Volvió “Bad Bunny” y el carnicero saltó a escena

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Con la llegada de Bad Bunny a Argentina, el “conejo malo” local volvió a cobrar una notoriedad arrolladora, tanto en la carnicería donde trabaja a diario como en la demanda de sus presentaciones, en las que imita al artista a partir de un notorio parecido físico. Lo que para Martín Segovia comenzó con una foto viral en la Línea 202, hoy es un fenómeno que une su oficio entre las carnes con el despliegue de sus propios shows.

En el local de diagonal 79 y 3 ya no solo se venden milanesas: muchos clientes entran directo a pedirle una selfie. “Le dio un poco de rating al negocio”, admitió Martín. Su mamá, con quien trabaja todos los días, naturalizó la escena.

Seguidor del puertorriqueño desde 2016, aclara que su estilo no es una copia forzada. “Imitar no, jamás. Siempre me vestí a mi manera”, explicó. Sin embargo, ese parecido natural convirtió la coincidencia en un fenómeno local, permitiéndole profesionalizar sus apariciones en eventos con vestuario y baile.

Llevar esta doble vida no es sencillo: de día atiende la carnicería y de noche ensaya sus cuadros. “No es para cualquiera, es cansador”, reconoció, aunque asegura que disfruta ver cómo la gente la pasa bien. Esta demanda creció en sintonía con el clima festivo que generó la visita del verdadero artista al país.

La historia tomó impulso tras el paso de Bad Bunny por el Estadio Monumental. Martín asistió a las fechas y vivió una situación repetida: fotos, saludos y miradas de sorpresa por parte del público. “La gente se pone contenta y está buenísimo”, afirmó sobre el cariño que recibe en cada presentación.

A pesar del furor, mantiene los pies en la tierra. “Martín nunca deja de ser Martín”, subrayó para marcar que su esencia sigue intacta. Entre cuchillas y el mostrador, el carnicero viral muestra que la fama puede convivir con el trabajo cotidiano.

 

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