La gestión de Milei acumula 215 renuncias y desplazamientos

La semana pasada salieron al menos cinco funcionarios. Advierten impacto directo en la administración

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La dinámica de recambios en el Gobierno volvió a acelerarse con fuerza en los últimos días. Solo esta semana, al menos ocho altos funcionarios dejaron sus cargos, en un contexto que consolida una tendencia desde el inicio del mandato de Javier Milei: ya son 215 las renuncias o desplazamientos en poco más de 700 días de gestión, un ritmo que equivale a un funcionario político fuera cada cuatro días.

Las salidas de los últimos días incluyeron al secretario de Transporte, Luis Pierrini; al titular de la Unidad de Información Financiera (UIF), Paul Starc; al interventor del ENARGAS, Carlos Casares; y a los responsables de Trenes Argentinos Gerardo Boschin (Operaciones) y Leonardo Comperatore (Infraestructura). La mayoría de los movimientos se concentró en áreas sensibles de la administración y en empresas públicas.

Una salida cada 4 días

“A comienzos de diciembre estábamos en alrededor de 190 renuncias y al día de hoy tenemos 215. La aceleración es importante”, explicó el politólogo Pablo Salinas, que lleva el recuento de los recambios.

La reciente oleada no es un hecho aislado. Según el análisis de Salinas, “por la tendencia y porque se viene manteniendo una relación de salida de alto funcionario político cada cuatro días desde el comienzo de la gestión, este gobierno está claramente encaminado a hacer el récord desde 1983 para acá”.

Salinas subrayó que buena parte de las renuncias recientes se explican por la estrategia oficial sobre las empresas estatales. “Muchas son en empresas públicas. Ahí hay un hilo conductor en la intención del gobierno para privatizar alguna de ellas”, sugirió. Como ejemplo, mencionó el caso del ENARGAS: “Casares quiso continuar en el directorio luego de la intervención y le dijeron que no. A raíz de eso presentó una renuncia bastante particular”.

La palabras de Casares tras el portazo fueron elocuentes: “No he satisfecho vuestras expectativas y/o no cuento ya con vuestra confianza para continuar colaborando”, escribió.

El politólogo también vinculó la concentración de cambios con el período estival. “Se aprovecha el tiempo de verano para hacer algunos movimientos en una época en la cual está todo el mundo relativamente distraído”, sostuvo, en referencia a la seguidilla de desplazamientos oficializados durante enero.

Más allá del impacto político, Salinas advirtió sobre los efectos concretos en la gestión. “Cuando una persona renuncia o la echan, el tiempo para reemplazarla, el poner en orden la firma, el nuevo equipo, generan una demora en la política pública”, explicó. Y detalló: “Entre que me echan a mí y viene alguien a reemplazarme pasan 7, 10 o 15 días: se paralizan firmas, licitaciones y contrataciones”.

A ese freno administrativo se suma, según el politólogo, un clima interno que desalienta la iniciativa. “Ante la mínima desaveniencia, la respuesta es la expulsión. Eso genera una parálisis en los que quedan: no hacen olas porque el que hace olas, lo rajan”, señaló.

En ese marco, concluyó Salinas, el problema excede el número. “No solo es compleja la cantidad de funcionarios políticos (215 en poco más de 700 días de gobierno), sino las consecuencias que tienen esas rotaciones en los cargos para la gestión de la cosa pública”.

 

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