Promesas para el año nuevo

Edición Impresa

 

Por ESTEBAN

Barrio Hipódromo

Como cada diciembre, el año se nos viene encima con una libreta imaginaria en la mano. Anotamos promesas como quien hace la lista del supermercado: ordenadas, bienintencionadas y, en muchos casos, condenadas al olvido. Prometemos hacer ejercicio, comer mejor, enojarnos menos, ahorrar, leer más, vivir más despacio. Prometemos versiones mejores de nosotros mismos, como si el calendario tuviera poderes mágicos. Lo curioso es que no prometemos cosas pequeñas. Nadie se promete caminar diez minutos por día o apagar el celular una hora antes de dormir. Nos prometemos la vida entera: ser felices, estar en calma, tener éxito. Después llega marzo y la realidad —esa vieja conocida— nos devuelve al punto de partida.

El año que viene no va a ser distinto porque sí. Va a ser distinto por lo que hagamos en él. Y aun así, no todo va a salir bien. Tal vez la promesa más honesta sea esa: aceptar que no vamos a cumplir todas las promesas, y que aun así, vale la pena intentarlo.

 

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