FATE, la epidemia que arrastra empresas y el riesgo de un cisne negro autoinfligido

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Leandro Gabin

El caso de FATE no es siquiera la punta del iceberg. La multiplicación de empresas en crisis, desde finales del año pasado y potenciada en este inicio de 2026, es la consecuencia de un modelo económico que no le cierra a varios sectores de la economía. “Esto recién empieza”, se animó a pronosticar un empresario que ya viró a los sectores “ganadores” que propone el libreto libertario y cerró su empresa en 2024. Lo curioso es que quienes podrían seguirle en el cortísimo plazo a FATE, teniendo quizás el mismo camino de desaparición, es cualquiera de sus competidoras directas. Bridgestone y Pirelli, que además tienen precios más caros que FATE, están con los mismos planes.

“No le dan los números tampoco. Yo estuve con ellos el año pasado, están desesperados porque les pasa lo mismo que a las automotrices. Importar de Brasil tiene mucha más rentabilidad que producir acá. A las automotrices les está costando mucho convencer a su casa matriz de no levantar toda la producción de acá, como están haciendo tantas empresas, e importar de Brasil”, contó Federico Poli, director de la consultora Sistémica, uno de los economistas que más conoce el entramado de las empresas.

“EPIDEMIA EN EL SECTOR INDUSTRIAL”

Para el ex jefe de gabinete del Ministerio de Economía bajo la gestión de Roberto Lavagna y ex subsecretario de Pymes, lo que estamos viendo en la Argentina de Javier Milei es una “epidemia en el sector industrial”.

La cantidad de cierres de empresas y de reducciones que hubo el año pasado es conocida. Entre las más resonantes, está Whirlpool, que dejó 220 trabajadores en la calle a finales del 2025, y dejó una planta que se había instalado hacía tres años para exportar. Decidió importar desde Brasil a la Argentina porque no le dan los costos.

Hace días de conoció que una de las textiles más grandes del país también solicitó el concurso preventivo: TN Platex, del zar de la industria textil Teodoro “Teddy” Karagozian, despidió a la mitad de su planta de trabajadores (900 sobre 1.800) y se concursó.

Pero las automotrices están también con problemas. Stellantis adelantó vacaciones a sus empleados y pausó la fabricación en la planta del Palomar hasta marzo. También está complicado por los costos y el ingreso de autos importados desde China y Brasil.

China es un capitalismo de estado, porque tiene subsidios que resultan clave

En esa lista resonante está Techint, que perdió la primera licitación en setenta años a manos de una empresa india; y sectores tan disímiles como una empresa de calzado de La Rioja (Vulcalar, que echó a 80 trabajadores) y una láctea (La Suipachense, que dejó 143 trabajadores en la calle).

Según Fundar, desde que Milei gobierna, cerraron 21.938 empresas en el país. Dicen que observando la evolución de la cantidad de empresas de la Argentina, públicas y privadas, la de Milei es (hasta ahora) la gestión que más empresas cerró: tanto como durante la pandemia.

PRECIOS RELATIVOS, APERTURA Y CHINA

Para Poli, esto es un problema de precios relativos. “Si atrasás el tipo de cambio, tenés que tener la tasa de interés alta para que no se te vayan al dólar y te queden haciendo carry. Y lo otro que tenés es una apertura al mundo cuando todos se están cerrando, cuando todos se están cuidando de los excedentes que China está tirando al mundo y que todos los están frenando. ¿Dónde están los mercados en los que puedo entrar? Bueno, Argentina”, explica.

El director de Sistémica dice que el mix de China, dólar barato, tasas altas y apertura genera un poder de destrucción que “no lo tuviste ni en los setenta con Martínez de Hoz, ni en los noventa con la Convertibilidad”. “Porque China es un fenómeno muy disruptivo. Es un capitalismo de estado, porque tiene subsidios, porque tiene una escala nunca vista. Es otra cosa, no juega con las reglas del capitalismo de mercado”, asegura.

Según Equilibra, la consultora de Martín Rapetti, en la Argentina 16 de 20 sectores que comercian con el mundo perdieron mercado frente a productos extranjeros. El grueso de estos sectores pertenece a la industria manufacturera: desde ropa, telas e hilados, zapatos y carteras; pasando por muebles, juguetes y artículos recreativos; y llegando a autos, camiones, neumáticos y plásticos. En todos esos casos, aumentaron las importaciones hasta 180% y cayó la producción local.

“El anuncio del cierre de la histórica planta de FATE con el despido de 920 operarios en la previa del tratamiento en diputados de la reforma laboral planteada por LLA es una clara señal que el ratio de sacrificio del programa anti-inflacionario oficial es alto y podría transformarse en su principal obstáculo económico y político”, asegura PxQ, la consultora de Emmanuel Alvarez Agis.

Lo que estamos viendo en la micro es lo que pronosticó en mayo de 2025 el economista Ricardo Arriazu: que la economía argentina atraviesa una transición de “destrucción a creación” bajo la gestión de Javier Milei, señalando que la destrucción de sectores “ineficientes” ocurre más rápido que la creación de nuevos, convirtiendo al país en un lugar “caro” y generando riesgos sociales.

Y no se salva nadie: Marengo, la pyme alimenticia de Santa Fe que se hizo viral con sus caramelos que aludían al eslogan presidencial “No hay plata” tuvo que ser vendida en medio de suspensiones sin goce de sueldo y falta de pago de haberes.

EL GOBIERNO NO ACUSA RECIBO

El Gobierno no acusó recibo y muy probablemente no lo haga. El antecedente de FATE es claro: culpar al empresario (Javier Madanes Quintanilla se suma a Paolo Roca, apodado “Don Chatarrín”) por “prebenderio”, “kirchnerista” y demás. Es lo que publicaron los trolls libertarios como el Gordo Dan (que responde a Santiago Caputo) y el director del BICE que se vende en X como “analista jefe del Toto”, Felipe Nuñez.

El mismo Milei retuiteó ambos posteos y otros que iban en la misma dirección. “Empresaurios que se jodan”, repiten en Casa Rosada. Lo curioso es que por ahora el Gobierno no teme un desborde social de los “desplazados” del modelo. Algo que puede cambiar en cualquier momento y más aún porque los casos de las empresas en crisis no son la excepción, sino más bien la regla de los “perdedores” del modelo libertario. ¿Puede ser un cisne negro autoinfligido?

 

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