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El acusado de matar al padre y balear a la madre en La Loma, preso hasta el juicio

El juez dictó la preventiva a pedido del fiscal Martín Almirón, que subroga al original de la causa. A “Nacho” Bertolotti lo complican los peritajes y lo que dijo la víctima antes de morir: “Fue mi hijo”

El acusado de matar al padre y balear a la madre en La Loma, preso hasta el juicio

guillermo bertolotti y su esposa, nancy santoro/archivo

28 de Marzo de 2020 | 03:22
Edición impresa

Ignacio Bertolotti, el joven de 28 años que está detenido desde hace 28 días acusado de matar a su padre y balear a su madre en una casa de La Loma, seguirá en esa situación - por lo menos-, hasta el juicio oral. Es que el juez de Garantías Guillermo Atencio le dictó ayer la prisión preventiva a instancias del fiscal Martín Almirón, quien subroga al titular de la UFI 5, Juan Mennucci, actualmente con licencia.

Los cargos que enfrenta Bertolotti, conocido por todos como “Nacho”, prevén la pena máxima en caso de que lo condenen. Le imputan el “homicidio agravado” de su padre, el arquitecto Guillermo Bertolotti (60), y la tentativa de homicidio agravado de su madre Nancy Santoro (62), quien sobrevivió al impacto de varios proyectiles y declaró que no recuerda lo que pasó aquella tremenda noche de domingo en su casa de 29 entre 41 y 42.

Las evidencias que complican a Bertolotti son tan contundentes como graves los cargos por los que será juzgado.

La prueba de dermotest confirmó que en ambas manos tenía restos de minerales que se desprenden de la explosión en un arma de fuego, rastros que para los investigadores confirman que fue él quien empuñó la pistola Taurus 9 milímetros cuyo cargador fue vaciado a corta distancia, entre el patio y el living de la casa.

En el primer barrido en busca de pruebas los policías encontraron ese arma dentro de un ropero de la finca de los padres, con el cargador puesto y sin balas, mientras que al revisar el Volkswagen Fox de Nacho, que había quedado estacionado en la puerta de la vivienda, hallaron una caja de cartón que corresponde con el embalaje de fábrica de una pistola de esa marca y modelo.

En la primera actuación policial se detalló que alrededor de los cuerpos había 13 vainas servidas y 6 plomos. El cargador de la Taurus lleva 12 balas y normalmente se agrega una en la recámara.

La conclusión de que el arma es suya resulta clave, ya que los peritajes balísticos confirmaron que los proyectiles que mataron al padre e hirieron a la madre de Bertolotti salieron de la Taurus 9 milímetros que la policía halló en la escena.

Pero fue otro indicio el que comprometió al joven desde el arranque. Si lo detuvieron la misma madrugada del crimen, mucho antes de que se conocieran los resultados de las pruebas, fue porque lo incriminó la propia víctima. Agonizando en el piso del living, el arquitecto Bertolotti llegó a decirle a una policía que se acercó a socorrerlo: “Fue mi hijo”.

El hombre recibió 8 tiros en la espalda y el tórax. A su esposa, que quedó boca arriba encima suyo, la alcanzaron 5 impactos en las piernas, los brazos y el abdomen.

A diferencia de su marido, Santoro dijo en esos instantes que no vio quién los había atacado. Solo hizo mención al ardor en su cuerpo y recordó que cuando llegó su hijo lo invitaron a tomar helado, pero no aceptó porque tenía previsto ir a tomar cerveza con unos amigos. Después, dijo, se metió en el baño.

La mujer estuvo varios días internada en el Hospital San Martín a raíz de las heridas en las piernas, brazos y el abdomen que recibió en el tiroteo.

Recién dos semanas después pudo dar su testimonio oficial ante la fiscalía 5, donde confirmó, básicamente, lo que ya había dicho. Insistió en que no era capaz de identificar al homicida, aunque admitió que no vio a nadie más, salvo al hijo y al marido. Del hijo aclaró que no estaba al lado de ella “cuando pasó eso”, indicó una fuente judicial sobre el relato que realizó la mujer, quien aparece como víctima en la causa.

Nacho no vivía con sus padres sino en Villa del Plata, en Punta Lara, pero aquella noche pasó a visitarlos. Tras la balacera fue él quien pidió auxilio a los vecinos y hasta paró a la patrulla policial que se acercó tras el alerta que hizo una vecina que trabaja en el centro de monitoreo municipal (COM).

En un primer momento el joven relató extraoficialmente que estaba en el baño cuando extraños ingresaron en la casa y atacaron a tiros a los padres. Y que al salir los vio tirados, se lo contó a un vecino que se había subido a la medianera tras escuchar los tiros y corrió hacia la calle. Ahí, paró a la patrulla policial que llegaba.

En ningún momento, según otro estudio, tocó a sus padres malheridos. “No tenía ninguna mancha de sangre en la ropa o las manos”, destacaron los investigadores.

La explicación del joven sobre el ataque, empezó a caerse en minutos y esa misma noche lo llevaron a la comisaría Cuarta, donde permaneció hasta su traslado a la alcaidía Roberto Pettinato, en Olmos. Su defensa pidió para él peritajes psiquiátricos y psicológicos que se harán después de la cuarentena. Quizás ayuden a identificar un móvil, motivo o desencadenante.

El crimen ocurrió el 1 de marzo en la casa de Bertolotti y Santoro, en 29 entre 41 y 42, La Loma

 

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