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La Vaca Aurora, la creación histórica de Mirco Repetto

Una obra gráfica para chicos y adultos / Web

Por Redacción

En la constelación fabulosa de la historieta argentina, “La Vaca Aurora” ocupa un rincón insólito y entrañable.

Nacida en 1939 del trazo y el ingenio de Mirco Repetto -guionista, dibujante, editor, libretista y una de las mentes más versátiles del humor gráfico local-, Aurora fue, durante casi cuatro décadas, una criatura de aventuras excéntricas, ternura animal y anarquía dulce.

Una vaca bípeda, silenciosa, pero expresiva, adicta a los bombones, propensa al baile y a la guerra con sifones de soda.

El personaje tuvo su primera aparición en “Don Alfonso”, publicada en el diario de época “La Vanguardia”, pero su carisma fue tal que al tiempo inmediato obtuvo autonomía y desembarcó en la revista “Cara Sucia”. Desde entonces, comenzó un periplo editorial que incluyó revistas como “Mundo Infantil”, “Anteojito” y su propio título homónimo en los años setenta, convirtiéndose en una figura recurrente del universo gráfico infantil.

Detrás de la aparente inocencia de sus aventuras se escondía un humor agudo, crítico y por momentos lisérgico. Nicodemo, su dueño, era un boticario delirante que creía que una vaca alimentada con manzanas debía dar sidra, y que el cemento podía servir para fortificar la leche. Repetto, con una pluma cargada de sátira y absurdo, construía un mundo donde lo lógico se desarma para dar lugar a lo fantástico, pero con una base bien firme: la imaginación como resistencia.

Aurora no hablaba, pero se daba a entender. Y no era raro que se convirtiera en reina de súbditos hipohólicos o combatiera en guerras de soda carbonatada. En un país donde la historieta no sólo fue un refugio sino también una forma de pensamiento, Aurora ocupó un espacio singular: ni héroe como Patoruzú ni distópica como El Eternauta, sino un personaje lateral, cómico y tierno, que se aferraba a lo absurdo como forma de vida.

La historia de Aurora culmina, simbólicamente, con una escultura de cemento que el propio Repetto mandó a hacer y que colocó en su quinta de Paso del Rey.

Allí, inmóvil pero vigente, quedó esta vaca que nunca dejó de moverse.

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