El manual bilardista de Milei para interferir en el Indec y las dudas por la economía 2026

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Leandro Gabin

eleconomista.com.ar

Si bien el Indec-Gate es un tema cerrado para el oficialismo, no lo está del todo. La poca coordinación entre los mismos funcionarios del Gobierno que operaban para un lado y el otro hizo que se escucharan discursos muy distintos y explicaciones incoherentes. Mientras que Luis Caputo repetía que la relación del Gobierno con el saliente Marco Lavagna era buena (“se fue en condiciones amigables”, dijo) y amagó con mostrar un supuesto mensaje respaldando esa idea, otra parte del oficialismo operó (poniendo como fuente al mismo Presidente) que el ex titular del Indec era un infiltrado de Sergio Massa y que quería lanzar un IPC “mal hecho” para “dañar al Gobierno”. Obviamente, ambas cosas no pueden ser ciertas.

Lo concreto es que el elenco libertario abortó el plan de lanzar un IPC con una canasta más actualizada que la actual. Caputo confirmó que nunca verá la luz, con lo cual la sensación de que la inflación que se mide en la Argentina no es representativa de lo que pasa en la realidad se mantendrá. Hay que aclarar: nadie dice que el indicador esté “truchado” como hizo Guillermo Moreno durante el 2007-2015.

Pero Milei frenó la publicación con la metodología que actualizaba los consumos de los argentinos al 2018. Al menos, iba a ser más representativo de lo que pasa ahora que mantener la actual que data de 2004. Caputo incluso dijo que el Gobierno va a proponer hacer una nueva encuesta luego de que termine el proceso de desinflación. Lo que no dice el ministro es que elaborar otra encuesta y medirla llevará años. Quizás dos, quizás tres.

Por ende, aunque el oficialismo empiece mañana a trabajar sobre una nueva canasta que represente más el consumo de los hogares, ese índice estará listo para ver la luz pasado este mandato libertario. ¿No era mejor tener un IPC con los hábitos de consumo del 2018 que llegar a casi a 2030 con la canasta de 2004? La respuesta es obvia, excepto para Milei.

Lo que jugó es el bilardismo libertario, algo ya conocido. El Presidente ya se había definido como “bilardista hasta la médula” y repite la máxima que reza: “Dentro de la cancha vale todo lo que permite el reglamento”. Claro que frenar la presentación del nuevo IPC está en el “reglamento” porque después de todo, el Indec no es un organismo independiente.

El Presidente aprovechó ese vacío legal para ahorrarse un dolor de cabeza que hubiera sido una inflación quizás más alta por la más elevada ponderación de los servicios (tarifas, alquileres, prepagas, etc.). Como dijo Martín Rozada, el econometrista de la Di Tella, lo que pasó fue una “interferencia política” en el Indec.

El 2026 arrancó bien en lo financiero pero no tan bien en la economía real. El BCRA acelera la compra de dólares en el mercado, algo que le pedían a gritos en 2025 y el Gobierno (canchereada aparte) no hizo, y durante enero hubo una bonanza en la Bolsa con el riesgo país en torno a los 500 puntos. La sensación es que el mercado vive una realidad completamente distinta de la calle, donde las empresas plantean un 2026 con muchas dudas y desafíos enormes.

Un banquero privado, de una entidad que tiene lazos con las principales compañías del país (sean grandes o medianas), planteó el escenario macro. “Están (las empresas) viendo cómo ajustar. Si tienen que echar gente, lo van a hacer. No hay, en términos generales, una sensación de que este año la economía despega”, afirmó.

Y puntualizó las razones:

- “Sectores como el agro, petróleo y minería viven una realidad aparte. Esos van a andar bien, van a invertir y van a contratar personal”.

- “El resto de los sectores está muy justos. No ganan plata, o muy poca, y la única que les queda es ajustar costos. En ese sentido los empresarios piensan que 2026 va a ser un año de estancamiento, al menos en los primeros dos trimestres”.

- “El problema es que los sectores ganadores son pocos y los que pierden son muchos. Y esos son los que más riesgo de perder empleo tienen. Recordemos que venimos de un 2025 que tampoco fue bueno. La segunda mitad del año fue de estancamiento y se creció por el rebote post-2024. Pero la economía no crece hace mucho”.

Coincide, lo que le dijeron estos empresarios al banquero privado, con la visión de Carlos Melconian. El economista recuerda que el mayor problema que tiene el Gobierno es que la mitad del PBI, muy vinculado a construcción, industria y comercio, en ese orden, está muy por debajo de 2023 y 2011.

“Entonces, ahí tiene un conflicto, porque todo ese sector que es la mitad del PBI no se siente. Hay otros sectores, los que están de moda -energía, extractivos, minería- que es muy poquito del PBI, que están muy arriba en el índice. Entonces esos han ayudado. Pero la sensación de llegada hacia la gente es muy menor. Además, la dinámica de estos procesos es lenta, entonces no hay un trabajador del conurbano que se traslade a Añelo”, dice Melconian.

Santiago Bulat, economista de Invecq, plantea un escenario mediocre para el crecimiento este año. Si bien el consenso de Latin Focus (que mide consultoras y bancos del exterior) está en torno al 3% (menos del 5% puesto en el presupuesto por parte del oficialismo), ellos tienen un 2% de expansión en 2026.

Lo afirman porque el año pasado dejó un arrastre estadístico prácticamente nulo —en torno al 0,1%—, por lo que proyectan para 2026 una expansión del nivel de actividad del orden del 2%. “Se trataría de un crecimiento moderado, pero crecimiento al fin”, dice la consultora.

Pero destacan que el crecimiento aún moderado resultaría exigente en términos de dinámica: alcanzar una expansión anual del 2% requeriría un avance promedio de 0,75% por trimestre (aproximadamente 0,2% mensual), un ritmo superior al observado en los últimos años (desde 2022 el crecimiento trimestral promedio fue cercano al 0,3%).

“Aún bajo un escenario de rebote excepcional —comparable a un año particularmente favorable como 2017, cuando el crecimiento trimestral promedio rondó el 1,1%—, el crecimiento de 2026 difícilmente superaría el 3%, lo que permite interpretar ese valor como un techo plausible para este año”, advierte Bulat.

El año recién comienza y excepto la mejora financiera, ahora puesta en tela de juicio por un febrero desafiante para las Bolsas del mundo, la economía de Milei no parece mostrar que arranque. Todavía Caputo le echa la culpa al “ataque político” de las elecciones que, curiosamente, el oficialismo ganó (y bien). Será clave que, en medio de las dudas, no se pinche la bonanza financiera para la Argentina: la única indiscutible en el inicio del 2026.

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