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La Ciudad |David Williams, de 24 años y oriundo de Gonnet, cuenta su experiencia
Ingeniería Aeroespacial, una nueva carrera ya con un graduado platense

Tiene una salida laboral con proyección global y paga salarios muy por encima de la media. Desde su creación, en 2020, el número de ingresantes va en aumento, aunque siguen siendo muy pocos. En la Argentina solo la dicta la UNLP. Detalles

Ingeniería Aeroespacial, una nueva carrera ya con un graduado platense

“yo soy ingeniero, no astronauta”, afirma williams / sebastián casali

Jorge Garay

Por: Jorge Garay
jgaray@eldia.com

4 de Julio de 2022 | 04:34
Edición impresa

Con 24 años y oriundo de Gonnet, David Williams se convirtió hace días en el primer graduado del país en Ingeniería Aeroespacial, una carrera que en la Argentina solo dicta la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y que desde 2020, cuando se incorporó a la oferta académica de esta casa de estudios, está en pleno auge.

Fue justamente aquel el año en el que Williams, que en 2016 había empezado a cursar Ingeniería Industrial en la facultad de 1 y 47, decidió que quería dedicarse al diseño de naves o satélites que viajen al espacio: “Cursé dos materias del plan de estudios de Aeroespacial que me gustaron mucho, eran materias que tenían que ver con las bases de la aerodinámica que podés aplicar tanto para un avión como para una nave espacial”, cuenta el joven en diálogo con EL DIA y que eso, sumado al interés que fue forjando de chico por los cohetes, pesó a la hora de cambiar de carrera.

Si todavía hoy, ya recibido, sonríe al recordar el despegue de esas criaturas gigantes que salían de la Tierra echando humo y que sus ojos asombrados de niño veían en la tele, en documentales o películas. “Me daba mucha curiosidad, me sentía atraído, pero a la vez lo veía como algo bastante lejano porque ¿cómo era eso posible?”.

La pregunta lo acompañó en su paso por la primaria y la secundaria y así fue que en 2016, al terminar sus estudios en la Escuela Italiana de La Plata, se anotó casi sin pensarlo en Ingeniería Industrial: “Por su amplio campo de acción, porque toca muchas materias de otras carreras y porque además me interesaba bastante la capacidad para resolver problemas de un ingeniero”, dice y arroja una convicción: “Si sos ingeniero, básicamente no te aburrís nunca”.

ALGO MÁS QUE UN CAMBIO DE NOMBRE

Faltaba entonces para la creación de Ingeniería Aeroespacial, que terminó absorbiendo a Aeronáutica, una carrera que desde 1942 formó a poco más de mil profesionales, muchos de ellos especializados en temas del espacio.

El cambio de nombre en 2020 llegó pegado a un récord de inscriptos: los 241 ingresantes en la apertura de Aeroespacial casi que duplicaron a los 122 que había recibido Aeronáutica en 2019. Dos años (y una pandemia) después el número de interesados sigue creciendo (para este ciclo se anotaron 280) y la flamante carrera cuenta ya con su primer graduado en el país.

“Muchos alumnos no asociaban la Aeronáutica con algo que les permitía estudiar lanzadores, satélites o hacer aeronaves y vehículos espaciales. El nombre ‘aeroespacial’ permitió que se conozca”, explica el decano de Ingeniería, Marcos Actis, y aporta una experiencia personal: “A mí me pasó que quería estudiar una carrera relacionada con el espacio y en la Argentina no encontraba nada, hasta que por un conocido me enteré que Aeronáutica tenía relación con el espacio, que incluso había gente de la UNLP que había trabajado en el proyecto Apolo (la misión de la NASA que concretó la llegada del hombre a la Luna). Todo eso hizo pensar que el nombre de la carrera tenía que tener relación con aquello a lo que uno finalmente se va a dedicar”.

El nuevo título fue como un imán, tanto para el joven graduado de Gonnet como para los más de 200 aspirantes que de entrada se reconocieron en él. Por eso es que en 1 y 47 hablan de Ingeniería Aeroespacial como un “boom”, una de las llamadas carreras del futuro con un potencial de desarrollo que trasciende fronteras, importante salida laboral y salarios que pueden promediar los 2.000 dólares.

Aún así, con sus 280 ingresantes, un alto nivel de deserción y unos 700 alumnos activos está bastante lejos de los 8.000 inscriptos por año y los más de 30.000 estudiantes que, por ejemplo, cursan Medicina.

“Dentro de Ingeniería, esta rama es de las que más inscriptos tiene. Pero es cierto que somos pocos en comparación con otras carreras”, admite el primer ingeniero aeroespacial del país, que se recibió cursando en comisiones únicas que no superaban los 20 alumnos (la mayoría varones). Otro dato: esa cifra es igual al promedio de egresados que dio Aeronáutica en los últimos tres años, según registros de la Facultad a los que accedió este diario.

“A medida que vas avanzando ves que muchos compañeros dejan o se atrasan”, advierte Williams para después observar que faltan ingenieros (se calcula que en Argentina hay solo 1 cada 6.300 habitantes) y que eso termina impactando en el desarrollo de la industria nacional: “Para un país es muy importante contar con un gran número de ingenieros porque con una buena planificación logística es posible reducir los costos de producción y porque todas las tareas a las que esté vinculado un ingeniero serán de un alto nivel tecnológico, pudiendo exportar productos con mayor valor agregado”, explica.

Con todo, Williams entiende que si hay pocos graduados es porque “falta difusión” de las carreras y por un “miedo generalizado” a las matemáticas que para él resulta injustificado.

Pues, sostiene, “cualquiera puede hacer Ingeniería Aeroespacial, te puede llevar más o menos tiempo, pero se saca adelante si te sentás a estudiar y te rodeás de un buen grupo de estudio”, como lo hizo él: “Tuve la suerte de cursar la carrera con un amigo que conocí en la facu, los dos éramos bastante constantes y nos sentábamos a estudiar seguido”, reconoce, a la vez que aclara que eso jamás le impidió llevar una vida por fuera de la Universidad: “Es importante y necesario para despejar la cabeza”.

Capacidad, constancia y dedicación. Pero también el invaluable apoyo familiar, de su mamá abogada y su papá ingeniero civil, fue clave para que el primer egresado de Ingeniería Aeroespacial se recibiera en un lapso ideal de seis años, promocionando todas las materias y con promedio 8,44. Él lo acepta con humildad: “Cada trayecto depende de la realidad de cada uno, si trabajás o si tu familia te puede mantener, como en mi caso. A mí me bancaron siempre”.

UN NANOSATÉLITE AL ESPACIO

David Williams se recibió hace apenas dos semanas con una tesis de grado sobre el diseño y simulación de un nanosatélite (de no más de 5 kilos y mucho más baratos que un satélite convencional). Era un proyecto en el que ya venía incursionando como becario del Centro Tecnológico Aeroespacial (que depende del departamento de Aeronáutica de Ingeniería), que tuvo mucho que ver en su inclinación final por la carrera y con el que se muestra muy entusiasmado: “Lo venimos trabajando hace unos años con la coordinación de la ingeniera Sonia Botta y la idea es lanzarlo al espacio el año que viene”, anticipa.

Agrega que por eso hoy prefiere quedarse en la Argentina y en el Centro Tecnológico Aeroespacial que funciona en Ingeniería, donde además es ayudante de cátedra.

“La industria está en pleno desarrollo, la salida laboral es importante”, retoma Actis y destaca que, además de los proyectos que se impulsan desde la UNLP y el Estado, también el sector privado (a través de empresas como Satellogic o Innova Space, por citar algunas) se interesa cada vez más por explorar lo que hay más allá de la Tierra.

El decano de Ingeniería insiste en que “hay un boom mundial con respecto a lo espacial”, que “eso hace que la necesidad de ingenieros sea importante” y que empresas que recién se inician empiecen a requerir graduados de este tipo de carreras. “Pero también hay que tener en cuenta que muchos de nuestros egresados se van al exterior”, alerta.

¿Cómo evitar entonces la fuga de este estratégico capital humano? Con más incentivo y más proyectos, responde Actis, para luego cuestionar que durante el gobierno anterior la falta de propuestas espaciales potenció la migración de jóvenes profesionales. “Un proyecto espacial funciona como un incentivo para los pibes, que hasta pueden declinar parte del salario para involucrarse en un trabajo a largo plazo. Pero si tenemos en cuenta que acá se gana menos que afuera y si además nos quedamos sin desarrollo tecnológico, lo que pasa es que muchos se terminan yendo”, completan en 1 y 47, donde valoran que hoy “hay proyectos en marcha” y una demanda que esperan se mantenga.

Williams está a la espera de lanzar el nanosatélite que construyó en Ingeniería

 

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