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Espectáculos |EN DIÁLOGO CON EL DIA
Luisa Kuliok: “Lo importante es la búsqueda de lo más hondo y verdadero”

Después de 27 años, la popular actriz se reencontró con Osvaldo Laport en “Detrás del arcoiris”, una experiencia por streaming en la que un amor del pasado se vuelve presente desde un lugar de reparación y ternura

Luisa Kuliok: “Lo importante es la búsqueda de lo más hondo y verdadero”

Foto: Alejandra López

María Virginia Bruno

Por: María Virginia Bruno
vbruno@eldia.com

18 de Octubre de 2020 | 03:48
Edición impresa

Ella sí escuchó el pedido de pausa que gritaba el mundo y no se dejó arrastrar por la ola febril que buscó sobreponerse a lo desconocido desde el ruido, en el que “a veces es difícil decir cosas verdaderas, aunque quieras”. Luisa Kuliok, referente de la televisión dorada argentina, con una presencia que imanta hasta a las generaciones que recién nacían cuando se ponía en la piel de “La extraña dama”, se tomó su tiempo y no cedió a los pedidos para mostrar los rincones de su casa, su lugar en el mundo, tan lleno de libros, ropas y escenografías que desafían sus pasos, en el que se respira madera, material noble por excelencia a tono con su sensibilidad. Una sensibilidad que le prestó a Mabel, el personaje que la volvió a reunir con Osvaldo Laport en la pantalla, después de 27 años.

Inolvidable dupla de telenovelas como “Cosecharás tu siembra” o “Más allá del horizonte”, Kuliok y Laport son los protagonistas de “Detrás del arcoiris”, una experiencia por streaming que se ofrece los viernes, sábados y domingos a las 21.30 a través de Teatro Play (www.teatroplay.com), una plataforma que nació a partir de una necesidad concreta -la de volver a trabajar, en estas circunstancias- y en la que el público no sólo puede ver esta producción audiovisual (con dramaturgia de Francisco Scarponi, música original de Martín Bianchedi y dirección general de Laport) sino, además, ser parte de un encuentro virtual con los actores al término de cada emisión.

El amor en tiempos de cuarentena. La búsqueda del propio ser, el reencuentro con uno mismo. Volver a abrir aquellos cajones cerrados. Volver a creer en el amor. El tiempo como cicatrices olvidadas. La cuarentena como una oportunidad, comprendiendo qué es lo importante en la vida son algunas de las cuerdas que toca “Detrás del arcoiris”, una propuesta genuina que le da lugar a la ternura a través de una historia de amor y reparación.

“En un momento de tanta violencia generalizada, de tanta incertidumbre y dolor, de tanta fractura, nos interesaba contar algo que no estaba puesto en primera plana que es lo que tenemos adentro: las posibilidades de las ternuras”, asegura la popular actriz, en diálogo con EL DIA. Está convencida de que sólo desde este lugar será posible “construir el futuro tenebroso que aparece en estos días”, en un mundo en crisis en el que “los cuerpos perdieron su historia, su hábitos, sus memorias” y que llevó a las personas a “afrontar algo inédito porque no hay memoria posible que alcance para prever cómo tenés que pararte e ir hacia adelante”.

En “Detrás del arcoiris” -que incluye además las actuaciones de Facundo Gambandé, Jazmín Laport y la participación de Beto Casella-, Luisa y Osvaldo se reencuentran con los héroes y heroínas que supieron ser en esas pantallas anheladas pero no ya desde la épica sino desde un lugar más auténtico, cotidiano.

“Mabel y Luis son cada uno de nosotros que estamos luchando cada día por existir, por tener nuestro pequeño cachito de vida en este poquito tiempo que estamos en la tierra”, dice Kuliok sobre lo que esconden sus personajes.

-“Detrás del arcoiris” es la historia de Mabel y de Luis, que se reencuentran tras 30 años, pero también parece la de Luisa y Osvaldo.

-La gente nos dice mucho eso, que pasaron una doble emoción. La emoción que te da la historia en sí misma y después encontrarse otra vez con nosotros. Es interesante eso porque es volver a recuperar la memoria en un lugar no intelectual. Y de eso se trata: no podemos construirnos sin memoria. No hay hechos aislados. Hay continuidad de eslabones, de vida.

-¿Te sorprendió el llamado de Osvaldo?

-Sí, fue muy sorpresiva la convocatoria, de hecho él me tanteó a través de un amigo que tenemos en común antes de llamarme. Tenemos un vínculo muy profundo, por todo lo vivido, de respeto y acompañamiento, porque cada vez que uno hace teatro, el otro siempre va a verlo. Nos alentamos. Pero la realidad es que no nos hablamos cotidianamente.

-Después de “Más allá del horizonte”, ¿no habían vuelto a coincidir en ningún proyecto?

-No, no volvimos a hacer nada juntos y ¡pasaron 27 años! Nunca se dieron las circunstancias. Cada uno hizo su trayecto, su camino. Los dos, afortunadamente, porque siempre hace falta un poco de suerte en el camino, hemos tenido créditos de mucha satisfacción tanto en televisión como en teatro. Fue fantástico que se le ocurriera que yo podría acompañarlo en esta aventura del streaming. Porque era lanzarse completamente a un lugar desconocido con los cuerpos en este estado de vibración y de descubrimiento total, de no saber dónde estás parado.

-¿Por qué le dijiste que sí?

-Me interesó poder contar una historia que sea totalmente actual y atravesada por todo lo que nos está pasando. Me interesó mucho hablar sobre qué pasa frente a alguien que hace tanto tiempo que no ves, como le pasa a estos dos personajes, que fueron novios, y luego se separaron y cada uno hizo lo propio, pero con el que volvés a conectar apretando un botón. Me parecía que era esencial hacer volver a los personajes un lugar de adolescencia, de mucha frescura, de no saber. Mabel, que es mi personaje, es una psicóloga que ha tenido errores y que se va a seguir equivocando humanamente, pero con una idea clara de comprensión, de acercamiento, de reparación. Habla mucho de eso la obra, de la posibilidad de que siempre se puede volver a empezar.

-No hay mucha gente mayor enamorándose en la pantalla y eso es algo interesante. El mensaje, creo, va sin embargo más allá del amor: habla de animarse a cualquier edad.

-Sí. Eso es algo que está en todos los personajes y que bien, como decís vos, atraviesa esta cosa etaria. Esos cuerpos vibrantes, de lo sensorial, del amor, de la vida y de toda la amorosidad no sólo hacia una pareja sino hacia el mundo, hacia todos los seres vivos. La posibilidad de animarse, de lanzarse, de ver cómo se está parado en el hoy, con la memoria de los errores y de lo bueno, de lo sentido, y de ahí encarar hacia adelante.

-La experiencia ofrece la posibilidad de mantener un encuentro virtual con el público. ¿Cómo te va con este encuentro con la gente?

-¡Ahhh eso es tan hermoso! Yo siempre me he llevado muy bien con el público, soy un tipo de actriz muy agradecida. Porque realmente siempre me han irradiado muchísimo amor. Hay que pensar que con tantas novelas he estado compartiendo muchos años de sus vidas, de enfermedades, de soledades, de familias que miraban en distintas generaciones. No soy de las actrices que se escapan. Los únicos momentos en los que me había sentido invadida no fueron tanto por mí sino porque por ahí caminaba con mis hijos más chicos y de repente la gente se acercaba y yo no sabía cómo decirles, sin que se molesten, que yo estaba caminando con los chicos. Y lo que pasa en el Zoom, es un espejo de todo eso. Poder conversar con la gente, que nos vean que somos personas de carne y hueso, y que nos ha encantado compartir esta historia, es maravilloso. Que estén del otro lado, asistiendo y sintiendo ese mismo camino que nosotros proponemos es una cosa inefable.

-Me decías que pocas veces te sentiste invadida por la gente pero, ¿alguna vez te cansaste de esa exposición mediática que, en tu caso, trascendió las fronteras?

-Pasé momentos difíciles porque, justamente, quise tratar de mantener mi privacidad, y por eso nunca entré en esa cosa de la exposición que... se pasa, sí, se pasa. Y he pasado algunos momentos difíciles porque son muchos años. Pero en general, no. Sé que todo tiene dos caras en la moneda, tiene lo bueno y lo que no te gusta tanto que, a veces, es malo. Pero uno negocia, se hacen acuerdos. Me parece que las cosas tienen que ser siempre a partir de acuerdos. Pero si una parte, totalmente arbitraria, se le ocurre invadirte, o te arma como suele pasar una campaña porque le conviene a otra persona, eso es doloroso, injusto y no estoy de acuerdo con eso, definitivamente.

-¿Pensás cómo sería atravesar hoy, con los códigos que se ven en los medios, esos niveles de exposición que manejaste?

-Es difícil imaginarse en otra situación que la que viviste (risas), casi surrealista te diría. A mí me tocó eso, me tocó una época de oro con los Romay, y fue disfrute. También tuve conflictos, ojo, porque toda relación, sea laboral, íntima o de amistad, de hijos, siempre hay problemas que deben ser resueltos. Nada es color de rosas. Ni siquiera digo como en las novelas porque en mis novelas se sufría mucho (risas), pero eran personajes que avanzaban entre el sufrimiento, además de ser mujeres a las que no sólo les interesaba el amor de pareja sino su propia identidad: siempre eran mujeres buscando identidad. No sé muy bien qué pasaría hoy pero, de todos maneras, te diría que con este trabajo que estoy haciendo ahora me siento totalmente expuesta.

“En un momento de tanta violencia, dolor y fractura, nos interesaba contar algo sobre lo que tenemos adentro: las posibilidades de las ternuras”

 

 

-¿Por qué?

-Porque es un tipo de personaje que no había hecho nunca. Si vos recordás, vas a ver que en mis personajes de televisión no vas a encontrar alguno que tenga las cualidades de Mabel. Estas cuerdas que tiene Mabel, desde lo expresivo, no las he tocado en la televisión. Y en el teatro, también he hecho mujeres bastante fuertes. Y con esto no quiero decir que Mabel no sea fuerte, sino que hablo de cierta épica. Esta Mabel está muy alojada en las ternuras. En otros casos, he expresado el dolor pero desde la fortaleza.

-Hablando de mujeres fuertes, ¿te molesta el revisionismo a “Amo y Señor” por las cachetadas?

-Yo creo que los revisionismos siempre son arbitrarios. Son necesarios, también, pero siempre es necesaria la voz de los que protagonizaron estos hechos que se están revisionando. En mi caso, yo no considero que nada de lo que se mostró en la telenovela haya tenido que ver con la violencia de género, ni con el sometimiento de la mujer: primero porque era un melodrama, era una comedia donde estos dos personajes estaban a la par. Yo no era ninguna sometida, yo estaba a la par. Lo que pasa es que por el nombre, “Amo y Señor”, quizás algunos lo llevaron para ese terreno. Además, porque al productor, Raúl Lecouna, como teníamos muy poco tiempo de publicidad antes de salir al aire porque fue todo muy rápido, en las publicidades ponía una cachetada emulando a la cachetada de “Gilda” (1946), y la repetía hasta tres veces en cada corte comercial: cachetada, publicidad de flan, cachetada (risas). Entonces, desde el sentido, fue más de lo que realmente fue.

-Algunos dicen que esas escenas no podrían repetirse hoy.

-No estoy de acuerdo. Creo que hoy tendríamos que poder hacer todo porque sino hacemos autocensura. Que el tema, en todo caso, de para el debate, y no en un lugar que queda en la memoria, cambiado. Hay cosas que no podés manejar, como no podés manejar la manipulación, que a veces tienen los medios para usar un elemento y decir que esto es revisionismo, y en realidad muchas veces es una manipulación. Lo que tenemos que hacer es mostrar, debatir, hacer y trabajar con eso. Escenas de cachetadas debe haber habido tres o cuatro momentos, nada más, pero fijate cómo para la posteridad, algo que cada uno se va armando, quedó como si sólo se hubiera tratado de eso.

-Tenés una sensibilidad especial que atraviesa la pantalla. ¿Cuál es tu fórmula?

-Me siento bien y me parece un mimo a mi misma sentirme bien. Yo creo que lo importante es la búsqueda -porque nunca llegamos- de lo más hondo y verdadero, y la conciencia permanente de que la vida y la muerte están juntas, siempre. Entonces, hay un lugar que es donde me instalo emocionalmente y psíquicamente, y en el que he estado construida de muy chiquita. Y soy una persona muy agradecida. Creo que una tiene que saber que hay cosas que dependen de una misma, y otras que dependen de lo social, de lo comunitario, de lo que cada gobierno puede hacer con su pueblo, con las posibilidades que le da para que crezcan. Creo que ese esplendor que me ven tiene que ver con ese lugar, y también hay un factor de suerte. En algunos casos la he tenido, en otros no. Pero esto de la conciencia es fundamental. A esta altura de la vida, la conciencia de la omnipotencia que tenemos pensando que somos eternos, y que tenemos tiempo para pelearnos y enojarnos, hay que dejarlas de lado. Sobre todo en un momento de la vida como este, que es una crisis mundial.

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Luisa y Osvaldo son Mabel y Luis en “Detrás del arcoiris” / Lisandro Kaell

Foto: Alejandra López

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