Un ciclo lectivo que comienza bajo señales de alerta
Edición Impresa | 9 de Febrero de 2026 | 02:00
El inicio del calendario académico 2026 en la Universidad Nacional de La Plata aparece atravesado por una señal que invita, al menos, a la reflexión. El paro y la movilización convocados para este miércoles 11 de febrero por sectores docentes anticipan un comienzo de año con tensiones que remiten inevitablemente a lo ocurrido durante el ciclo anterior. No se trata de un episodio aislado, sino de un dato que despierta inquietud en una comunidad educativa que viene de atravesar un período de fuerte conflictividad.
Durante 2025, la sucesión de paros y jornadas de protesta impactó de manera concreta en la continuidad de las clases tanto en colegios como en facultades de la UNLP. Más allá de las razones que originaron cada medida —muchas de ellas vinculadas a discusiones salariales y presupuestarias de alcance nacional—, lo cierto es que la acumulación de interrupciones dejó una marca en la vida académica. Calendarios ajustados y una sensación persistente de inestabilidad formaron parte del paisaje educativo del año pasado.
En ese contexto, el anuncio de nuevas medidas de fuerza antes incluso de que el ciclo lectivo entre en ritmo pleno abre interrogantes sobre lo que puede ocurrir en los próximos meses. La universidad pública, por su dimensión social y por el rol que ocupa en la formación de miles de jóvenes, necesita previsibilidad. Cada jornada perdida no se mide únicamente en horas de clase, sino también en oportunidades que se postergan y en trayectorias educativas que se vuelven más frágiles.
Los reclamos del sector docente —relacionados con el financiamiento universitario y la recomposición salarial— forman parte de debates legítimos en un escenario económico complejo. Nadie desconoce la necesidad de discutir cómo sostener y fortalecer el sistema educativo. Pero al mismo tiempo, la experiencia reciente demuestra que la prolongación de los conflictos termina generando efectos que trascienden a quienes protagonizan la disputa y alcanzan de lleno a estudiantes y familias.
El paro anunciado para esta semana “en rechazo a la reforma laboral”, pero que tiene como fondo la búsquedas de la reapertura de paritarias “para discutir una recomposición salarial”, aparece como un recordatorio temprano de que la estabilidad del sistema educativo no está garantizada por inercia. Dependerá de la capacidad de los distintos actores de construir acuerdos que prioricen, junto con los reclamos sectoriales, el derecho de los estudiantes a un calendario académico previsible.
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