mardikián se casó, por primera vez, con Laura Spanevelo. Fruto de esa relación nació su primera hija: Cintia, quien hace siete años lo convirtió en el feliz abuelo de Olivia. Con el tiempo sobrevino la separación y contrajo matrimonio con María Laura Vidal, junto a quién no sólo tuvo toda una vida en común y al resto de sus hijos (Mercedes, Juan Martín, Facundo y Rodrigo) sino que compartió con ella también el emprendimiento que lo colocó como director de los teatros de las calles 43 entre 7 y 8 y 58 entre 10 y 11.
Sus más cercanos allegados lo definieron como un gran soñador que ponía tal empeño en lo que se proponía que lograba su cometido y como un hombre con carácter fuerte y determinante, necesario para llevar adelante los proyectos artísticos que se trazó.
Fue, además de un trabajador incansable capaz de cumplir con cualquier rol si de eso dependía el éxito de su empresa, una persona generosa que impulsaba el crecimiento artístico de los grupos que daban sus primeros pasos e incluso de aquellos productores que como él empezaban la carrera “de abajo”.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE