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Policiales |El crimen de Fernando Báez Sosa
Un misterioso hilo enredado que impide soltar la verdad

Los acusados tuvieron diferentes roles, algunos estuvieron lejos del momento final pero un acuerdo los mantiene unidos en la misma acusación

Un misterioso hilo enredado que impide soltar la verdad

Frente al boliche Le Brique, recuerdan a Fernando Báez Sosa / Web

Hipólito Sanzone

Por: Hipólito Sanzone
hsanzone@eldia.com

17 de Enero de 2021 | 03:16
Edición impresa

La patada final, la mortal, le pertenece a uno. En el reparto de piñas, insultos, instigaciones y otras deleznables conductas que tuvieron esa noche para con Fernando, están salpicados los otros siete. ¿Alcanzará para que todos paguen lo mismo por el crimen?

Es la gran pregunta que a un año de un asesinato que conmovió al país flota en los ámbitos judiciales ligados al caso. Desentrañar esa incógnita supone la ruptura de un pacto de silencio que muy pocos comprenden, que responde a diversas hipótesis y transita por oscuros pasillos de versiones y rumores.

Entre los que están presos hay algunos que ni llegaron a tocar a la víctima. Y con su silencio desde hace un año convalidan una condición que los pone en la misma bolsa. Es raro.

DOS BANDOS

De acuerdo con la abundante prueba fílmica y documental que se ha reunido desde aquella madrugada, las culpabilidades podrían separarse en dos bandos bien definidos.

Por un lado, los cinco que salieron a cazar a Fernando, que lo acorralaron y le pegaron hasta matarlo y por otro, los tres que ayudaron a que nadie se metiera a defenderlo. A su vez, dentro del primer grupo hay uno que en la marca de su zapatilla tiene todos los números de la rifa mortal, la del golpe final, el que mató.

Los otros dos que están libres a poco de iniciado el proceso pudieron demostrar o en todo caso no pudo demostrarse, que hayan estado cerca de la víctima durante esa carnicería.

Así es el mapa de los diez imputados a un año del crimen. La acusación es homicidio doblemente agravado por concurso premeditado de dos o más personas y por alevosía y la estrategia de la defensa, unificada hasta ahora en su solo abogado, ha sido tan silenciosa como la actitud de su defendidos.

Los que irán a juicio son Máximo Thomsen (20), Ciro Pertossi (20), Luciano Pertossi (19), Lucas Pertossi (21), Enzo Comelli (20), Matías Benicelli (21), Blas Cinalli (19) y Ayrton Viollaz (21), quienes cumplen prisión preventiva en la Alcaidía 3 del penal de Melchor Romero, en La Plata, imputados como coautores del delito de “homicidio doblemente agravado por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas”.

Por su parte, la fiscal pidió el sobreseimiento de Alejo Milanesi (19) y Juan Pedro Guarino (19), quienes se encuentran en libertad, imputados como partícipes necesarios.

EL último VERANO

El 16 de enero de 2020 Fernando Báez Sosa (18) llegaba a Villa Gesell con sus amigos del secundario y se alojó en el hostel Hola Ola, en Paseo 105 y Avenida 5, donde había acordado quedarse hasta el jueves 23 de enero. Después de la primera jornada de vacaciones y tras la cena en el hostel y una previa, Fernando y seis de sus amigos emprendieron rumbo al boliche Le Brique, cercano, a pocas cuadras.

Ya entrada la madrugada del 18 de enero, un “tarjetero” les facilitaría el ingreso dándoles pases “2x3” y los obsequió con accesos al sector VIP. De los siete que eran, pagaron cuatro, 700 pesos cada uno a partir de las promociones “pagan 2, entran 3”. Julieta Rossi, la novia de Fernando, ingresa por su parte con un grupo de amigas.

Poco a poco el boliche se fue llenando hasta quedar imposible. Se hacía difícil caminar. Cualquier trayecto era a puro empujón. Fernando salió del VIP para ver de cerca el recital de Neo Pistea. Sobre el final del show, el nombrado Pistea interpretó un tema que tuvo como correlato un “pogo”, que es cuando al baile se suman empujones exprofeso. En el pogo, Fernando “chocó” con quien se cree que pudo haber sido Máximo Thomsen. Le pidió disculpas levantando el pulgar hacia arriba pero el supuesto Thomsen se quedó mirándolo fijo, desafiante. Un amigo de Báez vio la escena e intervino llevándoselo al VIP. Fernando reiteró su gesto de “no pasa nada”. Pero Thomsen seguía ahí, parado en la pista, con los ojos encendidos hacia el pibe que le había pedido disculpas.

EL BOLICHE DE LOS EMPUJONES

Cerca de las 4 de la madrugada un amigo de Fernando trató de desplazarse desde la barra a la pista y entre los empujones recibió una trompada por detrás. Otro miembro del grupo intentó calmar los ánimos. Los agresores eran dos, uno de ellos el del primer incidente durante el pogo. El amigo de Fernando ensayó una disculpa y aconsejó “si nos peleamos acá nos van a echar”. El grandote del pogo dictó sentencia: “el problema no es con vos, es con tu amigo y lo voy a esperar”. En su declaración, el testigo dijo no poder aclarar si ese “amigo” al que se refería el grandote, que se supone era Thomsen, era Fernando Báez. Minutos después, en medio del caos que era el boliche volaron algunas trompadas. Recién ahí abrieron los ojos los patovicas que se hacen llamar “seguridad”.

Se había permitido la entrada a muchísimas más personas de las que admitía la capacidad del lugar. El empujón, el topetazo, era la única manera para esos jóvenes expuestos a una brutal forma de ganar dinero con sus ganas de divertirse.

La “seguridad” del boliche identificó a 10 de los que empujaban y pegaban y los expulsó y al ver a otro con la camisa rota, también lo sacaron: era Fernando. A los supuestos encargados de la seguridad del boliche ni se les pasó por la cabeza que estaban echando a la calle a uno contra 10. Para ellos, su trabajo estaba hecho y punto.

ECHADO A LAS FIERAS

El pibe echado a las fieras que lo esperaban en la calle cruzó a un kiosco y se compró un helado, le contó a sus amigos que había intentado parar la pelea pero que le habían pegado a él también. Los “seguridad” del boliche ni siquiera se asomaron a la vereda a ver que todo estuviese en orden o que, aunque más no fuese, tuvieran que tomarse el trabajo de llamar a la policía si la pelea de adentro continuaba en la calle. Para ellos, otra vez, “su trabajo” había terminado.

Las cámaras de seguridad del boliche captaron la expulsión de los diez revoltosos y se vio a Máximo Thomsen, de bermudas y camisa de manga corta oscura como el más alterado. Se necesitaron dos “patovas” para controlarlo. Tampoco hay constancia de que ahí hubiesen llamado a la policía. Lo que esos violentos pudieran hacer fuera del boliche, evidentemente no era “asunto de ellos”.

Los expulsados del boliche que quedaron merodeando la zona a la espera de que los únicos dos policías presentes se alejaran del lugar para ir por Fernando y sus amigos que charlaban frente al boliche. Enseguida fueron al ataque. Ciro Pertossi grabó todo con su teléfono celular. Les fueron desde atrás y al primer golpe por sorpresa Fernando fue derribado. El video muestra una escena clave: Fernando Báez Sosa, boca abajo, intentando defenderse de los golpes. El video se corta cuando quien lo estaba haciendo, Lucas Pertossi, se suma a los agresores. “Dale, cagón, levantate”, le gritan a Fernando. El del grito es Máximo Thomsen al que un testigo ve pegarle a Báez Sosa dos patadas en la cabeza. El resto de los agresores se ocupa de que los amigos de Fernando no lo ayuden. Matías Benicelli es identificado por un testigo como el que le grita al ya inconsciente Fernando: “¡A ver si volvés a pegar, negro de mierda!”.

EL TROFEO

Otra testigo, una chica de La Plata declara que oyó uno de los agresores pedir “matalo, golpealo” y que después de haber visto fotos y videos concluye en que Máximo Thomsen es el que anuncia “Quedate tranquilo que me lo voy a llevar de trofeo”.

Una de las cámaras de seguridad de la municipalidad de Villa Gesell captó el momento en que a 25 metros de donde habían matado a Fernando, sus agresores se reúnen y se abrazan. Luego se dividen para eludir a la policía que sale a buscarlos en un patrullero con tres policías. Los encuentran a poco metros. Le dicen a la policía que ellos no tienen nada que ver. No sacan las manos de los bolsillos para que no se les vean marcas de golpes. Ciro Pertossi se chupa los dedos para ocultar la sangre. Un grupo se va a la casa que alquilaban en Alameda 203 y otros siguen merodeando a ver qué pasa.

Las marcas de zapatilla en su cara se corresponderían con las que calzaba Máximo Thomsen

Ahí es donde Lucas Pertossi vuelve a la escena del crimen y graba lo que estaba pasando. Manda un audio a sus amigos: “Estoy acá cerca de donde está el pibe y están todos ahí a los gritos, está la policía, llamaron a la ambulancia... caducó”.

Ya es cerca de las 5 de la madrugada. Los agresores se reúnen en la casa alquilada, se toman selfies sonrientes y cuatro de ellos se van a comer a un Mc Donald´s. Aparecen en el lugar los demás, con otra ropa y se siguen tomando selfies. A esa altura son varios los mensajes de WhatsApp entre los miembros del grupo. “De esto, nada a nadie”, advierte uno.

A eso de las seis y media de la mañana se van a dormir y las 10:38 les cae la policía. Benicelli abre la puerta, es el del rodete mencionado por los testigos, el que pide “matalo, matalo”.

Según la autopsia, Fernando tuvo un paro cardíaco, producto de un shock neurogénico generado por un traumatismo muy grave de cráneo. Las marcas de zapatilla en su cara se corresponderían con las que calzaba Máximo Thomsen.

LA HORA DE LA VERDAD

A un año de aquel horror todo está listo para que aparezcan las cartas sobre la mesa. Ya hay pedido de elevación a juicio pero resta definirse qué tipo de proceso es el que se desarrollará.

Los acusados deben tomar una decisión de las que depende su futuro: o piden un juicio convencional, con un tribunal y tres jueces o se someten a un juicio por jurados. Ya su defensor avisó que ni piensa en someter a sus clientes al juicio de hombres y mujeres comunes, ciudadanos y ciudadanas que, sostiene, puedan star influenciados por todo lo que se ha dicho y escrito por el tema. Y por las imágenes de sus defendidos agrediendo a la víctima.

Es por eso que Tomei optará finalmente por un juicio tradicional ante un tribunal oral y tiene plazo hasta el 1 de febrero, cuando termine la feria judicial.

Según indicaron fuentes de la causa, la defensa entiende que “la divulgación reiterada de los elementos de la instrucción, así como las manifestaciones dirigidas hacia los imputados por partes de los abogados de la familia Báez Sosa, Fernando Burlando y Fabián Améndola, impediría que los eventuales integrantes de un jurado lleguen a esa instancia sin prejuicios o preconceptos sobre los hechos”.

En ese sentido, Tomei planteará que el Poder Judicial es responsable de “condicionar” la renuncia al juicio por jurados, por no poner límites a las manifestaciones de la acusación, y permitir “la proliferación de opiniones” que “fundaron la condena social”.

Ante este escenario considera que “solo una idea irracional” podría confiar en la imparcialidad del jurado popular.

Con todo, los acusados llegarán al juicio oral envueltos en el mismo misterio del principio: ¿Qué hace que todos hayan decidido pagar en partes iguales por un hecho en el que pareciera haber responsabilidades claramente divididas?

EL PACTO DEL PODER

¿Es el poder económico y las vinculaciones políticas de la familia de uno de ellos y que es la que financia la costosa defensa? Uno de ellos, Ayrton Michael Viollaz vive en un barrio de los considerados “pobres”, en la periferia de Zárate. Es hijo de un obrero de una metalúrgica y al principio del caso, desde su familia dieron señales hacia la teoría del chico bueno arruinado por “las juntas”. Luego de eso, alguien los calló.

¿Es miedo o algo tiene que ver el espíritu de cuerpo con que se formaron en el deporte?

Versiones sobran y certezas también.

Por ejemplo que en 2018 los hermanos Ciro y Luciano Pertossi, y su primo, Lucas, acosaron a una chica de 15 años y dos amigos que paseaban por la costa en Zárate. Los Pertossi también viven en un barrio obrero y con antecedentes de violencia callejera. Después del crimen y el escándalo que siguió, incluyendo la falsa acusación a un pibe al que históricamente le habían estado haciendo bullying, una parte de Zárate de animó a contar que “los chicos” eran una barra brava.

A los de “seguridad” no se les pasó por la cabeza que echaban a la calle a uno que esperaban diez

 

Así, por ejemplo, un video tomado el 21 de enero de 2019, a la salida del boliche Apsara, en Zárate, muestra al acusado Milanesi dándole una paliza brutal a un pibe. Parecido a lo que hicieron con Fernando, el “problema” empezó adentro, lo esperaron afuera y lo “resolvieron”. El video, otra coincidencia, lo grabó su primo Lucas Pertossi. La víctima fue abandonada inconsciente y alguien lo llevó a un hospital donde se repuso. Acaso con Fernando creyeron que pasaría lo mismo.

GUAPOS DE TWITTER

Más tarde Pertossi publicaría en su cuenta de Twitter: “Tres noches seguidas a las piñas, si no hay piñas no pudo haber sido alta nocheeee jajajaja”.

“Cuando vimos lo que pasó en Gesell, nos volvió el terror al cuerpo. Pensamos que así podría haber terminado él, o peor, porque son chicos que en Zárate todo el mundo conocía su violencia y gozaban de impunidad”, comentó a los medios de comunicación uno de los familiares del joven agredido que prefirió mantener el anonimato por miedo a represalias.

“En Zárate nos conocemos todos y ya pasamos por el sufrimiento de los Pertossi. Tienen una fama de pesados, incluso de cometer hechos delictivos, de apretar gente, de robar motos. No sabemos si lo hacen, pero acá es vox populi eso”, dijo el familiar de la víctima, antes de contar que el padre del agresor los llamó por teléfono. “Primero nos dijo que su hijo no había sido y después nos invitó a su casa. Nos dijo de ‘arreglar’”.

El líder, el de mayores recursos económicos parece ser Thomsen, que es también el dueño de la zapatilla que quedó marcada en la cara de Fernando. El de la patada final. Alrededor de él acaso se muevan los hilos que la Justicia tratará de desenredar o dejar que sigan unidos.

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