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Información General |Definido como “UN MAL DE ÉPOCA”
Distimia, un trastorno cada vez más diagnosticado pero poco conocido

Sin llegar a ser un estado depresivo, tiene síntomas similares y suele ser confundido con el desgano o la fatiga. Enojos, mal humor, tristeza, frustración y desaliento, entre sus características más salientes

Distimia, un trastorno cada vez más diagnosticado pero poco conocido
13 de Agosto de 2018 | 02:16
Edición impresa

Falta de energía, dificultades para concentrarse, tristeza repetida, problemas para dormir y un malhumor constante son algunas de las señales que nos puede dar un mal de época cada vez más diagnosticado pero no del todo conocido: la distimia, un trastorno depresivo crónico y con síntomas que suelen confundirse con el desgano.

“Hay mucha gente que lo padece y ni siquiera sabe que lo tiene”, asegura el psicoterapeuta Eugenio Rusani, para quien este padecimiento se volvió un motivo de consulta frecuente de un tiempo a esta parte, aunque la mayoría de quienes lo sufren llegan a la consulta médica sin saber siquiera que existe un trastorno de este tipo.

“Debemos estar atentos porque es un mal característico de estos tiempos -advierte el especialista-. Si vemos a alguien cercano que tiene menos energía que la habitual y prefiere estar solo o la mayoría del tiempo se lo ve sin ganas y con malhumor, es altamente probable que esté atravesando un trastorno distímico”.

El término “distimia” (que proviene del griego “mal humor”) fue acuñado por el experto en psiquiatría estadounidense James H. Kocsis durante la década del 70 e introducido por la Asociación Norteamericana de Psiquiatría en 1980. La Organización Mundial de la Salud lo define como un trastorno depresivo recurrente (o persistente) y algunas de las características son, como se dijo, estado de ánimo triste e irritable, poca energía, fatiga, baja autoestima, estrés constante, falta de concentración, sentimientos de desesperanza y problemas de sueño y apetito.

INESTABLES

En los pacientes con distimia también se identifica un alto grado de inestabilidad emocional que genera poca tolerancia a la frustración, exigencias muy altas y rápido desaliento si no se logran los objetivos planteados. Sin embargo, padecer distimia no siempre genera disfunción total; la persona aún es reactiva a ciertos estímulos que le dan resultados placenteros como salir, convivir, jugar videojuegos o realizar otra actividad de su agrado.

“Son personas que normalmente las vemos como enojadas, retraídas, tristes, pero de repente, con ciertas personas o actividades logran salir o se animan”, detalla por su parte el psiquiatra Hiram Ortega, especialista en trastornos afectivos, y agrega que, aunque pareciera que el paciente de distimia “está bien”, luego de unas horas, un día o dos “regresan a un estado de letargo, desinterés, cansancio, sentimientos de culpa, baja autoestima y poca energía”.

Algunos de los factores que podrían detonar la distimia son el temperamento de la persona, antecedentes familiares, haber enfrentado duelos complicados y estrés frecuente que, después de un tiempo, sobrepasa la capacidad de la persona.

Según Ortega, si bien no hay datos estadísticos de una tasa de crecimiento, “la relación de los factores de riesgo con las actuales exigencias sociales podría favorecer el aumento de casos del trastorno en población joven. A nivel mundial hay mucha competencia, cada vez se exige más escolaridad, los jóvenes están enfrentando mayor presión social; entonces la hipótesis o lo que podemos prever es que sí haya más distimia”.

TRATAMIENTOS

El tratamiento para la distimia puede durar un año o más, a través de psicoterapia o fármacos para remitir los síntomas, aunque hay personas que podrían volver a presentarlos debido a una predisposición genética o alteraciones en el cerebro.

De todos modos, se apunta, confundir el trastorno y evitar la atención médica podría ser grave para el paciente porque “cuando alguien ya está con distimia quiere decir que lleva un buen tiempo deprimido o deprimida, lo que podría derivar en un episodio depresivo mayor”, precisa Ortega.

Para Rusani, en tanto, esta patología es una de las más ignoradas por la psiquiatría actual en el universo de las depresiones, convirtiéndose así en el trastorno más grave y común de nuestro tiempo. “Se la suele ignorar porque la mayoría de los casos aparece en la infancia o la adolescencia -apunta-, y se tiene la certeza que son estados de ánimo propios de la edad. El problema es cuando ese estado de ánimo se afianza y termina derivando en un cuadro de depresión profunda”.

 

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