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Pese al pedido de respaldo a Alberto F., las ausencias sobresalieron en el acto

La movida organizada en Esteban Echeverría dejó en evidencia todo lo que no está políticamente alineado al Presidente

Mariano Pérez de Eulate

Por: Mariano Pérez de Eulate
mpeulate@eldia.com

21 de Mayo de 2022 | 02:34
Edición impresa

El acto que le organizaron ayer al presidente Alberto Fernández en el partido de Esteban Echeverría, pleno Conurbano, tuvo un efecto bumerán: sirvió para dejar en evidencia todo lo que no está políticamente alineado con él, en el contexto de la pelea de poder con Cristina Kirchner. Se buscaba mostrar fortaleza, un cierto músculo político propio que se contraponga con la “orga” de La Cámpora y el resto del kirchnerismo duro. Pero, la verdad, en el mundo peronista sólo se habló de las ausencias.

Cuadro de situación: un gremio de la CGT, los albañiles de la Uocra, arman el acto en su predio recreacional con la excusa de celebrar el repunte de la actividad, que redunda en más trabajo para sus afiliados. Es un sindicato amigo del Presidente y alejado de Cristina. Se suma el Movimiento Evita, sector piquetero que integra el Gobierno y que tiene poder de movilización. Hay garantía de buena concurrencia, banderas y cánticos de esencia peronista.

Presencias y ausencias

Un día antes, Juan Manzur, jefe de gabinete nacional, baja una orden: los altos funcionarios tienen que estar. Cuando ayer empezó a hablar Alberto F. estaban los leales a él. Desde Martín Guzmán y Matías Kulfas a Claudio Moroni y Matías Lammens. Pero el principal delegado de Cristina en el gabinete brilló por su ausencia. Es Wado de Pedro, el ministro del Interior. Tampoco hubo camporistas. Si es verdad, como se contó en fuentes oficiales, que la Casa Rosada invitó a los gobernadores peronistas, la postal del acto, en ese rubro, fue un fracaso absoluto: sólo estuvo el sanjuanino Sergio Uñac.

Hay que leer las ausencias de los colegas de Uñac como un mensaje: los mandatarios no están contentos con la marcha del Gobierno en el rubro económico. El faltazo acaso haya sido el comienzo práctico del “operativo despegue”, cuya expresión más paradigmática es la decisión de las provincias del PJ de desdoblar, el año próximo, sus elecciones distritales de las nacionales. Esto es: que los comicios a gobernador, en los que casi todos buscarán la reelección, serán antes que el presidencial. Ninguno quiere ser arrastrado por una eventual derrota de Alberto F.

Tampoco estuvo el bonaerense Axel Kicillof, parado en el bando cristinista del tironeo oficialista, ni Máximo Kirchner, que es el titular del peronismo bonaerense. “No fue invitado”, se explicó oficiosamente. Y junto con éste tampoco fueron los intendentes del Conurbano, sus aliados. Ni uno dijo presente. Salvo los dos que, en uso de licencia, integran el gabinete presidencial (Gabriel Katopodis y Juan Zavaleta), el resto no apartó.

¿Aprovechó Alberto el atril de ayer para devolver los ataques del cuestionador cristinismo, cuyo último mensaje fulminante, en boca de la vice, fue que por las decisiones económicas de Guzmán estaban defraudando a su electorado? No. En un modo casi zen, el jefe de Estado puso la otra mejilla. A esta altura, parece una estrategia. Se verá el resultado final.

“Nos hacen discutir entre nosotros, mucho. Están todos pendientes de qué decimos uno del otro. En verdad, lo que estamos discutiendo en la Argentina es que queremos preservar los derechos que desde 1945 hasta hoy ganaron los que trabajan y los que quieren quitar esos derechos. Esa es la verdadera discusión compañeros, que nadie nos confunda”, dijo.

El Presidente situó, de esa forma, al motor de sus diferencias con Cristina afuera del oficialismo. Alguien los hace pelear, parece decir. ¿Se supone que alude a la oposición? Pero si fue ésta la que en el Congreso le facilitó el acuerdo con el Fondo Monetario para refinanciar la deuda tomada en la gestión anterior. En cambio, fueron la vicepresidenta, desde el Senado, y Máximo Kirchner, desde Diputados, los que operaron en contra del entendimiento.

Esta lógica, la de depositar en el otro problemas propios, también se evidencia en un argumento muy usado por el albertismo para explicar el pésimo momento económico del país y que ayer volvió a ser reiterado por el Presidente en el acto de los albañiles. Según esa visión, la explicación de los males argentinos actuales hay que buscarla en una sucesión de eventos en las que el Gobierno nada tendría que ver y que serían: la herencia del macrismo, básicamente la deuda; la pandemia del Covid y la guerra en Ucrania. Por lo menos, debatible.

El escenario tuvo presencia gremial con Héctor Daer y Pablo Moyano, del triunvirato que conduce la CGT, Andrés Rodríguez, José Luis Lingeri y alguno más. El sindicalismo, en verdad, empieza a administrar su apoyo al Presidente, mientras procura cerrar paritarias que emparden la inflación galopante y mira con desconfianza las ideas de reformar el sistema de salud -en el que las obras sociales gremiales son un actor de peso- que circulan en el poder.

La lapicera

El albañil y anfitrión, Gerardo Martínez, le hizo un regalo a Fernández que fue lo mismo que decirle que actúe de una vez por todas en el sentido que le piden aquellos que se ponen nerviosos con los desafío a su autoridad que emanan del propio gobierno: le obsequió una lapicera, el símbolo de la toma de decisiones presidenciales. Con ella se pueden firmar, por ejemplo, los decretos de salida de los que no están de acuerdo con el programa económico del Gobierno, por usar una advertencia que lanzó el propio Alberto hace pocos días.

A favor de Fernández, poco antes del acto con su propia lapicera había empoderado a su protegido, Guzmán, al transferirle la secretaría de Comercio (estaba en Desarrollo Productivo). Es la oficina del encargado de luchar contra la suba de precios, Roberto Feletti, que responde a Cristina. Ahora dependerá de Economía, que aparentemente se encamina ser un ministerio que, además de la temática de la deuda externa, como hasta ahora, también se encargará de las cuestiones domésticas.

 

 

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Alberto Fernández, durante un pasaje del acto / Twitter

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