Etcheverry: un campeón marcado con épica
Edición Impresa | 23 de Febrero de 2026 | 02:20
Adrián D’Amelio
adamelio@eldia.com
Si hay que definir a lo hecho por Tomás Etcheverry entra a tallar en lo épico. El tenista platense se coronó campeón del Río Open con lo que a los 26 años conquistó su primer título del circuito ATP.
Se le venía negando una y otra vez. Había llegado a tres finales (2023: ATP 250 Santiago de Chile y ATP 250 Houston y 2024: Lyon). parecía algo imposible, que nunca iba a concretar, pero rompió el hechizo en el ATP 500 de Río de Janeiro, un lugar que le resulta amigable a los tenistas argentinos.
Quizás, Tomy se sacará esa mochila pesada que lo perseguía temporada tras temporada durante todo el circuito. El hecho de llegar, pero nunca poder levantar un trofeo y ver las premiaciones ajenas desde lejos. Etcheverry ahora puede decir que su nombre está inscripto entre los campeones.
Y Tomy lo hizo como hace todo él en base a garra, corazón y mucho amor propio para ganarle la final al chileno Alejandro Tabilo por 3-6, 7-6 (3) y 6-4 después de tres horas y cuatro minutos de juego sobre el polvo de ladrillo del court principal “Guga Kuerten”, que más que una cancha de tenis en algún momento se transformó en un duelo entre dos gladiadores en el coliseo romano.
Y como quedó dicho, Tomy empleó su receta con un tenis no vistoso, sino con esa fibra interior que lo hace ser uno de los más guerreros del actual circuito de tenis.
Para llegar a esta final, Etcheverry tuvo que superar el primer escollo, el checo Vit Kopriva. El partido comenzó el día sábado y se suspendió dos veces por lluvia. En la segunda oportunidad apenas pudieron pelotear por lo que el jugador europeo se fue ganando el primer set 5 a 4.
Todo se reprogramó para el domingo a las 11 de la mañana. Kopriva cerró la manga con su saque. Ahí comenzó otra extensa batalla bajo un intenso calor y alta humedad ambiente. Ninguno pudo quebrar su servicio en los dos sets siguientes por los que se definieron en respectivos tie-break a favor de Etcheverry: 7-6 (2) y 7-6 (4).
Además, el partido estuvo detenido más de una hora y media por la regla que se impuso de “calor extremo”, ya que no se puede jugar un match por la variable de alta temperatura (sensación térmica) y humedad.
Hasta la interrupción del sábado se habían jugado 52 minutos sumado a los dos desempates del domingo el cruce Kopriva insumió casi cuatro horas, más precisamente tres horas y 57 minutos lo que se convirtió en el partido más largo en duración de la historia del Río Open; mientras que en la cancha 1, Alejandro Tabilo había superado con facilidad en la otra semifinal al peruano Ignacio Buse por un doble 6-3, en apenas 62 minutos.
Etcheverry había sufrido un enorme desgaste y en algo más de tres horas tenía que estar otra vez en la cancha para disputar la final y teniendo en mente que se encontraba otra vez ante la chance de obtener su primer título de su carrera.
Se jugó la final de dobles, que fue ganada por la pareja brasileña de Fonseca y Melo y tras cartón llegó un ceremonia del torneo. A todo esto, Etcheverry se tenía que reacondicionar físicamente.
Tabilo estaba mejor. Ganó el primer set 6 a 3. El platense como es su costumbre no se entregó y se llevó el segundo 7-6 (3). En el tercero, el chileno presentó molestias físicas. A Etcheverry también se lo notaba cansado, pero se impuso 6-4. Quedó tendido en el piso en medio de la alegría tras más de seis horas que insumieron ambos partidos. “Es el día más feliz de mi vida. Se lo quiero dedicar a mi equipo, mi familia y todos lo que quieren”, dijo en la premiación. Echale la culpa a Río Tomy, porque llegó esa hora tan esperada para poder gritar campeón algo que consiguen muy pocos.
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