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Policiales |PHISHING
Un delito que se disparó en pandemia: las estafas virtuales suben en fechas de cobro

Los expertos aseguran que entre fines de un mes e inicios del siguiente, los piratas informáticos salen de “caza”. Cómo prevenirse

11 de Junio de 2021 | 02:48
Edición impresa

Para cualquier trabajador, jubilado o pensionado, la proximidad de la fecha de cobro de haberes es motivo de alegría. El sueldo que se deposita en la cuenta correspondiente queda a “resguardo” de la entidad bancaria, y luego se puede acceder al mismo de diversas maneras. Una de las más frecuentes en estos tiempos de virtualidad es el “home banking”, que permite operar desde una computadora, tablet o teléfono y ahorrarse la visita al banco. Sin embargo, esta modalidad no está exenta de riesgos, más bien lo contrario. Las estafas virtuales crecieron a la par del cibertráfico, y van desde la suplantación de identidad (phishing) de una institución o firma, hasta la ofrenda de presuntos premios para el usuario. Y, de acuerdo a lo que refieren los expertos en seguridad informática, las entidades financieras no tienen respuestas claras y suficientes para responder a estos ataques.

Con la extensa cuarentena, las amenazas informáticas se multiplicaron. El aumento de las estafas virtuales instrumentadas a través de mails, redes sociales y mensajes de WhatsApp, provocó el pedido a las autoridades por fiscalías especializadas en la temática. Por ejemplo, la Asociación Argentina de Lucha contra el Cibercrimen indicó que hubo un incremento promedio del 60% en este tipo de delitos durante el aislamiento social, preventivo y obligatorio.

En su Informe Global de Inteligencia de Amenazas 2021, el proveedor global de servicios de tecnología “NTT Ltd.” dejó al descubierto cómo la desestabilización global generada por la pandemia movió a los hackers a dirigir sus teclados a las industrias de finanzas, salud y manufactura que “experimentaron un incremento en los ataques de entre el 53% al 300%”. Asimismo, “estos tres sectores principales representaron un total combinado del 62% de todos los ataques en 2020, un 11% más que en 2019”.

En ese marco de urgencia mundial, el FBI, la Policía Nacional Holandesa (Politie) y la Autoridad de Policía Sueca (Polisen), en cooperación con la DEA y organismos de otros 16 países, llevaron a cabo una de las operaciones policiales más grandes y sofisticadas contra el cibercrimen. Tras analizar 27 millones de mensajes, arrestaron a 800 personas e incautaron 8 toneladas de cocaína, 22 toneladas de cannabis y resina de cannabis, 2 toneladas de drogas sintéticas, 6 toneladas de precursores de drogas sintéticas, 250 armas de fuego, 55 vehículos de lujo y más de 48 millones de dólares en varias monedas y criptomonedas en todo el mundo.

Con todo, el mega procedimiento descrito se engloba en una respuesta acorde a la inmensidad del delito que se cometía. Si “bajamos” la situación al llano, nos encontramos con montos mucho menores de dinero e infracciones de otro cariz. Las estafas a las que se hace referencia apuntan a víctimas que no tienen cabal conocimiento de la informática y funcionan de la misma forma que un “cuento del tío”. Las características más importantes están vinculadas al ojo y a las emociones, más precisamente al temor.

La primera tiene que ver con el diseño que tiene el engaño. Por ejemplo, un correo electrónico proveniente de un banco que utiliza la gráfica del mismo y copia el tono del texto. En el supuesto mensaje oficial, se solicitan ciertas credenciales de la casilla de mail o algún dato personal de la víctima con el objetivo de “solucionar” un problema. El texto aporta, además, un enlace (link) o la descarga de un archivo adjunto para proceder, y aquí se observa la otra peculiaridad de la estafa: el miedo. “Debe accionar con rapidez a riesgo de perder la cuenta”, suele leerse. Eso pretende infundir pánico en el usuario para que éste no pueda tomarse el tiempo de pensar, llamar a la entidad, notar algún detalle extraño en el correo electrónico o simplemente sospechar de la maniobra. El enlace ofrecido suele redirigir al damnificado a una dirección web falsa que primero roba la casilla de correo y la clave de la misma, los datos personales, el usuario y la clave del banco. Por último, manda al estafado a la página real de la entidad.

Frente a este delito, desde la Defensoría bonaerense señalaron que “para denunciarlo no necesitás abogado, lo podés hacer vos mismo de forma presencial o enviar un correo electrónico a las direcciones creadas a tal efecto”. No obstante, la falta de respuesta rápida y muchas veces ineficaz que por el momento tienen las empresas ante las denuncias y alertas, deja al usuario indefenso.

 

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