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EL CONFLICTO DOCENTE

¿Cuánto nos importa la educación ?

Por PABLO JULIANO (*)

Millones de chicos perdieron ya dos días de clases. No tiene la culpa una paritaria, un ministro, un sindicato, ni los maestros. La culpa es de todos nosotros. Los días de paro son esos días en los que tenemos que sentir que fracasamos. Las sociedades y lo pueblos triunfan y fracasan. No estamos haciendo lo mejor que podemos.

Lejos de adentrarnos en el complejo entramado de un conflicto sindical, que resulta ser sólo una de las caras de este problema, hace tiempo que nos venimos acostumbrando a no empezar las clases, a que la escuela permanezca cerrada. Sin importar los motivos y los pretextos esta escena no habla de los políticos y sus medidas: habla de nosotros. Vivimos en una sociedad que cree que la crisis de la escuela es del otro, que a cada uno en su individualidad no nos afecta, que somos los “salvados” y que otros sí están pagando el precio de la mala educación. Tenemos una mala noticia, la crisis de no saber para que nos estamos preparando, es de todos.

No podemos llegar a un acuerdo que determine la nueva funcionalidad de lo que hoy llamamos escuela, si debe ser doble escolaridad o no, si tiene que tener tecnologías de punta, si sólo alcanza con que nos enseñe a ser libres o a leer (que es lo mismo que lo primero). Hay algo que debemos consensuar como sociedad: debatir sobre el modelo actual educativo, ya que el salario es una discusión común a todo trabajador y no excluyente al área educativa. Para ese debate debemos interrogarnos: ¿El salario es lo único insuficiente en la educación argentina? ¿Podemos desmembrar ese debate de la calidad del servicio educativo? ¿Cómo podemos restringirlo en educación al salario de los maestros? La educación es el salario de los trabajadores y todo aquello que se vincula al sistema.

En un país con el músculo del debate tan dañado, en donde todo es un Boca-River, ¿cómo hacemos para que este flagelo silencioso, que arruina países enteros, sea visibilizado? Si dicen que la culpa la tiene un sindicato no lo creo, si dicen que la culpa es de los gobiernos suena a jabón con agua de Poncio Pilatos. Pero si se preguntan qué hicimos para llegar a este punto, entonces podremos entender qué es lo que nos pasa.

Nos proponemos salir siempre de muchas crisis, buscando soluciones y alternativas, pero la tragedia educativa, como la denominó Guillermo Jaim Etcheverry, nos devino en una catástrofe que no deja de crear víctimas de todos los niveles y en todos los tiempos.

La pregunta más importante que la sociedad debe hacerse es: ¿Cuánto nos importa realmente la educación? La respuesta no debe ser con palabras sino con acciones. Un programa audaz, un planteo superador, la búsqueda de una solución que no encastre necesariamente en el proceso electoral, estos son algunas puntas de un debate lejano y urgente.

 

(*) Presidente de la Juventud Radical

 

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