Y enero viene marchando por el recién nacido 2026

Los años antes duraban diez meses y después pasaron a doce. ¿Todo vuelve a empezar o es una ilusión? Cómo fueron el primero y el segundo de los calendarios occidentales

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Por MARCELO ORTALE

marhila2003@yahoo.com.ar

Varios grandes poetas le escribieron al mes de enero. Uno de ellos fue el mexicano Octavio Paz, en un poema cuya primera estrofa dice así: “Las puertas del año se abren,/ como las del lenguaje,/ hacia lo desconocido./Anoche me dijiste:/mañana/ habrá que trazar unos signos,/ dibujar un paisaje, tejer una trama/ sobre la doble página/ del papel y del día./ Mañana habrá que inventar, /de nuevo,/ la realidad de este mundo”.

La realidad de este mundo compartimentado en meses. Pero el agua no le da tanta importancia a esta convención humana que es el calendario y ella sigue corriendo bajo los puentes. Un día viene poca y otros nos ahoga, pero en la mayoría de los días corre la que hace falta.

En enero pareciera que todo vuelve a empezar. No importa si es así, o si se trata de una ilusión. Habrá mucho que hacer este año o no se hará nada. O el ser humano seguirá desgarrándose, imaginando que una práctica o una teoría podrá salvarlo de no sabe bien qué males. Y se internará en los caprichos del nuevo calendario.

A propósito, dicen que este 2026 nació decidido a parecerse a 1987. A tal punto que todos los días y fechas de ambos años coinciden en forma absoluta, sin diferencia alguna, desde enero a diciembre. Empezó con el 1º de enero de 2026 que cayó el mismo día de la semana que en 1987: fue jueves y a partir de allí empezó el papel carbónico con 1987. La próxima vez que pase algo parecido sería en 2037 para algunos y otros aseguran que para 2054.

Estos juegos con el tiempo del calendario, en realidad no aportan nada práctico. Pero tampoco está mal que alguna vez los humanos le empecemos a dar mayor importancia a los asuntos que carecen de toda practicidad. A lo mejor creceríamos en felicidad.

¿Qué sinfonía sonará en el nuevo mundo de 2026? ¿La de la paz o la guerra? ¿La de la vida o la muerte? ¿La del amor o la soledad?

ROMA Y GRECIA

En el primer calendario del mundo occidental no existían los meses de enero y febrero. De modo que el año duraba diez meses: empezaba en marzo y seguía con abril, mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre.

Fue el calendario del Imperio Romano, pero los griegos –que nunca admitieron dejar de ser protagonistas estelares- le agregaron al año inventado por Roma los meses de enero y febrero, a los que colocaron en primero y segundo lugar.

El calendario de Roma fue un sistema inaugural para dividir el tiempo. Y mientras algunos historiadores aseguran que su creador fue uno de los primeros reyes, Rómulo, otros le extienden patente de autoría al emperador Julio César que, en el año 46 a de C. lo creó con el asesoramiento del filósofo Sosígenes.

Roma se sentía cumplida porque el primer mes –Marzo- estaba dedicado a Marte, el dios de la guerra que los llevó por caminos empedrados por ellos a conquistar más de media Europa. Al mes siguiente lo llamaron “Abril”, porque es cuando abre la primavera en el Norte. Y Mayo al que viene después, porque la palabra mayo deriva de Maius” dedicado a la diosa romana Maya –o Maia- que se asocia con la fertilidad de la primavera. Al siguiente le pusieron Junio en homenaje a Juno, hermana y esposa de Júpiter.

Julio, claro, en homenaje al dueño del calendario de Roma, el emperador Julio César. Y el nombre de Agosto viene de otro emperador, Augusto. Y allí se terminaron los tributos a los dioses y a los emperadores. En cuanto a los cuatro meses posteriores –septiembre, octubre, noviembre y diciembre- sus nombres provienen de los números respectivos: siete (septiembre), ocho (octubre), nueve (noviembre) y diez (diciembre).

ESCRITORES Y FECHAS

El caprichoso calendario habrá considerado importante que los dos máximos escritores de la historia, William Shakespeare y Miguel de Cervantes –que jamás se conocieron, ni se copiaron uno del otro- murieran según la tradición el mismo día, es decir el 23 de abril de 1616. Uno en Gran Bretaña, el segundo en España.

Si bien algunos corrigen este dato, ya que sostienen que Cervantes sí habría fallecido el 23 de abril, mientras que Shakespeare se habría muerto el 3 de mayo. Ajena por completo a esta objeción, la Unesco decidió conmemorar en todo el mundo el “día del escritor” al 23 de abril, en recuerdo de los dos maestros.

Más allá de estas dudas, el novelista mexicano Carlos Fuentes aportó un interrogante ciertamente borgiano sobre la personalidad de ambos escritores que, según dijo, en realidad fueron uno solo. “Quizás ambos fueron la misma persona”, aseveró Fuentes, mientras que el británico Antony Burgess en su cuento “Encuentro en Valladolid”, dice que Cervantes y Shakespeare mantuvieron una reunión en alguna taberna ibérica.

Existe una película española –“Miguel y Wiliam”- que juega sobre la idea de que los dos mayores de la literatura universal se encontraron en la España del siglo XVI. Todo esto surgió porque la Unesco fijó una fecha del calendario mundial para celebrar a los escritores. Y para evitar desmentidas más enérgicas, la Unesco agregó que también el 23 de abril de 1616, el mismo día y año que Shakespeare y Cervantes. Murió ese grande escritor peruano que fue el Inca Garcilaso de la Vega, y que esa fecha fue la del nacimiento de Vladimir Nabokov, Josep Pla y Manuel Mejía Vallejo.

 

No está mal que empecemos a dar importancia a aquello que carece de practicidad

 

Para no ser menos, el calendario nacional tiene también su fecha emblemática. Es la del 24 de junio, en ese día que fue calificado como “el más argentino de todos”. En esa jornada nacieron Juan Manuel Fangio y Ernesto Sábato –no sólo el mismo día, sino el mismo año de 1911- y también nacieron Leonel Messi y Román Riquelme. En cuanto a lo luctuoso, en esa misma fecha de junio fallecieron Carlos Gardel y Rodrigo “El Potro”. Como es de imaginar, ante esa colección de ídolos populares, no faltaron pedidos para que sea decretado “feriado nacional”.

Y para final otro poema de un magnífico escritor, el estadounidense Walt Whitman, que también se lo dedicó al mes de enero al que calificó de “camino abierto”.

Dice así en sus primeros versos: “A pie y contento me adentro por el camino abierto,/ sano, libre, con el mundo ante mí,/ con el largo sendero ocre ante mí que me lleva donde yo elija./ De aquí en adelante no pido buena fortuna, yo soy buena fortuna./ De aquí en adelante por nada protesto, nada pospongo, nada necesito./ Sin más quejas puertas adentro, sin más bibliotecas, sin más vanas críticas,/ fuerte y satisfecho viajo por el camino abierto”.

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