No quiero estudiar, quiero trabajar

Edición Impresa

 

Por PAULO

Villa Elisa

Desde hace años se repite una idea como si fuera una verdad indiscutible: estudiar es el único camino posible. El que no estudia, fracasa. Y así, muchos jóvenes cargan una culpa silenciosa por no querer estudiar, cuando en realidad lo que quieren es trabajar.

No se trata de despreciar la educación ni de negar su importancia. Se trata de admitir que no todos los recorridos son iguales ni tienen que serlo. Hay quienes aprenden haciendo, quienes necesitan el cuerpo en movimiento, quienes quieren ganarse el sueldo, ayudar en su casa, empezar de a poco. Y sin embargo, el mensaje que reciben es claro: si no seguís estudiando, estás desperdiciando tu vida.

Tal vez habría que ampliar la mirada. Valorar los oficios, los trabajos, los aprendizajes que no entran en un aula. Entender que estudiar puede esperar, o no llegar nunca, y que eso no convierte a nadie en menos. Hay trayectorias dignas que empiezan temprano, con horarios largos y manos cansadas.

 

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