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La Ciudad |Lo creó Martín Iraola a partir de 1862, aunque hay ejemplares, como muchos robles, de 1856
Allá lejos y hace tiempo: cuando el Bosque platense supo tener 99.750 árboles

El acta de expropiación de la estancia Iraola, del 14 de agosto de 1882, cuenta entre los bienes una plantación de casi 100 mil ejemplares. La mayoría se perdió. Cómo y porqué

Allá lejos y hace tiempo: cuando el Bosque platense supo tener 99.750 árboles

Patrimonio verde, histórico y cultural. El bosquecillo de robles que es anterior a la compra de las tierras por los Iraola, en 1857 / Roberto Acosta

Carlos Altavista

Por: Carlos Altavista
caltavista@eldia.com

15 de Diciembre de 2019 | 02:58
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Hubo un tiempo que fue maravilloso. Y en la Región existió un bosque “de verdad”. Resulta que el 14 de agosto de 1882, en el marco de las numerosas expropiaciones de pequeños establecimientos rurales y grandes estancias que hizo el gobierno provincial para construir La Plata, quedó “formalizado el traslado de dominio en favor del Estado” bonaerense del primer objeto de expropiación: la estancia Iraola, que cobijaba entonces nada más y nada menos que casi 100.000 árboles. Con el tiempo, ese espacio de 157 hectáreas plantadas se llamaría Parque Buenos Aires, primero, y Paseo del Bosque, hasta hoy. Pero, hacia 2002, la superficie arbolada ya era inferior a las 60 hectáreas.

“Martín Iraola, hijo de Gerónimo Iraola, creó uno de los primeros bosques artificiales del país (...) Las primeras plantaciones datan de 1862 (...) En 1877 el número de ejemplares plantados alcanzaba la cifra de 97.000”, relataron Gustavo Delucchi, Alberto Jualianello y Rubén Correa, docentes e investigadores del Museo de Ciencias Naturales platense, en su trabajo “Los espacios verdes y el arbolado urbano en el área de La Plata” (1985).

En 1987, en “La ciudad de La Plata, sus tierras y su arquitectura”, Alberto de Paula detalló que aquella “primera operación expropiatoria concretada” se dio “sobre 1.622,5 cuadras cuadradas, por un total de $5.273.125 moneda corriente ($1.836 por hectárea). Se adicionó a esa suma la cantidad de $1.176.410 moneda corriente por el edificio principal (la majestuosa casona que se levantaba detrás de la actual tribuna Centenario de Gimnasia, inexplicablemente demolida en torno a 1917) y los puestos existentes (viviendas del personal, caballerizas y depósitos)”. Y añadió el autor: “Además, se abonó la suma de $1.396.500 moneda corriente por 99.750 árboles, tasado cada uno en $14”. También resultó sujeto a expropiación el pueblo de Tolosa, fundado en 1871 por Martín Iraola, quien eligió ese nombre en homenaje al pueblo vasco del cual había llegado su padre.

“Lo construido en el Bosque contradice el declamado objetivo de que se expropiaba para ampliar el verde”

Ana Igareta, Investigadora del Museo

 

La arqueóloga Ana Igareta, quien realizó su tesis de grado sobre la reconstrucción de la estancia Iraola en base a los restos que halló bajo el suelo del Bosque, contó que a ella y a sus colaboradores les llamó la atención el hecho de que “las actas de expropiación de la estancia dan cuenta de que la tarea de contar los árboles se le encargó a una persona”.

Tomando los trabajos de Delucchi y compañía e Igareta, puede situarse aquel imponente bosque entre las actuales calles 122, 3, 66 y 40.

Ahora bien, hay un sitio que adquiere, al calor de la historia, un valor inmensurable. En su trabajo “La destrucción de la estancia Iraola: ¿reescribiendo la historia?”, Igareta da cuenta de que “en 1957 la familia Iraola adquirió una estancia al sur de la ciudad de Buenos Aires, en la región ensenadense de los Altos del Lozano, uno de los terrenos más elevados de la región”. Delucchi, Jualianello y Correa consideraron “interesante mencionar que en el casco existía un pequeño robledal de 1856 que, junto con el eucaliptal, eran los elementos vegetales dominantes en la región. Esta masa vegetal fue tenida en cuenta en el decreto del 5/6/1882 en que se aprobó la traza de la ciudad: en su artículo 5º el bosque fue exceptuado de su división y quedó como paseo público respetándose sus ejes principales (avenidas Iraola y Centenario)”.

Estaríamos hablando, así, de una plantación de robles que existía desde el año anterior a la compra de la estancia por los Iraola. José Gerónimo de Iraola Brid compró las tierras “en la suma de 1.000 onzas de oro” -consignó Alberto de Paula- a Francisca Nieto, viuda de Eulalio López de Osornio, nieto de Francisco López de Osornio, quien había adquirido esa propiedad en 1735 a José Antonio de Roxas y Azevedo que, a su vez, había heredado esas tierras “en merced real” en 1636.

“Desconocemos quién proyectó el bosque de Iraola (...) aunque no es difícil conjeturar una intervención directa, o al menos una influencia orientadora, del arquitecto y artista Prilidiano Pueyrredón, quien, a poca distancia de allí, había diseñado los magníficos parques de la estancia San Juan de Leonardo Pereyra, cuñado de Martín Iraola”.

El agrónomo y paisajista Alfredo Benassi abonó esa teoría. “Los eucaliptus, en su mayoría, provienen de las semillas que distribuyó Sarmiento entre sus conocidos. Y los del bosque en particular, llegaron desde los almácigos de la estancia de los Pereyra”, contó.

Un paréntesis: Prilidiano Pueyrredón fue quien inmortalizó a Gerónimo Iraola en un estupendo cuadro (ver fotografía aparte). Y gracias a esa pintura, Ana Igareta y su gente confirmaron que los restos que encontraron bajo el suelo del bosque, a metros de la cancha de Gimnasia, pertenecían a la mansión familiar. “De hecho, hallamos mosaicos con los motivos que se observan en el cuadro de Pueyrredón, así como cristales tallados igual que los de la lámpara de la pintura”, puntualizó la investigadora.

Al expropiarse la estancia (14/8/1882), por los árboles se pagó más que por la señorial mansión

Volviendo al verde, lo cierto es que, a partir de la expropiación para construir La Plata, el bosque de casi 100.000 árboles plantado por Martín Iraola fue cediendo ante edificios públicos, canchas de fútbol, viviendas particulares, calles, avenidas. Como se dijo, de las 157 hectáreas plantadas entonces, 17 años atrás ya quedaban menos de sesenta.

‘Había que construir la ciudad’, se dirá. Pero De Paula hace notar que “la expropiación de tierras para la fundación de La Plata y su éjido (sumando las demás estancias y predios, un total de 16.428,53 hectáreas según expediente 452 de 1884, cuando aún restaban expropiar 390,44 hectáreas) hipotéticamente podía haberse circunscripto a la superficie necesaria para los edificios gubernativos, espacios verdes (planificados), calles y otros usos públicos”.

El avance del cemento

En la misma línea, Ana Igareta dijo que “la destrucción de la estancia Iraola derivó de la necesidad de aumentar la superficie destinada a espacios verdes y libres de construcciones dentro del Paseo del Bosque. (Pero) las muchas construcciones realizadas allí a partir del momento en que los terrenos pasaron a manos del gobierno parecen contradecir también esa suposición, al menos parcialmente”.

“La edificación del Hipódromo (finalizado en 1884), del Museo de Ciencias Naturales (inaugurado integralmente en 1888), del Observatorio (también habilitado en 1888), del Chalet de los Gobernadores (ensamblado en 1884 y cedido en 1905 a la Universidad Nacional para ser demolido, inaugurándose ahí el Colegio Nacional en 1910), del Arco de Ingreso (finalizado en 1884 y demolido en 1914), son sólo algunos ejemplos de las construcciones realizadas en el Bosque platense a partir de la expropiación de 1882”, detalló Igareta.

“Entre 1902 y 1905 -continuó-, la Provincia cedió más terrenos a la Nación para uso de la Universidad, incluyendo aquellos sobre los que se asientan las actuales facultades de Agronomía y Veterinaria. Después, en 1906, fue entregado un predio al Club Estudiantes de La Plata y otro a Gimnasia y Esgrima, que en 1923 comenzaría la construcción del estadio que hoy existe en el centro del paseo. Hacia 1909, Ferrocarril del Sud recibió una considerable fracción de tierras para construir una estación de carga sobre la calle 122, mientras que en 1915 son vendidos los terrenos para la Escuela Industrial Albert Thomas. Y estas no son todas las edificaciones que alteraron la superficie del Paseo del Bosque en el periodo, aunque sirven para establecer que la obtención de un espacio verde liberado no se presenta como argumento coherente para justificar la desaparición de la estancia”, consideró la reconocida arqueóloga.

Los tres profesores e investigadores del Museo citados complementaron esa lista con el Zoológico (1907), el Lago (1911), la Policía (1928) y el Club Hípico (1938).

El 14 de agosto de 1882, el acta oficial de expropiación de la estancia Iraola lo decía con claridad meridiana: 99.750 árboles. ¿Cuántos quedan y -más aún- en qué condiciones? Nadie lo sabe.

En 1862 empezó la forestación. De las 157 hectáreas que se plantaron, en 2002 sobrevivían unas 55

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