“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” fue el lamento de Francisco, después de visitar ayer en Vilna, Lituania, las celdas donde miles de personas, entre ellas obispos y sacerdotes, fueron detenidas y torturadas por los servicios de seguridad de la KGB y la Gestapo. “Tu grito, Señor, no deja de resonar y hace eco en estas paredes que recuerdan los padecimientos vividos por tantos hijos de este pueblo”, exclamó Francisco citando las palabras que, según la Biblia, dijo Jesucristo mientras agonizaba en la cruz. (EFE)
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