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La otra cuarentena, sin changas y con alimentos que no alcanzan

Desde las organizaciones sociales que trabajan en las barriadas de la periferia de la Región advirtieron acerca del fuerte crecimiento de la demanda sobre comedores colapsados

La otra cuarentena, sin changas y con alimentos que no alcanzan

En los barrios de la periferia dicen que sin alimento en las mesas no hay cuarentena que valga / César Santoro

26 de Marzo de 2020 | 03:00
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Los resultados de dos encuestas nacionales realizadas en los últimos días dicen que el 90 por ciento de la gente opina que el aislamiento obligatorio es necesario. Y lo es. Ahora bien, ¿qué hacen quienes viven de changas cuando ya no hay changas? Van a los comedores comunitarios a buscar una vianda, algo que antes no hacían. ¿Qué ocurre, entonces, cuando en esos espacios tienen que atender a mucha más gente con los mismos (y escasos) recursos con que contaban antes del aislamiento? Se van quedando sin mercadería. Así las cosas, se está generando un cuello de botella que requiere de “medidas urgentes o la situación se tornará imposible”.

Lo dicen, en diálogo con este diario, referentes sociales de los barrios de la periferia de la Región, donde hoy la cuarentena, para la mayoría de los vecinos y vecinas, es algo de lo que hablan en la TV. Algo que ellos no pueden cumplir.

“Los carreros y cartoneros casi no salen. Si lo hacen tienen problemas. Quienes se lanzan de todos modos encuentran poco y nada para levantar por el propio aislamiento social. Pero eso no pueden venderlo, pues los pequeños depósitos donde les compraban el material no están funcionando. Entonces, en los barrios de la periferia muchísima gente está cayendo en una encerrona. Nos enfrentamos cada día a complicaciones muy serias”, aseguró Rodrigo Bernales, referente regional del Movimiento de Trabajadores Excluidos, una de las tantas organizaciones sociales que integra el consejo social de la Universidad platense.

Ese nucleamiento administra 39 espacios sociocomunitarios (comedores y merenderos que en tiempos “normales” también brindan talleres de oficios y apoyo escolar) en toda la periferia platense, en Ensenada y Berisso. “Los atienden no más de cuatro personas por turno para conservar las distancias. Usan barbijos y guantes. Y reparten viandas para llevar a domicilio por tandas, con el fin de evitar la aglomeración de gente. Pero la mercadería no alcanza. El Municipio aún no cargó la tarjeta alimentaria (no confundir con la Tarjeta Alimentar), algo que siempre se hace en torno al 20 de cada mes”, puntualizó Bernales. Ayer se anunció un acuerdo entre el oficialismo y la oposición platenses para entregar 25 mil bolsones de comida en barrios de la Ciudad (ver página 7).

Claudia Jacu es la encargada de tres comedores. Uno de ellos, el llamado “Los chicos del puente”, que funciona en el barrio Puente de Fierro, en Altos de San Lorenzo. Confirma la difícil situación. “Yo recibo 25 mil pesos por mes para los tres lugares. Ya era poco. Sin embargo, ante esta situación, en vez de adelantar el pago, lo retrasaron. Aún no lo hicieron y ya nos estamos quedando sin cosas básicas, como levadura y azúcar, por ejemplo”.

Claudia pertenece a otra organización social, denominada María Claudia Falcone, que tiene 18 comedores en distintas barriadas platenses. Y cuenta que “antes, cuando se almorzaba o merendaba en el lugar, en Puente de Fierro teníamos entre 80 y 120 chicos y chicas. Ahora la demanda se disparó. Viene un nene o una nena y pide cinco viandas, cuando sabemos que son tres hermanitos. Es que lleva para el hermano mayor y los padres. ¿Y cómo les decís que no? Imposible. Sabés que no tienen alimentos suficientes en la casa y que no hay trabajo. Desde que empezó la cuarentena tuvimos que duplicar la cantidad de pan que hacemos por día, de 5 a 10 kilos”, especificó.

¿Y la Tarjeta Alimentar? “Está muy bien. Pero en el barrio no la aceptan. Entonces la gente tiene que ir hasta supermercados del centro, tomando micros y desplazándose por las calles, lo que está prohibido”.

“Es muy difícil que la gente tome conciencia sobre la necesidad de la cuarentena”, afirma Claudia. “Hay familias que viven en un dos por dos. ¿Cómo hacen con los chicos?”, se pregunta Rodrigo, para resaltar que “alcohol en gel no se consigue, está carísimo y nadie nos facilita las cosas para obtenerlo. ¿Compramos mercadería para los comedores o alcohol? Todo es muy pero muy complejo aquí”, reitera, para asegurar que está totalmente de acuerdo con la cuarentena porque hay que preservar la salud. “Pero para cumplirla en los barrios de la periferia se requiere mucha presencia del Estado municipal. Sin embargo, nadie desagota las zanjas, no se cortan los pastizales, no se fumiga. Y nosotros no nos olvidamos del dengue”, realza.

Claudia aborda otro tema clave: la tarea para la escuela. “Para quienes están en primaria es más sencillo, porque con un celular disponible se puede acceder por whatsapp. Pero a los de secundaria les mandan material que tienen que imprimir. Yo tengo impresora. Pero es mucha cantidad y me quedé sin tinta. Entonces, lo lógico sería ir al kiosco de la esquina de la escuela, que tiene fotocopias. Pero está cerrado”, finaliza.

“Los carreros y cartoneros no trabajan ni para un plato de comida. Así, van a los comedores y estos colapsan” Rodrigo Bernales,

“Sin changas, la demanda sobre el comedor se disparó y ya nos faltan alimentos básicos”

Claudia Jacu, Del comedor de Puente de Fierro

 

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