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Información General |Tallar la palabra, Una charla sobre el arte y el oficio gráfico
Literatura de cordel Nació en Europa hace dos siglos, se hizo popular en Brasil y llegó a La Plata

Son pequeños folletines escritos en rima y con una tapa en xilografía, que se vendían en ferias o plazas colgados de cordeles, como si fueran diarios. Julieta Warman es una grabadora platense que recorre el nordeste de ese país desde hace años y ahora expone el material obtenido de esos viajes

Literatura de cordel Nació en Europa hace dos siglos, se hizo popular en Brasil y llegó a La Plata

La artista Julieta Warman junto a uno de los grabados que se exhiben en la biblioteca de la UNLP. La muestra estará disponible hasta el 16 de diciembre / Gonzalo Calvelo

Alejandra Castillo

Alejandra Castillo
acastillo@eldia.com

27 de Noviembre de 2022 | 03:15
Edición impresa

“Aquellos pliegos encerraban la flor de la fantasía popular y de la historia. Los había de historia sagrada (…) de epopeyas medievales, de libros de caballerías, de hazañas de bandidos (…) eran el sedimento poético de los siglos, que después de haber nutrido los cantos y relatos que han consolado de la vida a tantas generaciones, rodando de boca en oído y de oído en boca, contados al amor de la lumbre, viven, por ministerio de los ciegos callejeros, en la fantasía, siempre verde, del pueblo” - Miguel de Unamuno.

La Biblioteca de la Universidad Nacional de La Plata habilitó en el mes de noviembre la muestra “Tallar la Palabra, el grabado en la Literatura de Cordel”, a cargo de la artista grabadora Julieta Warman (47), quien decidió exponer todo el material que consiguió en “estos años de peregrinar por el Brasil profundo”, explica. Junto a estos folletos o folletines que se presentaban (y en ciertas zonas aún se presentan) colgados de cuerdas o cordeles para su venta en plazas y ferias (de ahí su nombre), Warman exhibe grabados originales de distintos artistas, como el gran J. Borges, reconocido ilustrador de los relatos que reunió Eduardo Galeano en su libro “Las palabras andantes”.

“La literatura de cordel fue una práctica popular destinada a difundir textos e imágenes que tuvo su principal desarrollo en España y Portugal”, explica Julieta, “antiguamente más difundida en el mundo rural, en estrecha relación con el romance, la juglaría y las coplas y los romances de ciego”.

En nuestro continente se expandió, sobre todo, en el nordeste de Brasil - interiores de Pernambuco, Ceara, Paraíba, Bahía, entre otros estados-, a donde vuelve siempre esta artista platense, quien se declara conectada con “este hermoso arte” desde sus primeros pasos en el mundo del grabado. La maravillaron, dice, “los pequeños libritos impresos con historias en rima, como los viejos romances que narran historias fantásticas, sucesos históricos y emblemáticos, tradiciones culturales, la vida de personajes ilustres”.

“Hay cordeles para todo”, insiste la artista, y aunque las temáticas han cambiado con el paso de los tiempos, como sucede en cualquier género literario, lo que distingue a éste del resto es que se escribe en rima y se imprime, por lo general, en ocho carillas a partir de una hoja A4, con una tapa ilustrada.

“Es lo primero que atrae”, asegura Warman aludiendo a la tapa “impresa en xilografía y con tipografías móviles. Al pasar el dedo por la hoja fina, se siente el relieve de la letra impresa”.

“Siempre me ha fascinado la relación entre el decir de la palabra y el decir de la imagen entrelazadas”, reflexiona, segura de haber encontrado “ese hecho fantástico armoniosamente consumado”, con el trabajo de “artistas grabadores y poetas cordelistas”. Algo así como “la unión sensible del verso y la imagen, de la talla con facón y gubia, trazando y uniendo vivencias y tradiciones en verso e imagen de un modo magistral”.

Tan fundamental resulta en el país vecino, que en 2018 la literatura de cordel fue nombrada patrimonio cultural inmaterial de Brasil.

CONEXIÓN CON LA IMAGEN Y LA PALABRA

Si a Julieta se le pide una definición de sí misma, se presenta como “artista grabadora y ex librista”, ya que se especializa en realizar esas pequeñas estampas grabadas que suelen colocarse en el reverso de la cubierta o tapa de un libro, para identificar al dueño del ejemplar y su biblioteca personal. A esta altura resulta claro que, por distintos caminos, el arte de Warman siempre termina conectado y conduce hacia la palabra, aunque se exprese en imagen. ¿Y por qué en grabado?

“Si yo pienso y dibujo es una cosa; cuando lo grabo es otra. Dibujo para bocetar una idea y trabajarla para la matriz, pero yo me expreso a través del grabado”, afirma.

Julieta hizo artes plásticas desde muy chiquita, dibujando y pintando en el taller de una amiga de su madre, aunque lo que la puso en el camino que sigue andando fue “una especie de grabado con collage impreso” que realizó cuando tenía alrededor de 9 años. En el colegio secundario conoció al artista local Juan Bértola, dueño de un taller al que ella comenzó a concurrir frecuentemente en su adolescencia, para iniciarse en la técnica de la xilografía, grabado en relieve y metal. Lo resume así: “Primero se dibuja con la tinta negra, luego, en el soporte devastás lo blanco, y cuando imprimís es como un sello”. Lo que se ve es la imagen invertida.

La técnica “es muy amplia”, según Julieta, y se actualiza todo el tiempo, en especial en relación con los materiales para los soportes: “Ahora se están haciendo grabados con gelatinas”, apunta, “lo importante es tener una matriz que se pueda imprimir varias veces. Eso es el origen de todo. Se hace una edición y se firma cada impresión numerada, para dejar registro de que es original, aunque haya varias”. El modo en que esto se realiza está perfectamente regulado, igual que los valores de las piezas.

Podría decirse que el grabado como incisión es intrínseco a la humanidad desde sus orígenes -quedaron registros de ello en las piedras-, aunque la técnica del grabado, como tal, surgió en China alrededor del siglo XIII. Hacia el Barroco se avanzó en la técnica del huecograbado. Y para 1735 hubo que promulgar una ley que protegiera la propiedad artística y favoreciera la exportación, debido al florecimiento del comercio de grabados. Entonces, la producción de imágenes gráficas se bifurcó en dos: el grabado visto como un arte reducido a la colección, y la imagen gráfica producida en serie para su masificación, favorecida por la litografía y la fotografía. De hecho, antes de que Johannes Gutenberg inventara la imprenta en 1450, el grabado no se entendía como arte un arte, sino como un medio de comunicación.

Alberto Durero (1471-1528), el artista más famoso del Renacimiento alemán, fue clave para torcer esta historia. Cuentan que se inició en el mundo del grabado por sus necesidades económicas, pero su producción lo acompañó en toda su carrera hasta situarlo en la cumbre de la historia de las estampas antiguas. Como Rembrandt y Goya, Durero consideraba al grabado un arte autónomo, no subordinado a la pintura, y para él desarrolló técnicas pioneras y temas para obras más complejas, como Melencolia I, que se compone de cientos de líneas y trazos. “Es una disciplina dentro de las artes plásticas muy ligada al oficio de los talleres y las imprentas, pero a partir de Durero hoy es arte en papel y tiene cada vez más conocimiento”, analiza Warman, que egresó de la carrera de Artes Plásticas de la facultad de Bellas Artes de la UNLP, con orientación en grabado y arte impreso, en el convulsionado diciembre de 2001.

Acompañaron a su formación académica el estudio y las prácticas en diferentes talleres, como el del conocido artista Osvaldo Jalil, en CABA. Por eso no duda en decir que se reconoce “en relación al oficio. El grabado es arte impreso, es arte en soporte papel que se imprime a partir de una matriz, que es como un sello que se hace de distintas maneras, con herramientas y los soportes de grabado en relieve o en hueco. En determinado momento se va separando lo que es el arte, de la producción en serie, pero el origen mecánico es el mismo. Y las ilustraciones que se hacían con los textos también eran imágenes artísticas, solo que tenían la función de decir o comunicar”.

ARTE Y OFICIO

Pese a la importancia del grabado en el arte y la literatura, y aunque buena parte de los pintores más destacados fueron grabadores, este arte siempre se consideró menor o “segundo. Los artistas son reconocidos por la pintura”, lamenta Warman. Esto quizás sea la causa- o consecuencia- de que en Argentina no exista un mercado grande ni ávido de esta expresión artística, lo que redunda en la falta de galerías especializadas.

“En CABA existen, pero es complicado encontrar alguna que exponga solamente grabados. Sí funciona en ferias alternativas, en las que se mezcla con las artes gráficas y las ediciones artesanales. Quien quiere comerciar tiene que entrar por esa vía, aunque tampoco está muy difundida”, refiere la artista.

Alrededor del grabado conviven distintos oficios, ya que “en sí mismo lo es”, según Warman. “Todo depende del lugar, pero hay grabadores, talladores y en algunos países no se mezclan con los artistas. En México, por ejemplo, el impresor no te deja tocar una piedra, te imprime todo. Lo mismo pasa en Europa o en Cuba, donde fui a estudiar grabado y litografía”, cuenta. En Argentina y en muchos otros lugares del continente, es distinto. “En la facultad aprendemos a hacer todo y lo hacemos. Yo no podría darle la matriz de grabado en relieve a otra persona. La tallo en mi taller para que se imprima como quiero”. Y aquello que quiere expresar, tiene que pensarlo al revés: “Lo que uno dibuja es en negro, pero con la gubia sacás lo blanco. Si quiero una cara, dibujo la nariz, pero tallo el pómulo. Con las letras y los números sucede lo mismo, son invertidos”.

El sábado pasado, a propósito de la Noche de los Museos, el hall principal y la vereda de la biblioteca de la UNLP se llenaron de rimas, relatos, música y danzas brasileras. También estuvo Julieta imprimiendo grabados con la historia del cordel.

“En esta muestra no hay casi nada mío”, aclara, “todos son trabajos de brasileros de interior del nordeste, estados que tuvieron mucha tradición de literatura y grabado de cordel. Las gráficas que se instalaron en esa región la expandieron como si fueran diarios, sobre todo de crónicas policiales o relatos fantásticos”. Los cuentistas o poetas cordelistas los presentaban y vendían en distintas ferias. Ellos llevaban el dinero a sus casas y, los lectores, las historias para leerlas en familia.

“Primero fue oral. Después, los grabadores empezaron a hacer imágenes que colgaban en cuerdas o cordeles en la plaza, en ferias o a la salida de las iglesias. Los que no sabían leer ni escribir se guiaban por el dibujo, escuchaban al poeta y veían la secuencia grabada. Luego eso pasó a ser texto”, agrega Julieta, precisando que algunos artistas escriben los poemas y hacen también los grabados. Es el caso de J. Borges, ilustrador de Galeano y de José Saramago, entre otros. “Él empezó siendo poeta; de joven iba a un grabador para que le hiciera las tapas, pero un día éste tenía mucho trabajo y Borges decidió hacerla él mismo tallando con un facón o cuchilla un pedazo de madera amburana. La imprimió, fue a la feria y, como vendió todo, los otros poetas le pidieron que hiciera las suyas”.

La literatura de cordel comparte el espíritu de otras expresiones que hicieron pie en distintos países del continente, como la lira chilena o el corrido mexicano. Julieta supo de su existencia en los talleres de grabado, a principios de los 90, y no lo dudó: decidió viajar a Brasil para ponerse en contacto con la academia de cordelistas de Río de Janeiro. De esos viajes provienen los materiales que nutren la muestra que estará disponible en la Biblioteca, gratis, hasta el 30 de noviembre. No son sólo cordeles. Se exponen también muchos grabados, otros materiales que representan esa zona del Brasil y matrices en madera.

Warman se reconoce profundamente conectada con este tipo de expresiones, en parte por el modo de decir o de contar, lo que también la puso en contacto con las copleras del norte argentino, pero además por sus orígenes y la tradición familiar: “Mi mamá y mi abuela son del sur de Portugal; desde muy chica escucho el Fado y el nordeste brasileño tiene mucho de portugués”, dice. Por si todo esto fuera poco, el hermano de Julieta vive en Bahía (Brasil) y su hermana, fallecida años atrás, era profesora de portugués y abordaba la literatura de cordel en sus clases.

Los precios de este tipo de relatos son populares (rondan, en general, los 5 reales), como metódica es su producción y su hechura: “Tiene que ser en rima”, insiste Warman, no sin apuntar que este modo de decir les “sale muy fácil a los nordestinos”, algo parecido a lo que pasa con los raperos o los payadores en Argentina.

En definitiva, lo que Warman expone en su muestra son grabados y literatura que fue adquiriendo de visitas y caminatas por el “Sertão do Brasil, donde la cultura y las artes del grabado en relieve brillan como diamante, y sus poetas cordelistas enarbolan la palabra y la historia narrada en verso”.

En 2018 la literatura de cordel fue nombrada patrimonio cultural inmaterial de Brasil

“Me maravilla la conexión entre la palabra e imagen y cómo lo oral se hace imagen en la palabra escrita. Por eso también hago ex libris”

Julieta Warman, Artista grabadora

Días y horarios
La muestra “El grabado en la literatura de cordel” es de acceso libre y gratuito. Se puede visitar de lunes a viernes, de 8 a 18.30, en el hall de la Biblioteca de la UNLP, en Plaza Rocha Nº 137. Estará disponible hasta el próximo 16 de diciembre, confirmaron los organizadores.

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Multimedia

La artista Julieta Warman junto a uno de los grabados que se exhiben en la biblioteca de la UNLP. La muestra estará disponible hasta el 16 de diciembre / Gonzalo Calvelo

Libros ilustrados con xilografías de artistas Nordestinos.

Se exhiben grabados, literatura de cordel y materiales del nordeste de Brasil / Gonzalo Calvelo

Impresos de xilografías de J. Borges y Literatura de cordel de Pernambuco, Brasil / G. Calvelo

Matrices de madera y xilografías de grabadores de “Lira Nordestina” (Juazeiro do Norte, Ceará, Brasil) / Gonzalo Calvelo

“La tapa impresa en xilografía y con tipografías móviles es lo primero que atrae”, asegura Warman / Gonzalo Calvelo

Xilografía de J. Borges (Pernambuco, Brasil) / G. Calvelo

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