La mula, un símbolo de carga y persistencia que no pasa de moda
Edición Impresa | 3 de Marzo de 2019 | 06:34
PHOENIX
Por BEATRIZ LIMÓN (EFE)
Las mulas no faltaron en una expedición como la que llevó en 1540 al conquistador español García López Cárdenas al Gran Cañón del Colorado y aun siguen siendo útiles para explorar esta maravilla de la naturaleza que fue declarada Parque Nacional de Estados Unidos hace cien años.
Cada año el Gran Cañón recibe más de 6 millones de visitantes que disfrutan de las vistas, el senderismo y recorridos por el río que los españoles, los primeros europeos en llegar, llamaron originalmente del Tizón y luego fue el Colorado.
DESCENSOS HASTA EL RÍO
Por precios que van desde 45 dólares hasta 90 dólares por día, los turistas que actualmente visitan el Gran Cañón, un símbolo del estado de Arizona, pueden hacer el descenso hasta el lecho del río desde la meseta por unos intrincados caminos a lomos de mula.
Esculpido por las aguas del Colorado durante millones de años, el Gran Cañón tiene 277 millas (446 kilómetros) de largo, hasta 18 millas (29 kilómetros) de ancho y una profundidad de una milla (1.600 metros).
Según explica Paul Hirt, de la Escuela de Historia y Estudios Filosóficos de la Universidad Estatal de Arizona (ASU), el turismo comenzó en la séptima década del siglo XIX en lo que hoy se conoce como el Distrito Histórico de Grand Canyon Village, en el borde sur, la misma zona donde todavía se concentran la mayoría de los turistas.
Los que estaban asentados en la zona a fines del siglo XIX “se dieron cuenta de que se podía ganar más dinero con el turismo que con los depósitos minerales”.
“Las mulas han llevado a los turistas al cañón desde fines del siglo XIX. John Hance parece haber sido el primero en llevar a los turistas al Cañón en mula”, explicó.
Hirt menciona que en 1887 se publicó un anuncio en un periódico de Arizona una oferta de viaje en mula por el desfiladero y a principios del siglo veinte ya se habían iniciado los recorridos turísticos por el Gran Cañón.
Las mulas no solo están de servicio para transportar turistas, casi todo lo que entra y sale del Cañón a Phantom Ranch, un poblado en el fondo del cañón donde existe un albergue construido en los años 20, viaja en la parte posterior de uno de estos animales de carga.
Marcos Arreutuoa ha explorado el Gran Cañón en cinco ocasiones y, aunque sus recorridos han sido a pie, dijo que observa cómo muchos de los turistas que no cuentan con buena condición, prefieren usar las mulas para trasladarse o para cargar sus pertenencias.
“Yo hago alrededor de cinco horas bajando el Cañón y siete horas subiéndolo a pie, es un recorrido muy demandante, necesitas tener una buena condición para subir y bajar el mismo día, por eso mucha gente prefiere rentar las mulas”, dijo.
Los requisitos para poder hacer el recorrido en mula son tener por lo menos nueve años, medir al menos 1,44 metros (57 pulgadas), pesar menos de 225 libras (unos 102 kilos) y ser capaz de entender instrucciones en inglés, según la web del Parque Nacional.
VIAJE DE SIETE HORAS
Actualmente los turistas pueden tomar un viaje en mula de siete horas hasta Plateau Point, con vista al río Colorado, o hacer un viaje nocturno a Phantom Ranch, en el fondo del desfiladero.
Hirt indicó que Fred Harvey Co. construyó Phantom Ranch en 1922 como una parada nocturna para los jinetes de mulas.
“Hoy los suministros a Phantom Ranch son transportados por mulas, el correo a ese poblado tiene que ser llevado por mulas, la única forma de llegar es por sendero, no hay carreteras ni vehículos”, comentó.
El estudioso del Gran Cañón explicó que los helicópteros pueden acceder al sitio en caso de emergencia y su uso está regulado por el servicio del parque, aunque los servicios son prestados por un concesionario.
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