Hay dos petroleros de Venezuela que se oxidan sin uso en Ensenada

El Eva Perón y el Juana Azurduy, construidos en el Astillero Río Santiago, nunca entraron en servicio. El proyecto, envuelto en deudas

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Los buques Eva Perón y Juana Azurduy, construidos en el Astillero Río Santiago, nunca entraron en servicio. Tras más de 14 años, el proyecto bilateral con Venezuela quedó envuelto en deudas, demoras y falta de definiciones sobre su destino final.

Los dos buques petroleros de gran porte encargados por la estatal venezolana PDVSA permanecen inmovilizados en el Astillero Río Santiago, en Ensenada, sin haber cumplido jamás la función para la que fueron concebidos. El caso del Eva Perón y el Juana Azurduy se transformó en uno de los ejemplos más visibles de proyectos industriales que consumieron años, recursos y anuncios políticos sin resultado operativo.

Los contratos de construcción se firmaron en 2004, en el marco de un acuerdo bilateral que prometía fortalecer la industria naval argentina y ampliar la flota de transporte de crudo de Venezuela. La iniciativa se presentó como estratégica para ambos países. El paso del tiempo dejó otro balance: estructuras inconclusas, deterioro material y un horizonte sin precisiones.

El Eva Perón, de 183 metros de eslora, fue botado en 2012. Distintas fuentes señalaron que su nivel de avance rozó el 98%. Aun así, nunca recibió habilitación para navegación comercial ni fue entregado formalmente. El buque permanece amarrado, fuera de servicio, con el desgaste propio de más de una década de inactividad.

El Juana Azurduy exhibe un cuadro más crítico. Con características similares y un porte cercano a las 47.000 toneladas, jamás dejó la grada de construcción. Su estructura quedó a medio terminar, expuesta al paso de los años y a la falta de mantenimiento integral. La imagen de ambas moles de acero, inmóviles dentro del predio estatal, sintetiza la magnitud del problema.

Informes periodísticos describieron un escenario de opacidad administrativa en torno al proyecto. También mencionaron deudas vinculadas a la construcción y a la transferencia de las embarcaciones. No existen datos oficiales actualizados sobre el costo total acumulado ni sobre eventuales negociaciones para completar, vender, reconvertir o desguazar los cascos.

En su origen, los petroleros se presentaron como piezas clave para la logística energética venezolana. PDVSA buscaba ampliar su capacidad de transporte de crudo con buques propios, mientras Argentina aspiraba a reactivar un astillero histórico y recuperar capacidades industriales. Ninguno de esos objetivos se concretó.

A más de veinte años del anuncio inicial y catorce años después de la botadura del primer barco, el expediente sigue abierto. No hubo entrega, no hubo puesta en marcha y no hubo cierre administrativo claro. El proyecto quedó atrapado entre cambios políticos, crisis económicas y decisiones que nunca terminaron de ejecutarse.

El caso también impacta en la imagen del Astillero Río Santiago, una de las principales plantas navales estatales del país. La presencia de estos cascos inconclusos alimentó informes críticos que lo describen como una estructura con fuerte peso presupuestario y escasos resultados productivos en proyectos de gran escala. Más allá de las responsabilidades puntuales, la historia del Eva Perón y el Juana Azurduy resume una oportunidad industrial perdida.

 

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