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Información General |La película, la historia real y todo lo que se generó
“Argentina, 1985”: sigue dando que hablar

En los cines mantiene una buena asistencia y en algunos ambientes políticos se mencionan “graves omisiones”, pero todos la valoran como un ejercicio de reconstrucción que ayuda a la memoria, que alerta, emociona y que generó un enorme impacto popular

“Argentina, 1985”: sigue dando que hablar

La película “Argentina, 1985”, tuvo una importante repercusión / web

Alejandro Castañeda
Alejandro Castañeda

27 de Noviembre de 2022 | 03:14
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No es una gran película. Es una buena película, más necesaria que lograda. Si sus responsables son sometidos a juicio, podrán decir sin inmutarse: “Lo que decimos aquí es la verdad, pero claro, no decimos toda la verdad y por supuesto no decimos sólo la verdad y nada más que la verdad”. Pero lo concreto y valorable es que, más allá de constituirse en el mayor suceso de público del cine argentino en este año, es la única producción que se animó a revivir aquel momento histórico, con tantas esperanzas a flor de piel y tan poblado de horrores ocultos. El film obliga a recordar y a tener presente ese período oscuro y repasa, aunque sea sumariamente, parte del clima de esos días, los anhelos y los riesgos que enfrentaba una democracia frágil y renacida en medio de un escenario cargado de rencores y tensiones. Reconstruye, con más buenas intenciones que rigor, parte de un juicio que ha sido un ejemplo para el mundo y que constituye una verdadera lección de justicia y coraje para los que lo hicieron posible, que por supuesto son muchos más que estos dos fiscales implacables y ese puñado de chicos entusiastas que los ayudan. Y muestra -al poner la atención en la labor desarrollada por Strassera y Moreno Ocampo- cómo a veces una circunstancia inesperada pone a dos personajes comunes frente a un mandato del destino que los termina transformando por dentro y por fuera.

HACIENDO Números

Si preguntamos sobre el impacto que tuvo en las boleterías, el film “acabará siendo -nos dijo Marcelo Harari, un apellido que es dueño de las salas de la Ciudad- una de las cinco películas más recaudadoras del año”, que no es poca cosa si tenemos en cuenta que a la tercera semana de exhibición, en pleno auge, se empezó a difundir en la televisión paga. ¿Cómo lo sintió la taquilla ese paso a la pantalla chica? Harari dice que, por suerte, no se notó. Que de alguna manera el comportamiento comercial de “1985” se ajusta a lo que suele ocurrirle a un estreno importante en su cuarta y quinta semana de exhibiciones. Por supuesto que a los dueños de salas les hubiera convenido que esta exclusividad se mantuviera durante algunas semanas más, pero las empresas que se mueven en este negocio tiene absoluta preponderancia a la hora de decidir sobre la política de estrenos.

Según los datos, el desafío de tener que competir casi mano a mano con la TV paga, ha sido, para los dueños de salas, una experiencia alentadora, porque de alguna manera el cine parece haber podido enfrentar y haber podido salir sano y salvo frente a un competidor que cada vez avanza más, que compite en festivales de igual a igual, que suma nuevas figuras a su grilla y que ha decidido abandonar su formato preferido, el de las series, para incursionar decididamente en el mundo del cine tradicional.

El sol sale para todos, aunque siempre a unos calienta más que a otros. La TV, que amenazó en su momento la subsistencia de la radio, ahora debe luchar contra la baja del encendido. El cine, que cuando surgió parecía que iba a acabar con el teatro, ahora se retroalimentan. La TV paga, el video, el streaming, los canales abiertos, todos se reparten una torta colosal que obliga a unos y otros a esmerarse cada vez más para demostrar que nada desaparece del todo, aunque todos se sientan acechados por la provisionalidad de un mundo incierto y cambiante al que al parecer le sobra gente y entusiasmo para satisfacer tanta demanda. La pantalla chica suma atracciones, los estadios se siguen llenando, el fútbol convoca multitudes en todo el mundo, los recitales venden más tickets que nunca y el mercado -ese ser tan inexistente y tan decisivo- va acomodando las cosas en medio de un jolgorio extendido que, a la hora de disfrutar, parece desmentir los graves alcances de la crisis.

Para el negocio del cine, la pandemia trajo un perjuicio que no estaba en los cálculos. No sólo tuvieron que cerrar sus puertas durante más de un año, encima tuvieron que cederle público por la fuerza a sus competidor más peligroso -el streaming- que por supuesto se consolidó como el entretenimiento más requerido en esas largas semanas de obligado encierro. Por eso esta reaparición tiene algo de desquite y de alguna forma responde a muchas de las preguntas que se habían hecho no sólo los exhibidores sino el mundo en general: ¿qué quedará en pie después de esa plaga tan mortífera, qué modalidad preferirá el habitante de un mundo que funcionó durante más de un año en modo suspenso y desconfianza y que sin duda todavía no procesó los cambios que trajeron el virus, el miedo y el encierro? ¿Cómo sigue todo en estos días de misiles y pelotas de fútbol?

EL FILM

Por más que la producción de “Argentina, 1985” advierta que se trata de una película inspirada en hechos reales, es indudable que busca ser lo más verosímil y cierta que pueda. Es decir, no es un documental, aunque fechas, nombres propios, escenarios y acontecimientos se ajustan, a grandes rasgos, a los hechos. Por eso resulta más imperdonable que llamativo ignorar absolutamente la Conadep y el Nunca Más. Lo cierto es que desde el radicalismo -que era gobierno- han insistido, más allá de resaltar sin excepciones la importancia del film y sobre todo su poder de convocatoria, que lamentan algunas omisiones que por ser tan gruesas suenan intencionadas.

Algún periodismo ha advertido que Amazon Prime y los autores han privilegiado, por encima de la historia, un tema que siempre factura bien en la pantalla: la presencia dominante de dos personas sin mayor relevancia -en este caso, Strassera y Moreno Ocampo- a quienes las circunstancias transforman en héroes. Es una fórmula que tanto Hitchcock como Spielberg -uno en sus ficciones y el otro en sus reconstrucciones- han utilizado con empinado nivel de calidad. Amazon Prime por supuesto no apunta al revisionismo sino a subrayar hechos vendedores y personajes heroicos. El cine, que tan buenos frutos recoge con estas obras de superación, encontró en el fiscal Strassera pero sobre todo en la idealización de la personalidad de Moreno Ocampo, los mejores mensajeros de un periodo donde eran más las dudas que las certezas y donde la democracia, como aquí se ve, estaba pendiendo de un hilo que más de un sector implicado consideraba difícil de poder sostener.

Se le puede reprochar a sus autores, olvidos y arbitrariedades, pero reconozcamos, cinematográficamente, un hallazgo: el personaje de Norman Briski, impecablemente interpretado, que es la súper conciencia de ese Strassera que al comienzo deambula indeciso entre el escepticismo y las dudas. Y al final, ante la realidad de los hechos, reconvierte su horizonte de funcionario burócrata en el alma de un acusador heroico.

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Julio César Strassera

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