Santiago Torguet

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Joven -tenía 43 años-, y con muchos proyectos todavía por cumplir, falleció Santiago Torguet, pérdida que conmovió profundamente a su entorno más íntimo, sus entrañables amigos y los colegas que transitaron con él los mismos ámbitos del Derecho.

Santiago José María Torguet provenía de una familia con raíces en la ciudad bonaerense de Junín, pero creció, se formó y estableció sus afectos más significativos en esta ciudad. Nacido el 11 de enero de 1977 fue el menor de los tres hijos del matrimonio de Oscar Torguet y María Agustina Culaciati. Tuvo dos hermanos: Agustina y Mariano.

Recibió la educación primaria en el Normal 2, obtuvo el título de bachiller en el Colegio Nacional, y siguió abogacía en la Universidad Nacional de La Plata.

Los primeros pasos laborales los dio en una productora de seguros, mientras estudiaba en la facultad, y permaneció en ese empleo hasta un poco después de graduarse.

Su espíritu emprendedor e independiente lo llevó enseguida hacia el ejercicio libre de la profesión y, especializado en Derecho Civil y Laboral, montó por su cuenta un estudio jurídico y desarrolló desde allí una destacada carrera.

En la niñez y juventud jugó al fútbol para Estudiantes de La Plata; aunque dejó la práctica en sus años de adulto mantuvo inalterable la satisfacción que le provocaba ese deporte, ya como espectador; lo mismo retuvo el fanatismo por el club platense, tanto que siguió al equipo incluso en las instancias competitivas fuera del país.

Sociable, cálido y con una gran capacidad para hacerse de amigos, entre los rasgos de su personalidad sobresalieron su buen carácter, una lealtad incondicional y una inteligencia llamativa, pues se distinguió por un admirable poder de observación y de análisis de la realidad. “Veía –se dijo de él- lo que nadie veía”.

Compartió su vida, durante diez años, y en una casa de City Bell, con la diseñadora de indumentaria Victoria Cortés, una gran compañera en las situaciones amables pero también en las circunstancias difíciles. A gusto siempre entre los suyos, adoptó a la familia de su mujer como propia.

Fue un viajero incansable que disfrutaba de cada lugar que conocía y del plan, también, que trataba de llevar a cabo todos los veranos, de pasar las vacaciones en las playas brasileñas.

No tuvo hijos, pero depositó en sus sobrinos todo el amor que hubiera brindado como padre.

 

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