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Éxodo: la naturaleza como refugio

Muchos jóvenes eligen alejarse del cemento y el ruido de la ciudad para formar su hogar rodeados de árboles y animales, sin apuros, y comprometidos con el medio ambiente

Éxodo: la naturaleza como refugio

La casa de Joaquín en Cañuelas es una vieja escuela. La adaptó y le puso su impronta. La ama

Cecilia Famá

Por: Cecilia Famá
vivirbien@eldia.com

4 de Abril de 2021 | 08:09
Edición impresa

Con apenas 27 años, Henry David Thoreau se retiró de la sociedad. El escritor y poeta construyó una diminuta cabaña de madera a orillas del lago Walden, al noroeste de Estados Unidos, donde se refugió por dos años con el objetivo de “vivir deliberadamente solo, para hacer frente a los hechos esenciales de la vida”. De esa experiencia nació “Walden” o “Vida en los bosques”, un texto que dos siglos después sigue siendo indispensable para los amantes de la naturaleza.

Entrado el siglo XXI, con el vértigo y la ansiedad -hoy exacerbados por la pandemia- como signo de los tiempos, son cada vez más quienes eligen vivir lejos o a prudente distancia del mundanal ruido. Con prácticas amigables con el medioambiente, en búsqueda de una mayor paz, forman su hogar en ecosistemas verdes, rodeados por animales y con la mira en una vida serena, lejos de la híperconectividad y el apuro que hoy son moneda corriente.

Nadia Cirnigliaro (consultora de RH) y Santiago Nogueria (diseñador gráfico) se conocieron hace 9 años, cuando ambos tenían 25. Ella es porteña, él citibelense. En ese entonces, cuando empezaron a ser pareja, ambos trabajaban en oficinas de la capital federal. Pero cuando hablaban sobre vivir juntos, las conversaciones excluían la metrópoli como destino para el futuro en familia.

“Cada vez que estaba en mi monoambiente, Santiago como que se asfixiaba. Ambos proyectábamos hijos en algún momento... y ahí fue cuando me animé a hacer una prueba piloto. Alquilamos una casita. Viajábamos de lunes a viernes juntos en auto. Las tostadas y el café con leche se consumían en viaje. Pero el viaje no fue lo que más sufrí, sino la distancia con mis amigas y familia (no estar cerquita para un simple mate)... ¡Ah! ¡Y el frío! Me costó acostumbrarme. Luego las cosas se acomodaron mucho más: empezamos a tener mucha más flexibilidad con el trabajo, y algunos días viajábamos y otros no. A mi gente porteña le empezó a parecer un ‘re plan’ pasar el día fuera de la ciudad. En la actualidad trabajo en casa”, cuenta Nadia, a quien se la puede encontrar en Instagram en @en_el_campito donde muestra fotos y relata gran parte de su día a día.

“A medida que pasa el tiempo, estamos cada vez más seguros de que era el lugar donde íbamos a hacer tierra” admite la profesional: “salimos sorteados en Procrear y construimos en una zona más rural de City Bell -porque era más barato, nada más, porque nunca me imaginé vivir en calle de tierra sin vecinos cerca-... Y bueno, con el tiempo no sólo me acostumbré sino que lo amé. Ahora, pensamos seguido en que nos iríamos más lejos aún, a vivir con más naturaleza en los alrededores. Si bien con hijos es difícil alejarse tanto, seguro en algún momento lo haremos”.

“Hoy lo vivo con el equilibrio perfecto; tengo muy incorporado agarrar el auto y viajar una hora para pasear o salir a almorzar o cenar” repasa Nadia: “Bajé mil cambios en esta especie de pueblo donde vivo. ¡Tenemos un compost enorme! Tiramos nuestra basura orgánica en un tacho, de ahí va a un rincón que armamos en el jardín... Y de ahí vivimos a calabaza todo el año; es impresionante lo que sale. Tenemos huerta. Somos muy cuidadosos con el agua que consumimos y tenemos pileta con el mismo agua todo el año, y un sistema sustentable para calentarla. Además, tenemos algunos detalles constructivos en la casa que hacen que no necesitemos tanta refrigeración ni calefacción”.

“Nunca me imaginé vivir en calle de tierra sin vecinos cerca. Con eltiempo amé eso”

Nadia Cirnigliaro,
Consultora de Recursos Humanos

 

“Hoy lo vivo de una manera muy romántica, qué puedo decir. Fui mamá hace poco... Tengo un varón y una mujer (Galileo, de 3 años y Amalia, de 7 meses). Cuando los veo a través de la ventana en la hamaca, cerrando la tranquera o con una pala juntando piedra y tierra, me emocionan” relata Cirnigliaro y agrega: “a la vez, somos una pareja que nos juntamos mucho con amigos y familia, en esta casa diariamente escuchás un aplauso de algún amigo o familiar que avisa que está entrando. Lo que en un tiempo viví como ‘desarraigo’ hoy lo siento como una especie de suerte. Esa sensación que tengo mientras camino por calle de tierra con casitas bajas se me hizo indispensable”.

En “El campito”, como llamaron Nadia y Santiago a su refugio desde que comenzaron el proyecto, la vida es más slow, hay pausas, hay conexión humana y con la naturaleza y poca con las máquinas. ¿Un sueño hecho realidad? ¡Si! Y un día a dia vivido en forma más consciente, en el entorno en que ellos quisieron hacer crecer a sus hijos.

EN EL MEDIO DEL CAMPO

Joaquín Chiozza Logroño (33) es veterinario, con diez años de profesión, y actualmente reside en la zona de Cañuelas, más exactamente a 10 kilómetros de Gobernador Udaondo, un pueblo de 300 habitantes. Allí vive junto a Cuca, la ternera que tiene por mascota desde hace casi un año, cuando la rescató en medio de una tormenta, y sus perros Tana, Sombra y El Viejo.

“Trabajo en el campo, en el área de producción de una pyme láctea, y además soy docente y asesor en la parte veterinaria” repasa: “siempre tuve relación con el campo por una cuestión familiar; mis abuelos por parte de madre tenían campo, con un poquito de todo, tambo, cerdos, gallinas... Siempre digo que para mí era como ir a un parque de diversiones, y gran parte de mi infancia la pasé ahí, los mejores momentos. En los `90 tuvieron que vender el campo y mi relación directa con lo rural se perdió, pero fui a una secundaria agrotécnica y la retomé. Apunté mi carrera hacia la producción bovina, y durante mi primer trabajo estuve viviendo en el campo, cerca de Tandil”.

Cuando se mudó a su actual hogar, al prinicipio fue por necesidad y cercanía con el trabajo. Fue una opción, pero no una elección, “a pesar de que me gustaba mucho”, asegura Joaquín, que vive en lo que fue una escuelita.

“Es un lugar que cuando lo conocí me gustó mucho y con el tiempo lo fui haciendo propio, le fui poniendo mi impronta y hoy en día, sin dudas, lo elegiría. Disfruto de su tranquilidad, de sus momentos: el amanecer, las tardecitas tomando mate, el cuidado de las plantas, dedicarle tiempo a la huerta... Es linda esa conexión tan cercana con la naturaleza; salir de tu casa y poder compartir este espacio con los árboles, con las plantas, con los pájaros, con los perros y las terneras que son parte del paisaje”, se entusiasma cuando lo describe.

“En mi caso, toda mi vida en cierta manera necesité del contacto con la naturaleza. Tuve experiencias de vivir en ciudades, ya sea La Plata, capital federal, o vivir afuera del país. Y hoy en día, me doy cuenta que este es mi lugar en el mundo. Quizás perdés algún tipo de socialización más directa o tenés que tener las ganas de movilizarte para encontrarte con amigos y la familia, pero también termina siendo un lindo lugar para compartir con ellos y generar un lugar de reunión. Como todo en la vida, tiene su parte buena y mala, dependiendo del lugar desde donde la miremos”, reflexiona.

“En este tiempo de pandemia, donde el Zoom, la videollamada o diferentes aplicaciones para poder comunicarse, acercaron mucho a las personas, en mi caso me permitieron acercarme a diferentes recursos de educación, de tomar charlas, me pude seguir formando o seguir dando clases para la universidad o algún congreso. Eso me permitió conectarme más con el mundo. Viviendo acá también tengo la posibilidad de aislarme de todo y bajar algunas revoluciones cuando lo necesito”, confiesa.

“Viviendo acá tengo la posibilidad de aislarme de todo y bajar algunas revoluciones”

Joaquín Chiozza Logroño,
Veterinario

 

Joaquín está seguro que energéticamente suma muchísimo vivir en el medio del campo, donde duerme sin ruidos extraños, sin una parada de micro debajo de su departamento, ni tráfico alrededor. “Acá sí es posible poder relajarse. Estár lejos la vorágine de la ciudad y de la masa que te va llevando. Tengo esos pequeños recreos del día. En mi caso, que me gusta la fotografía, puedo conectar con las imágenes que me voy encontrando por el camino: un amanecer, un atardecer, un juego de nubes. Por la noche, puedo contemplar la luna y el cielo estrellado. Son cosas que están buenas y son grandes momentos que valoro”, dice. Muchos de esos momentos pueden verse en su Instagram @joaquinchiozzalogrono, al que sube muchas fotografías de su autoría.

El ser amigable con el medio ambiente forma parte del plan. “Intento tener una buena conciencia ambiental e intento llevarla a cabo día a día. Básicamente en el uso de productos sustentables o eco amigables, tanto en la limpieza del hogar, de la ropa. También tengo mi huerta, mi compost, separo los residuos, lleno mis eco botellas y tengo mucha conciencia en el uso de la energía o del aguas. Incluso ahora estoy pensando en instalar un termo solar. Creo que es muy positivo ir teniendo un buen pensamiento o un pensamiento más crítico a la hora de consumir diferentes casos”.

“En algún punto tengo una visión un poco minimalista con lo que tiene que ver con ropa y el consumo de alimentos. Pienso mucho si lo necesito o no. Vivir en el campo te lleva a ser más organizado, llevar un mejor registro de todo eso, programar más. En líneas generales intento ser consciente con el medio ambiente y sustentable en el largo plazo. Y trato de poder, con el ejemplo y con la docencia del día a día, contagiar algunas de estas prácticas”, comenta y pone en práctica, como en el caso de tener a Cuca, la ternera, como mascota. “Es un ser muy especial. Crié varias y ninguna tiene su temperamento. Ella siempre intenta entrar a la casa, tiene esa mañana. O mira por la ventana para ver qué estoy haciendo. Cuando viene alguien, va a darle la bienvenida. Es bastante especial en la tropa que tenemos, por eso vive entre nosotros”.

En palabras de Henry David Thoreau “la simplicidad y desnudez de la vida del hombre primitivo implica que éste era, al menos, un habitante de la naturaleza”. “Fui a los bosques-dice en “Walden”- porque quería vivir deliberadamente, enfrentándome sólo a los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que la vida tenía que enseñar, no fuera que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido”.

 

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