Escuchar mal, aprender peor: hipoacusias leves disparan la repitencia
Edición Impresa | 17 de Febrero de 2026 | 01:37
Cada inicio de clases los padres suelen ocuparse de que sus hijos cuenten con los útiles, libros y materiales para afrontar el año escolar. Pero existe un aspecto más determinante para su desempeño al que muchos de ellos no prestan atención: si los chicos escuchan bien.
La audición es la puerta de entrada al lenguaje y, a través de él, al pensamiento y al aprendizaje. Cuando esa puerta no se abre del todo, las consecuencias pueden sentirse durante años. No se trata sólo de situaciones severas. Como advierten especialistas, incluso una pérdida leve —aun limitada a un solo oído— puede alterar de manera significativa el rendimiento escolar.
En el aula, donde el aprendizaje depende en gran parte de la palabra hablada, cualquier dificultad para oír con claridad afecta la comprensión del lenguaje, la incorporación de vocabulario y el desarrollo del pensamiento verbal. El resultado puede ser un cóctel de problemas de atención, bajo desempeño académico y, en algunos casos, diagnósticos erróneos de otros trastornos del aprendizaje.
Las cifras son contundentes: se ha comprobado que una pérdida auditiva unilateral puede colocar entre el 25% y el 35% de los niños en riesgo de repetir al menos un grado escolar si no se diagnostica y trata a tiempo. Es decir, algo que podría parecer menor multiplica las chances de que el recorrido educativo se interrumpa.
“La detección oportuna de problemas auditivos en la infancia es clave para garantizar que cada niño tenga igualdad de oportunidades para escuchar, entender y participar activamente en el aula. Incluso una pérdida sutil puede dejar huellas profundas en la concentración y en la adquisición de conocimientos”, remarca la licenciada en fonoaudiología Agustina Leiro desde GAES Amplifon.
Cualquier dificultad para oír afecta la comprensión y el desarrollo del pensamiento verbal
Desde el punto de vista médico, el impacto va mucho más allá de “no oír bien”, explica la fonoaudióloga. “La audición es el primer paso para el desarrollo del lenguaje y la comunicación; sin una señal auditiva clara, el cerebro recibe información incompleta y el niño debe realizar un mayor esfuerzo cognitivo para seguir el ritmo de la clase, lo que termina afectando su atención, su memoria y su participación”.
El problema es que ese esfuerzo adicional suele pasar inadvertido. El niño intenta compensar, se fatiga más rápido y pierde el hilo de la explicación. Con el tiempo, el rendimiento baja y aparece el riesgo de repitencia.
Se calcula que alrededor de un 3,6% de los estudiantes de entre 5 y 19 años presentan pérdida auditiva o sordera. Y detrás de cada uno de ellos hay una trayectoria educativas que podría mejorar con un diagnóstico a tiempo.
Por eso que la Organización Mundial de la Salud considera que la evaluación audiológica debería formar parte del chequeo escolar habitual, especialmente en los primeros años, para evitar que los efectos de la hipoacusia puedan confundirse con déficit de atención u otros trastornos, retrasando intervenciones que podrían cambiar el rumbo académico.
“La detección oportuna de problemas auditivos en la infancia es clave para garantizar que cada niño tenga igualdad de oportunidades para escuchar, entender y participar activamente en el aula. Incluso una pérdida sutil puede dejar huellas profundas en la concentración y en la adquisición de conocimientos”
Agustina Leiro
Licenciada en fonoaudiología
La buena noticia es que una parte significativa de estas dificultades puede prevenirse o mitigarse. Cribados auditivos en edades tempranas, educación sobre la exposición a ruidos intensos y acceso oportuno a la intervención audiológica son medidas simples que marcan la diferencia. La articulación entre el sistema de salud, las escuelas y las familias resulta decisiva para que cada chico despliegue su máximo potencial.
En este nuevo ciclo escolar, el mensaje es claro: escuchar bien no es un detalle menor ni un lujo. Es la base invisible del aprendizaje. Porque cuando la audición falla, el riesgo de repetir aumenta. Y cuando se cuida y se detecta a tiempo, se multiplican las oportunidades de aprender, participar y crecer.
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