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Revista Domingo |VIOLENCIAS DIGITALES
Tendencias: las agresiones anónimas que se multiplican en la vida “on line”

Los ataques “desde el otro lado del teléfono” son cada vez más cruentos y, si bien todos están expuestos, los sufren más las mujeres y los menores. El caso de Mery del Cerro y las recomendaciones de los especialistas

Tendencias: las agresiones anónimas que se multiplican en la vida “on line”
26 de Diciembre de 2021 | 08:47
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En el espacio digital, la violencia encontró un lugar para reproducirse de manera acelerada, inmediata y masiva, donde se replican los comentarios agresivos, se multiplican los mensajes abusivos, y se difunden sin consentimiento fotos, audios o videos íntimos. Porque en el ciberespacio, ese entorno que se suele definir como un mundo no físico, sin límites, del que cualquier persona puede participar, la violencia puede adoptar hasta modalidades difíciles de reconocer sin herramientas específicas.

El fenómeno suele afectar a todos por igual, a grandes y a chicos, a famosos con miles de seguidores o a anónimos que solo hacen un comentario. Y los ataques, mayoritariamente no identificados, pueden alcanzar una capacidad de daño demoledora, siendo los más afectados las mujeres y los menores.

La actriz y modelo Mery del Cerro, quien participa por estos días de un reality de cocina, lo sufrió recientemente en carne propia. Presentó un plato y se puso a llorar frente a las cámaras. Y en minutos, comenzó a recibir por las redes ataques de todo tipo, lo que la llevó a publicar un extenso descargo en su cuenta de Instagram, donde acumula 2,4 millones de seguidores, para soltar toda su angustia.

Mery del Cerro fue atacada en las redes por “llorona”. Al principio a ella no le cayó bien, pero después se lo tomó con humor, para no darle lugar a las agresiones

“Pensaba en lo poco acostumbrada que están la personas que consumen medios de comunicación en ver a ‘famosos’ llorando, por lo que sea, impotencia, angustia, emoción o felicidad – dijo allí - les parece raro o poco común, entonces lo primero que sale es la crítica y juzgar al otro, y es fácil hacerlo atrás de un teléfono. ¿Todos nacimos cocinando?. ¿Todos somos tan fuertes y nadie llora nunca? Yo soy esto que ven, a flor de piel, se me notan las cosas que me pasan, fui siempre así. Al principio hacía fuerza para controlar y reprimir el llanto, el enojo, el miedo, la vergüenza, trataba de ser dura, sufría mucho los comentarios en redes y las opiniones, como si muchos supieran cocinar a la perfección o si nunca les diera miedo algo y pudieran llorar. Después, entendí que yo era así, le guste a quien le guste. Con cosas buenas y malas, pero para ser sincera, a mí la crítica me destruye, no me hace bien. Por más que hoy entienda mejor y me enfoque en mí, es inevitable que no te haga mal y te duela”.

También recientemente, Joaquín Nahuel, un nene de diez años que sueña con ser pastelero y se hizo conocido en las redes sociales mostrando sus tortas y postres, comenzó a ser víctima de insultos, críticas y comentarios despectivos tanto de sus productos como de su apariencia, siendo blanco de haters, trolls o simplemente usuarios que consideran apropiado burlarse y maltratar a un niño. Tanto, que la madre del chico tuvo que anunciar que iba a cerrar la cuenta de Twitter del pequeño, donde tenía más de 230 mil seguidores.

“Después, entendí que yo era así, le guste a quien le guste. Con cosas buenas y malas, pero para ser sincera, a mí la crítica me destruye, no me hace bien”

Mery del Cerro,
actriz y modelo

LAS VIOLENCIAS DE GÉNERO

Marina Benítez Demtschenko, abogada especialista en Derecho Informático y presidenta de la Fundación Activismo Feminista Digital, una organización especializada en la investigación y el diseño de estrategias para promover el reconocimiento de los derechos digitales con perspectiva de género, destaca que “el tratamiento que normalmente se le da a las violencias digitales, especialmente las de corte machistas, es solamente cuando estamos conectadas y esto es un error, porque también puede haber violencia digital al inhibirnos la conexión, la posibilidad de utilizar todos los recursos que nos trae la era digital, y esto se manifiesta particularmente en la primera brecha digital de género, que es la de acceso”.

Según un informe que elaboró el INDEC a partir de la Encuesta Permanente de Hogares en el último cuatrimestre de 2019, la diferencia en el uso de las TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación) relevada entre varones y mujeres parece ser estrecha, con un porcentaje levemente mayor para los varones en todas las tecnologías. “Los varones se encuentran por encima de las mujeres por 1,4 puntos porcentuales en el uso de internet y 0,6 en el empleo de computadora. En cuanto al uso de celular, los varones están por encima de las mujeres sólo por 0,2 puntos porcentuales”, señala el documento.

Sin embargo, organizaciones de ciberfeminismo advierten que en la brecha digital de género se combinan distintas brechas que la acrecientan, cómo las idiomáticas, económicas, de acceso a la educación digital y generacionales. “Cuando pensamos en los canales, contenidos y las formas que puede adquirir esta problemática, no nos circunscribamos solamente a lo que pasa en las redes sociales -propone Demtschenko - pensemos en cómo estamos colocadas las mujeres frente a los recursos que se nos extienden”.

En el mismo sentido, la especialista destaca que “relacionar de manera exclusiva la violencia digital con los ataques en las redes sociales nos puede llevar a asociar que los agresores son varones anónimos, pero más del 50% de esos ataques son realizados por varones conocidos, porque están en el marco de la violencia doméstica, son ex parejas”.

Mientras tanto, a la par que las violencias se exacerban, también crece el activismo por visibilizarlas. En los últimos años, se han hecho grandes esfuerzos por regular la violencia machista digital, no solo porque es desproporcionadamente agresiva para las mujeres, sino porque su incidencia es cada vez mayor.

Joaquín Nahuel, un nene de diez años que sueña con ser pastelero y se hizo conocido en las redes sociales mostrando sus tortas y postres, comenzó a ser víctima de insultos, críticas y comentarios despectivos tanto de sus productos como de su apariencia

Según un informe elaborado por Amnistía Internacional, “una de cada tres mujeres sufrió violencia a través de redes sociales en Argentina. Un 59% de las usuarias de plataformas digitales consultadas aseguró haber sido objeto de mensajes sexuales y misóginos; un 34% dijo haber recibido mensajes con lenguaje o comentarios abusivos en general; y un 26% declaró haber recibido amenazas directas y/o indirectas de violencia psicológica o sexual”.

“El acoso virtual, la difusión no consentida de material íntimo, el acceso indebido a nuestras redes sociales, los ataques difusos, ataques trolls que son masivos y no podemos reconocer ni el origen ni el final, estas manifestaciones en catarata, son muy relevantes”, explican desde la Fundación Activismo Feminista Digital, cuyas integrantes señalan que “desde la organización se impulsó en tres ocasiones distintas iniciativas para modificar la legislación vigente y conseguir que estas conductas dañosas sean tipificadas como delito”.

Fue así que en 2017 propusieron un proyecto de ley para incorporar una serie de agresiones machistas digitales al Código Penal argentino, y un año después, en 2018, impulsaron una nueva propuesta para modificar la Ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres, que obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados de la Nación, pero que finalmente perdió estado parlamentario, mientras que este año retomaron, actualizaron y consiguieron volver a ingresar el proyecto de ley.

“Incorporamos que esta problemática sea prevista en las currículas escolares vía ESI; la capacitación obligatoria de agentes públicos para que entiendan sobre la problemática; y la gratuidad de todos los procesos administrativos judiciales que impliquen violencia digital o violencia telemática debido a lo costosas que son las pericias informáticas y, a veces, impeditivas para que las damnificadas obtengan respuestas de las autoridades públicas”, detallan desde la entidad.

Según explican, “gran parte de las violencias machistas digitales no tienen actualmente recepción porque no existen en el derecho argentino vigente. Por ejemplo, el doxing, o publicación de datos privados e identificantes de una usuaria, no está contemplada en la legislación. Por eso, esperamos la incorporación del proyecto de ley a la agenda parlamentaria, algo que vemos difícil de cumplirse por ahora y lo lamentamos, porque la respuesta que necesitamos es hoy, no podemos continuar sin leyes que contemplen todo lo que vivenciamos en la era digital, que para nosotras lamentablemente termina también siendo muy hostil”.

REDES VIOLENTAS

“Uno de los grandes riesgos de nuestra interacción en las redes es todo lo que tiene que ver con violencia – señala por su parte Sebastián Bortnik, experto en tecnología y seguridad informática - puede ser ciberbullying, haters o trolls, pero lo importante es salir de lo semántico y darse cuenta que las redes, a veces, pueden ser muy, pero muy violentas”.

En este sentido, el también autor del libro “Crianza Digital”, advirtió que “todos podemos ser víctimas de la violencia en las redes, pero en el caso de los chicos se redobla la gravedad en términos de la madurez para poder procesar esas situaciones, porque están creciendo, están aprendiendo y de golpe se encuentran con niveles de violencia que son una locura”.

Es fundamental trabajar en la identidad y en la autoestima. Lo que sucede en internet causa y genera un impacto real en la vida

 

Ante la realidad de que niños y adultos están expuestos diariamente a la violencia que se imparte desde el otro lado de un dispositivo digital, el especialista señaló que “hay tres ejes centrales que se deben tener en cuenta, aunque nada prepara a los chicos para que estén bien si los atacan, pero sirve para ayudarlos. El primero tiene que ver con el manejo de redes sociales por parte de los más chicos, ya que cada vez les damos acceso a sus propios celulares de manera más temprana y hay que reflexionar que este ingreso los expone a un espacio donde pueden aparecer una serie de riesgos”.

Bortnik también remarca que “esto no significa no dárselo, pero hay que evaluar cuál es la edad en que el niño puede ir accediendo. Por otro lado, tenemos que adelantarnos, porque la violencia en las redes tiene que estar hablada en casa. No es lo mismo encontrarse con ataques y mensajes de este tipo cuando ya te avisaron que estas cosas pasan, a encontrártelos de golpe. Son muy difíciles de procesar, por lo que hay que advertirles que cuando publicamos algo puede pasar que gente nos conteste con violencia y que no va a ser ameno y que no es culpa nuestra”.

El tercer eje que el especialista consideró fundamental es “trabajar en la identidad y en la autoestima con los chicos especialmente. Porque dentro de las redes los chicos creen que si tienen más likes o más comentarios son mejores, se construye una identidad que va desde afuera hacia adentro, ´yo soy bueno porque tengo likes, porque los demás dicen que lo son´. Pero esta construcción de la identidad y la autoestima los pone en un lugar más vulnerable todavía, porque si vos sos lo que los demás dicen que sos, también lo sos cuando te agreden y sos lo que esos agresores dicen que sos, por eso es tan importante trabajar en la idea de que las redes son espacios para comunicar, pero no pueden definir nuestra identidad”.

“También puede haber violencia digital al inhibirnos la conexión, la posibilidad de utilizar todos los recursos que nos trae la era digital, y esto se manifiesta particularmente en la primera brecha digital de género, que es la de acceso”.

Marina Benítez Demtschenko,
abogada especialista en Derecho Informático y
presidenta de la Fundación Activismo Feminista Digital

Por su parte, Hernán Navarro, presidente de Grooming Argentina, considera que “las redes sociales son un espejo de la sociedad, que es muy violenta, y en consecuencia no se pueden evitar. Los hechos de violencia van a seguir sucediendo, y por eso son indispensables las herramientas para enfrentarlas, y la base de esas herramientas es la educación”.

“El adulto no puede trasmitir lo que no conoce – concluyó Navarro – por lo que hay un puente roto que debemos reconstruir desde la educación. Ese acoso que antes se pensaba solo en el marco de la comunidad educativa, hoy hay que pensarlo en el marco de las identidades digitales, ya que lo que sucede en internet causa y genera un impacto real en la vida de las personas. Y en el caso de niños, niñas y adolescentes, es más grave aún por el desequilibrio emocional que conlleva”.

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