Tomy y su amigo humano: la historia detrás del chimpancé que marcó una época en La Plata
| 4 de Febrero de 2026 | 19:11
La muerte de Tomy, el histórico chimpancé del Bioparque La Plata, volvió a poner en primer plano una vida que fue mucho más que años de cautiverio. Entre los tantos recuerdos que dejó en la ciudad, hay uno que hoy vuelve a cobrar fuerza: la relación profunda y singular que supo construir con su cuidador humano, una historia que fue contada por el diario EL DIA en enero de 1987.
Tomy había llegado al Zoológico platense el 8 de enero de 1980, con apenas tres años y medio, luego de ser expulsado del circo Tihany por “mala conducta”. A esa edad, cuando todavía transitaba su infancia, comenzó una convivencia que marcaría su vida: el vínculo con Martín Davids, un joven platense que por entonces se desempeñaba como guía voluntario y que con el tiempo se convirtió en su principal referente afectivo.
Lejos de reproducir la lógica circense, Davids apostó a un trato distinto. La nota lo describía como una experiencia “trascendente” con primates, basada en el afecto, la confianza y la convivencia cotidiana. Tomy aprendió a comunicarse, a imitar gestos humanos, a expresar emociones y hasta a manifestar celos cuando percibía una amenaza hacia su “hermano mayor”.
El artículo relataba escenas que hoy resultan impensadas: abrazos, caricias, sonrisas, miradas cómplices. “El abrazo, el transporte, la caricia del labio inferior en el dedo”, enumeraba la crónica como parte del lenguaje compartido entre ambos. Tomy respondía con gestos faciales, abría la boca en lo que parecía una sonrisa y mostraba los dientes en señal de amistad.
Esa relación también expuso, ya en los años 80, una preocupación que hoy atraviesa el debate sobre el bienestar animal. La nota advertía sobre los efectos del cautiverio, el desequilibrio emocional, el aburrimiento y la necesidad de estímulos para una especie altamente inteligente y sensible.
Tomy no fue solo el chimpancé que un día se escapó del Zoológico o el animal que acompañó a generaciones de visitantes. Fue también el protagonista de una historia de vínculos, aprendizajes y contradicciones de una época en la que el trato hacia los animales empezaba a ser cuestionado.
Hoy, a los 49 años, su muerte cierra una vida atravesada por el contacto humano, el encierro y el afecto. Y deja como legado no solo recuerdos imborrables, sino también preguntas que siguen vigentes sobre cómo convivimos con otras especies y qué lugar les damos en nuestra sociedad.
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