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Carlos Sorín: “A pesar de la muerte, lo que está en primer plano es una historia de amor”

Formado en La Plata, el destacado realizador debuta en Netflix de la mano de “El cuaderno de Tomy”, película que escribió y dirige sobre la vida de María Vázquez, la arquitecta que usó sus últimos días para cimentar su mejor obra: un libro para que su hijo crezca fuerte y acompañado

Carlos Sorín: “A pesar de la muerte, lo que está en primer plano es una historia de amor”
María Virginia Bruno

Por: María Virginia Bruno
vbruno@eldia.com

22 de Noviembre de 2020 | 06:44
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Son varios los motivos que podrían hacer suponer que esta película marcará un antes y un después en la obra de Carlos Sorín.

Esta película es “El cuaderno de Tomy” que, producida por Pampa Films, llega el martes al catálogo de Netflix, escrita y dirigida por él, con una historia incómoda pero también necesaria, para empezar a poner las cosas por su nombre.

Protagonizada por Valeria Bertuccelli y Esteban Lamothe, está basada en la vida real de María Vázquez que, con las horas contadas, no perdió el tiempo y obligó a sus fuerzas heridas de muerte a terminar la herencia para su hijo: un libro que lo ayudara a transitar la vida sin su mamá.

Nacido en Buenos Aires pero formado en la Escuela de Cine de La Plata, una ciudad que siempre recuerda no sólo por ser el lugar donde comenzó a recorrer su aventura cinematográfica de más de tres décadas sino porque aquí también conoció “a grandes maestros”, Sorín, que ha regalado al universo sus “Historias mínimas”, “El perro” y “Días de pesca”, salta en este nuevo proyecto del cine tradicional al mundo on demand, una “transición” que esperaba pero que nunca imaginó hubiese sido tan pronto. La pandemia, dice, aceleró este proceso, pero se siente “fascinado” con la novedad.

Creador de relatos de autor contados sobre ásperos paisajes patagónicos, aceptó con este proyecto el desafío de filmar bajo techo, entre cuatro paredes, en una película para el público masivo, que se verá en más de 130 países, y para la que tuvo que dejar de lado a sus “no actores”, esas caras desconocidas tan propias de su obra, consensuando la elección de un elenco de reconocidas figuras que, además de la dupla protagónica, incluye nombres como Mauricio Dayub, Malena Pichot, Diego Reinhold, Diego Gentile, Catarina Spinetta y Mónica Antonópulos, entre otros.

De yapa, Sorín, que está acostumbrado a trabajar en familia -con su hijo músico Nicolás como socio sonoro de sus producciones- se da el lujo de dirigir a su propio nieto de cinco años, Julián, uno de esos regalos que le dio profesión. Las sonrisas que se escuchan del otro lado del teléfono, a la hora de hablar de este tema, lo hacen imaginar como uno de esos abuelos de pecho inflado de amor por sus nietos.

De todo esto, y algunas cosas más, hablamos con el cineasta durante una comunicación telefónica amena.

“Si la vida fuese infinita y mortal, como el personaje de Borges, sería insoportable. La finitud es lo que le da intensidad y emoción a la vida pero no deja de ser un tema tabú”

 

-A diferencia de las anteriores, esta película te llegó por encargo. ¿Fue diferente trabajar de esa manera?

-Eso es relativo porque una vez que acepto el encargo, la película me la pongo al hombro, como si fuera mía. La gente de Pampa Films, con la que yo había producido mi película anterior, “Joel”, me ofreció esta idea. Vinieron con el libro (”El cuaderno de Nippur”) y lo que había pasado y a partir de ahí empecé a trabajar como si fuese una película mía, con toda la responsabilidades y temores que si fuese mía.

-¿Habías conocido en su momento la historia de “Marie”?

-No, no la conocía. Mi primer encuentro con la historia fue con el libro y con una charla TED que dio Sebastián, marido de María, una charla muy particular donde dije bueno, si la película tiene este humor, esta cosa irónica que era el humor de María, me parece que podría ser una película diferente a las películas de cáncer que es casi un género.

-Hay películas que no las podés ver de tantos golpes bajos pero esta historia tiene ese condimento, la acidez con la que María enfrentó su situación, y que la hace no sólo soportable, sino diferente.

-El riesgo ante un tema así, tan de alto voltaje emotivo, es hacer una película ‘down’, que produzca un bajón. Eso lo tuve como meta. Jamás quise hacer eso. Siempre quise reflejar cómo era ella, serle fiel a ella en la forma de llevar la película. Donde vos tenés un contexto que es una tragedia realmente, pero al mismo tiempo hay un espíritu vital, con humor pero también con ternura y amor, que la hace totalmente diferente. Algo que en otro contexto no funcionaría pero en el contexto drástico de una situación así funciona como un contrapunto.

-Una vez que leíste el libro y viste la charla, ¿cómo abordaste el guión?

-Fue un proceso largo de trabajo, de un año y medio. Primero, reuniones con Sebastián y con las amigas, a veces individuales, a veces en grupos. Ellas me contaban de todo. Y después, que fueron muy importantes, tuve largas entrevistas con el doctor que atendió a María en las instancias finales y con otros médicos también. Si bien la película no es un documental, quería ser fiel al menos en lo que sea a lo científico: no inventar cosas que no corresponden.

-¿Hubo una presión extra por el hecho de contar una historia basada en la vida real?

-Hubo temores que después, por suerte, no pasó nada (risas). Pero todos los personajes, salvo ella, lamentablemente, viven y han pasado por una situación única, delicada, que ha calado muy profundo en ellos. Entonces, tocar eso, viste, puede tener reacciones de cualquier tipo. Pero es un riesgo cuando hacés una película basada en la vida real con personajes que todavía viven. Era un temor mío pero no hubo nada en la realidad que justificara ese temor. Todo lo contrario.

-La mayor parte de la peli se desarrolla en una habitación. ¿Fue un desafío la limitación espacial?

-Una película que transcurre el 80 % en una habitación, con la protagonista en la cama continuamente, era un tema. Estábamos como con las manos atadas. Pero ahí trabajamos mucho con la directora de arte, con la directora de fotografía y lo que hicimos fue trabajar pensando en que si no se mueve la protagonista, hay que mover la cámara. Creo que después de haber filmado una semana, ese temor desapareció. Pero lo tuve muy presente durante toda la escritura del guión. Porque no era una película experimental, que hay que hacerla en un cuarto cerrado, era una película para Netflix, por lo tanto ahí son otras las exigencias. Pero este tema me tuvo muy preocupado hasta filmar. Ya cuando estaba filmado, me di cuenta que la cosa iba a fluir, primero porque el tema es muy atrapante y cuando el tema tracciona, todos los temores quedan disimulados.

-La historia de María trascendió desde Twitter y en la peli la red social parece un protagonista más...

-Era imprescindible usar los tuits porque María era una persona de redes. Es más, se hizo famosa por esa participación en Twitter. Y por el otro lado, yo quería poner las palabras de María, no las inventadas por mí. Y traté de ser muy fiel a eso: todo lo que dice María son palabras de María, es como la coguionista.

-En relación a la temática, ¿por qué creés que seguimos hablando con eufemismos sobre la muerte?

-Yo creo que la muerte es un tema tabú desde Neanderthal, desde siempre, y las religiones todas se construyeron a través de la muerte, basadas en la muerte. De cualquier manera, si la vida fuese infinita y mortal, como el personaje de Borges, sería insoportable. La finitud es lo que le da intensidad y emoción a la vida pero no deja de ser un tema tabú. Especialmente las enfermedades porque son muertes injustas. Yo creo que la de María es una muerte injusta. No puede morirse una persona de 43 años con un hijo. No es el fin de la vida, el ocaso. Pero es un tema tabú, y por consiguiente las enfermedades que provocan muertes, como el cáncer, también lo son. Ella no tenía tabúes, salió a destruirlos. Pero forma parte de su humor y su valor.

“El riesgo ante un tema así, tan de alto voltaje emotivo, es hacer una película que produzca un bajón. Jamás quise hacer eso. Siempre quise serle fiel a ella en la forma de llevar la película”

 

-Al igual que en tu última película -“Joel”, disponible en Cine.Ar- , volvés a hablar de los vínculos entre padres e hijos.

-Es una temática que he tocado en varias de mis películas, sí. Pero la médula de “El cuaderno de Tomy” es la relación de María con su hijo, es una historia de amor. Porque a pesar de la muerte y del cáncer, lo que está en primer plano es una historia de amor, sin dudas. Eso es lo que hace que la película respire.

-Valeria Bertuccelli es perfecta para ese papel y con Lamothe hacen una buena dupla. ¿Tuviste incidencia en la elección del elenco?

-Consensuando con la gente de Pampa Films y con Netflix llegamos a este elenco. Te digo que he tenido mucha suerte con el casting porque me parece que están todos muy bien. Y esta es una película de actuación. También me parece que todos ellos estuvieron fuertemente comprometidos con la temática y los personajes. Y aparte son gente muy pero muy talentosa. Un placer trabajar con ellos. Fluyó todo.

-En esta peli se da una situación particular: Tomy es interpretado por Julián Sorín, tu nieto. ¿Cómo viviste esa experiencia?

- (risas) Más que como lo viví yo, cómo lo vivió él... Fue como un soldadito, iba los días que tenía que grabar a las ocho de la mañana, y al final, cuando terminaba la jornada, me preguntaba: “abuelo, ¿estuve bien en este acto?”. Porque el acto es la noción que él tiene de la representación, cuando hace un acto vestido de granadero en el jardín. Entonces, me preguntaba eso.

-Y a vos se te debe haber caído la baba...

- (risas) Yo estoy muy entusiasmado porque él está soberbio. Es lo que es, es así. Es exactamente así, muy desfachatado. Ahí tenía cuatro años, ahora tiene cinco, pero desde que nació vivió encima de los escenarios: su madre es Lula Bertoldi, de Eruca Sativa, y su padre también es músico, entonces vivía arriba de los escenarios. O sea que todo el show, las luces, para él era moneda corriente. Yo estaba seguro que lo iba a hacer bien. De cualquier manera, cuando mandamos el casting, que mandamos una terna a Netflix para que lo vean, le cambié el apellido, porque me ponían en una situación comprometida (risas).

-Como cineasta más acostumbrado al cine independiente, al cine de autor. ¿Cómo fue trabajar con Netflix como respaldo y cómo vivís el hecho de estrenar en una plataforma y no en una sala?

-Estoy fascinado. Primero porque siempre pensé que este iba a ser el futuro, que iba a haber una transición de algunos años, desde la forma convencional del negocio del cine, que viene de finales del siglo XIX a la forma del siglo XXI, que son las plataformas digitales. Pero nunca pensé que iba a ser tan rápido porque, evidentemente, la pandemia aceleró absolutamente todo. Yo estoy fascinado porque antes, cuando estrenaba una película, iba pasando el estreno por diferentes provincias del país, y esto es lo mismo pero en el mundo. Es difícil darse cuenta de la envergadura, de la dimensión, de la escala. Me parece que es una película adecuada para la plataforma. Y con respecto al proceso de producción, fue todo perfecto.

 

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Carlos Sorín junto a su nieto Julián -que interpreta a Tomy en la película- y Esteban Lamothe en un alto del rodaje / Netflix

Esteban Lamothe, Malena Pichot y (al fondo) Valeria Bertuccelli en una escena de “El cuaderno de Tomy” que llega el martes a Netflix

Valeria Bertuccelli es maría en “El cuaderno de Tomy”, una mujer que usa sus últimas fuerzas para escribir un libro de vida a su hijito

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