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Frente a la necesidad de desmontar un hogar crecen las “casas a vaciar”

Quienes necesitan despojarse de los elementos de un hogar, contratan especialistas que le ponen precio a cada artículo y luego los exponen en el mismo escenario que solían habitar. Historias detrás de un movida que crece

Frente a la necesidad de desmontar un hogar crecen las “casas a vaciar”

cada objeto a la venta es previamente tasado y tiene el precio pegado/ g.c

Por: Laura Garat
lauragarat@eldia.com

24 de Noviembre de 2019 | 02:14
Edición impresa

Una persona mayor, viuda, fallece. Quedan su hogar con sus muebles, la vajilla para invitados y la vajilla de todos los días, electrodomésticos, ropa blanca, accesorios, calzado. Otra historia. Un hombre, una mujer, o una familia se mudan a una ciudad del país o del extranjero. En un caso llevarse lo que habita la vivienda es imposible y en otro no conviene, porque si el traslado es muy lejano el costo del flete es mayor que el de comprar todo de nuevo. ¿Cómo se resuelven esas situaciones? Crece el sistema de “casas a vaciar”: contratan especialistas, le ponen precio a cada artículo y así logran desprenderse de cosas que si bien muchas veces están impregnadas de afecto es necesario renunciar. La tendencia tiene el extra de ganar algo de dinero.

La movida de “garage sale”, una modalidad de venta de lo que ya no se usa que en Estados Unidos lleva décadas y en la ciudad de Buenos Aires unos cuantos años, acaso sea de los pocos intercambios comerciales que en estos momentos alcancen algún éxito. De acuerdo a la agenda de los organizadores de estas propuestas, en la Región se llevan a cabo entre tres o cuatro “casas a vaciar” por semana. Para acompañar un hábito instalado entre los clientes, por lo general, se abren las puertas de la propiedad cuyo interior se vende los sábados y domingos a la mañana, en un horario que va de las 10 a 16. Hay veces que como esos días y horarios están ocupados la actividad se puede plantear para una jornada hábil a la tarde.

Ocurre que para muchos el sistema es una solución: el que tiene que vender obligado por las circunstancias encuentra rápidamente una salida, y quien compra, por necesidad o por gusto de muebles y enseres antiguos, consigue precios mucho más acomodados que en el mercado.

Una de las últimas ventas de garage tuvo lugar en un departamento céntrico. El lugar había pertenecido a un matrimonio, y su hija, afectada por la pérdida de sus padres, tardó en definir qué hacer con esa herencia. Hace un año y medio decidió ponerle precio a casi todo lo que había quedado en ese cuarto piso, pero recién hace unos días se contactó con un grupo de personas que se dedican a tasar los artículos y organizar el evento. “Así pude hacerlo. Me costó un poco, por el apego a las cosas que fueron de mis padres, pero también hay una necesidad práctica que me llevó a resolverlo”, contó Nora, movilizada por el valor afectivo que le significaban los objetos de la casa que estaba dejando ir y por la tarea de atender a quienes entraban al tres ambientes interesados en alguna pieza en particular.

Esa venta había empezado a las cuatro y media de la tarde. Una hora después, tras un desfile de potenciales y efectivos compradores ya habían “volado” varias de las ofertas. Por caso, un ventilador, ropa de mujer, un televisor, una licuadora, frazadas, zapatos, carteras y bijouterie. Frente a la mirada curiosa de posibles consumidores de antigüedades el living del departamento tenía todavía algunas de las cosas más valiosas del lugar, como dos sillas Luis XV, prolijamente tapizadas, a $7.500 cada una, y una imponente araña de hierro forjado con fanales tallados estilo provenzal, a $6.500.

“Los fines de semana se forman colas para entrar y para que sea justo los hacemos ingresar por orden de llegada”

Soledad Mazza, Organizadora de ferias

“Se pone a la venta absolutamente todo, incluidos los repasadores de la cocina. Hay gente que compra cosas insólitas”.

Gabriela Mendy, Organizadora de ferias

En los dos cuartos que posee el departamento se ofrecía el “ropero a vaciar” y entonces, apilados en las camas, en perchas colgadas y dentro de joyeros se distribuían zapatos de mujer a $300 el par; carteras de cuero a $300 la unidad; anteojos de sol de primera marca a $700; trajes de hombre a $400 cada uno; tapado de paño inglés a $700; conjunto de saco y pollera a $350; chalinas a $50; collares de fantasía a $50. A pocos metros, sobre la mesada de la cocina, se apoyaba un juego de café, de cerámica y 21 piezas, a $800; manteles a $200 cada uno, y también, por escasos pesos se podían llevar platos, vasos, “tupers”, cubiertos, jarras plásticas, ollas y fuentes, entre varios otros utensilios de la vida doméstica.

Soledad Mazza, su hermana María Fernanda Mazza y Nicolás Contini emprendieron hace un poco más de un año esta aventura de montar una feria americana en el mismo espacio donde han ocupado un lugar esas cosas que ahora se venden. “Los fines de semana se forman colas para entrar y para que todo sea lo más justo posible los hacemos ingresar por orden de llegada, así todo el mundo tiene las mismas posibilidades”, explicó el joven.

El perfil del comprador es de lo más variado: personas que necesitan algún insumo hogareño y que en estas alternativas lo consiguen más baratos que en un bazar, anticuarios platenses con puestos en el tradicional barrio porteño de San Telmo, gente que se dedica a la compra-venta de muebles, vecinos que decoran sus casas con antigüedades, coleccionistas, y hasta los llamados “acumuladores”, que van por los trastos viejos empujados por la compulsión a juntar y guardar.

Detrás de los “garage sale” que desmontan hogares enteros hay un mundo de historias personales

 

Mercedes, vecina de Los Hornos, se dio una vuelta por el departamento de la calle 54. Ella se entera de estos eventos por las redes sociales y ahí donde hay una convocatoria va. “Me encanta comprar y me encanta conocer, ver lo que se vende; por lo general miro sillones antiguos pero ahora me inclino más por la ropa”, dijo mientras se probaba sobre su propia blusa una muy de vestir, que se notaba sin uso y quería llevarse.

Detrás de estos “garage sale” que desmontan hogares enteros hay un mundo de historias personales, largos años de permanencia de objetos que rodearon familias, que integraron el escenario cotidiano de personas que vivieron con intensidad una casa. También hay algunas curiosidades. “Nos encontramos con lugares donde la gente pone a la venta cosas que ni siquiera fueron desembaladas después de adquiridas o con juegos de copas, por ejemplo, que fueron regalos de casamiento de hace años y que nunca se tocaron”, remarcó Soledad.

Nada se pierde, todo se vende

“Se pone a la venta absolutamente todo, incluidos los repasadores de la cocina -aclara Gabriela Mendy, pionera junto a Marcela Galán de este sistema de ferias en la Región-. Hay gente que compra cosas insólitas, que de antemano se cree que no se van a vender y terminamos sorprendidas porque se venden, cosas que hasta los dueños desestiman”.

En la extensa experiencia de Gabriela y Marcela (arrancaron con este esquema hace trece años, cuando en La Plata no se estilaba ni por asomo la todavía novedosa modalidad comercial) se incluyen varias ventas impensables de antemano, tanto que se las cuenta como parte del anecdotario compartido por las socias. “Una urna que había sido vaciada de las cenizas se exhibió y alguien quiso regalársela a un familiar y se la llevó. Nunca se sabe que les puede interesar a los otros”, afirmó Gabriela.

A veces las convocatorias desbordan y dan cuenta del fenómeno las colas que se arman en la puerta de las “casas a vaciar”. Es más común que ese hecho se dé cuando se trata de residencias importantes, con mobiliario codiciado sobre todo por los anticuarios. Hay gente que se queda haciendo fila y esperando en el auto toda la noche para ser los primeros en entrar, resaltó Gabriela.

Otra aclaración de los grupos que se dedican a intermediar entre los vendedores y los compradores. No sólo se realizan ferias americanas en casas de familia; también recurren a la eficacia de esta modalidad comerciantes que dejan el rubro y necesitan liquidar el stock. No siempre, además, son particulares lo que requieren el servicio. “Nos llaman de inmobiliarias para que vaciemos propiedades que se están por vender”, concluyó Gabriela.

$7.500
CADA UNA costaban las sillas Luis XV que se ofrecían a la venta, prolijamente tapizadas, en un departamento céntrico. En el mismo sitio, una imponente araña de hierro forjado con fanales tallados estilo provenzal, estaba a la venta a $6.500
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VECES a la semana, en promedio, se llevan a cabo en la Región ventas bajo la modalidad de “casas a vaciar”, según estimaron quienes organizan este tipo de ferias. Cuando tienen lugar los fines de semana, la convocatoria es tan nutrida que se arman filas para que la gente ingrese a observar los objetos que se pusieron a la venta.

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Multimedia

el hogar es la vidriera. los compradores recorren la casa, revisan y se llevan lo que les interesa/ g. calvelo

ayer, en un living de una casa de city bell, se ofrecían a la venta incontables objetos hogareños/César santoro

cuadros y fotos, entre los objetos más demandados / césar santoro

cada objeto a la venta es previamente tasado y tiene el precio pegado/ g.c

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