El sur de Chile, arrasado por incendios forestales: hay al menos 18 muertos
Edición Impresa | 19 de Enero de 2026 | 01:29
Una ola de incendios forestales fuera de control volvió a golpear con fuerza al sur de Chile y dejó, hasta ahora, al menos 18 personas muertas, una cifra que, según advirtió el presidente Gabriel Boric, podría seguir aumentando en las próximas horas. Las llamas avanzan en medio del verano austral, impulsadas por altas temperaturas y fuertes vientos, y afectan especialmente a las regiones de Ñuble y Biobío, ubicadas a unos 500 kilómetros al sur de Santiago.
El mandatario viajó a Concepción para encabezar en terreno las labores de emergencia y confirmó que hay 14 focos activos. “Tenemos un número hoy confirmado de 18 personas fallecidas, pero tenemos la certeza de que ese número va a aumentar”, señaló Boric, al tiempo que reconoció que los daños materiales son mucho mayores de lo inicialmente reportado. Aunque el balance oficial habla de unas 300 viviendas destruidas, el propio presidente admitió que esa cifra podría superar las 1.000.
La magnitud del desastre obligó a evacuar a cerca de 50.000 personas y a decretar el estado de catástrofe en ambas regiones, lo que permitió el despliegue de las Fuerzas Armadas para colaborar en tareas de seguridad y coordinación. Además, se impuso un toque de queda nocturno en varias localidades del Biobío, como Penco y Lirquén, dos de las zonas más golpeadas por el fuego.
Los testimonios de los vecinos dan cuenta de la violencia con la que avanzaron las llamas. En Penco, el incendio se desató de madrugada y arrasó barrios enteros en minutos. “Había un remolino que se comió las casas”, relató Matías Cid, un joven de 25 años que logró escapar con lo puesto. El alcalde de la comuna, Rodrigo Vera, confirmó que solo allí murieron calcinadas 14 personas. En la vecina Lirquén, un poblado portuario de unos 20.000 habitantes, muchos lograron salvarse huyendo hacia la playa, mientras el fuego reducía todo a cenizas.
Las condiciones climáticas complican seriamente el combate de las llamas. Con temperaturas superiores a los 30 grados y ráfagas de viento, los incendios se mantienen “absolutamente descontrolados”, según reconoció el director regional de la Conaf, Esteban Krause. Unos 3.700 bomberos trabajan sin descanso para evitar que el desastre se extienda aún más.
Chile conoce bien este tipo de tragedias. En los últimos años, los incendios forestales se han vuelto más frecuentes y devastadores en la zona centro-sur. El antecedente más reciente ocurrió en febrero de 2024, cuando los incendios en los alrededores de Viña del Mar dejaron 138 muertos y más de 16.000 damnificados.
Aquella catástrofe, que la justicia determinó fue provocada de manera intencional, aún está fresca en la memoria colectiva.
Mientras el fuego sigue avanzando en Ñuble y Biobío, el país vuelve a enfrentar una emergencia que combina factores climáticos extremos, vulnerabilidad territorial y una creciente preocupación por la prevención y el origen de estos siniestros. La prioridad, por ahora, es salvar vidas y contener un desastre que amenaza con dejar una nueva herida profunda en el sur de Chile.
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