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Corte de calle, reclamo y “trucos” para reducir riesgos: “Usamos menos las mochilas”

la cuadra de 16, 42 y 43 donde balearon a kevin/dolores ripoll

Por Redacción

Florencia, de 33 años, sabe que manejar una bicicleta con la mochila amarilla de Glovo la pone en riesgo, como sabe que “si no laburo no como, ni puedo darle de comer a mi hijo”.

Ella fue una entre los más de 100 repartidores de esa aplicación y de “Pedido Ya” que ayer se autoconvocaron en la esquina de 12 y 51 con sus bicis y sus motos para pedir seguridad en su trabajo, movilizados por la noticia de que el disparo que recibió Kevin Sanhueza entregando un kilo de helado lo había dejado al filo de la muerte (ver nota principal).

Estuvieron tres horas, entre las 15 y las 18, pero “nadie se acercó” sino hasta que decidieron cortar la calle en 12 y 53: “Vino la policía para preguntar qué hacíamos, porque éramos muchos, y Control Urbano para desviar el tránsito”. Así las cosas, los repartidores saben que deberán sentarse frente a las autoridades de las empresas para coordinar medidas que los resguarden, por lo menos un poco.

“Lo primero que se nos ocurre es que tenemos que cambiar la metodología”, reflexionó Florencia en una charla con este diario, porque “desde que suspendieron las tarjetas tenemos que andar con plata encima y es un peligro”.

También buscan “concientizar a los clientes”, para que estén pendientes de nuestra llegada y no nos tengan esperando un rato afuera”, ya que ese es el momento de más riesgo.

Según los repartidores, la zona más peligrosa es el casco urbano, sobre todo en el área delimitada por las calles 38 a 42 y 16 a 31. El horario, dicen, no influye.

Conscientes del riesgo, cada vez son más los trabajadores de Glovo que deciden dejar en sus casas las mochilas amarillas, “para no llamar tanto la atención”, dijo Florencia.

“Sobre todo a la noche, porque nos ven a diez cuadras”, apuntó la joven, quien también evita trasladarse con mucho dinero en efectivo.

Los repartidores de Glovo son monotributistas que cobran por la distancia de la entrega, dentro del mapa que cubre la aplicación, y el tiempo de espera, con horas asignadas de antemano y puntajes que acumulan durante los fines de semana, por tratarse horarios de alta demanda. “En la semana yo no salgo de noche, pero los fines de semana si”, contó Florencia, que decidió sumarse a esta propuesta laboral hace 8 meses. Se moviliza en bicicleta, dice que aunque nunca la robaron tiene mucho miedo de que le pase. Sin embargo, remata, “por ahora no tengo otra opción”.

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