Bailar en el agua: tendencia en La Plata para no dejar de moverse

Distintos grupos de vecinos de la Ciudad que hacen baile y zumba durante todo el año ahora se juntan para hacer gimnasia, pero en la pileta. Una organización comunitaria para hacerle frente al calor

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En las calurosas del verano platense, una escena empieza a repetirse lejos de los gimnasios y los salones cerrados. En piletas de quintas, casas particulares y clubes de barrio, distintos grupos de vecinos se meten al agua no solo para refrescarse sino también para seguir bailando, moverse y sostener una rutina que no se toma vacaciones.

La música suena desde un parlante apoyado en una reposera y, dentro de la pileta, personas de todas las edades marcan pasos de zumba, ritmos latinos y ejercicios adaptados, con el agua como aliada frente al calor extremo que azota a la Ciudad.

La tendencia crece especialmente entre quienes durante el año participan de clases de baile y actividad física en clubes y gimnasios, y que en los meses de verano buscan alternativas para no perder el ritmo hasta el regreso de las actividades formales.

En ese contexto, el agua se vuelve refugio y escenario a la vez: amortigua impactos, baja la temperatura corporal y permite sostener el movimiento sin resignar disfrute. Pero detrás de esa postal fresca hay algo más profundo que el simple entrenamiento estival.

GIMNASIO PARA MAYORES DE 50 AÑOS

Guillermina Negro, fundadora del Gimnasio para mayores de 50 años, especialista en Gerontología y profesora de Educación Física, lo vive en primera persona con su grupo de alumnas y alumnos.

Su programa incluye clases de gimnasia, baile latino, fiestas y salidas grupales, y este verano sumó una variante que nació casi sin planearse. “Debido a que en el Club Circunvalación, nuestra sede, aún no contamos con pileta, dentro del programa de salidas grupales de manera espontánea surgió juntarnos en diferentes piletas a pasar el día”, cuenta.

No se trata de una sola pileta fija, sino de una especie de cadena solidaria: quintas y casas particulares que pertenecen al propio alumnado y que se van turnando como anfitrionas.

Las jornadas arrancan al mediodía y se estiran hasta que cae el sol. Hay almuerzo, merienda, charlas largas y, claro, baile dentro del agua.

“Pasamos juntos desde el mediodía hasta que oscurece. Cada una lleva algo para comer y tomar y compartimos todo”, relata Negro, que subraya que todos los que participan son alumnos de su gimnasio y socias del Club Circunvalación.

Otros grupos en la Ciudad

En Los Hornos y en otros puntos de la Ciudad, grupos de mujeres y hombres cambian el salón por la pileta y convierten el agua en pista de baile. No es solo una estrategia para refrescarse: es una forma de sostener el movimiento, el encuentro y la alegría que propone la zumba incluso en vacaciones, cuando muchos gimnasios bajan la persiana o reducen su actividad.

Otra de las impulsoras de esta movida es María Vélez Terrazas, ingeniera civil que hace años decidió volcarse de lleno al mundo del baile a partir de una necesidad personal y que hoy enseña fitness dance y zumba para todas las edades en Los Hornos, además de dictar clases de zumba gold en la zona de 7 entre 61 y 62. Desde su experiencia, la pileta aparece como un espacio natural para trasladar esa lógica festiva que caracteriza a la disciplina. “La idea de reunirnos en piscinas lo hacemos para divertirnos y bailar, que es lo que todas disfrutamos”, resume.

Las juntadas no se limitan a una clase tradicional adaptada al agua. Muchas veces funcionan como verdaderos eventos sociales, con excusas que van desde cumpleaños y despedidas hasta festejos de carnaval. Vélez Terrazas lo explica con sencillez: siempre que el grupo se reúne, se baila. “En los grupos de zumba esto nos apasiona”, afirma, y no hace falta demasiado más para entender por qué la convocatoria crece. La música, el agua y el movimiento arman una combinación difícil de resistir cuando el termómetro supera los 30 grados.

Pero detrás del clima de fiesta hay también una búsqueda consciente de bienestar. La profesora destaca que estas reuniones apuntan a incorporar hábitos saludables que van más allá del rato de actividad física. “Después de toda actividad física deberíamos cuidar nuestros hábitos alimenticios”, señala, y recomienda una hidratación abundante y una alimentación sin azúcares, sal ni harinas refinadas. El baile, en ese sentido, es la puerta de entrada a un cuidado más integral del cuerpo.

SE SUMAN ADEPTOS

La convocatoria fue creciendo con rapidez: de las ocho personas de la primera juntada pasaron a ser veinte en pocas semanas, impulsadas por el entusiasmo colectivo. “Hoy feliz somos 20 y tal vez más”, dice, casi con asombro.

Las piletas se reparten por distintos puntos de la ciudad y la periferia. Un día en Villa Elvira, otro en Olmos, siempre con la lógica del encuentro y no de la clase estricta. Aunque hay movimiento y baile, el objetivo principal no es la corrección técnica sino el estar juntos. Negro lo explica sin rodeos: en su caso, el plan surge “más que nada con el objetivo de socialización y conocer un poquito más al prójimo”. Y lo que rescata de cada encuentro es que “se afianzan los vínculos humanos y el grupo se fortalece”.

Esa idea atraviesa todo su trabajo. A lo largo del año, además de las clases regulares, el gimnasio organiza fiestas en la sede de calle 7 entre 77 y 78, celebraciones por fechas clave como la primavera, el Día del Jubilado, el aniversario del gimnasio —que este año cumple 20— y salidas grupales a eventos de distintos clubes de la ciudad. Para marzo ya está programando un viaje por el Día de la Mujer a una estancia, y para carnaval planean una jornada de pileta con disfraces y desfile incluido. Muchas de esas propuestas, aclara, surgen del propio alumnado, que va tirando ideas y empujando nuevas experiencias.

En el trasfondo de estas actividades aparece una mirada integral sobre el cuerpo y el paso del tiempo. Para la profesora Guillermina, las propuestas grupales son mucho más que un complemento recreativo. “A mi criterio, las actividades grupales son mucho más motivadoras y hacen que el alumno perdure en el tiempo en un programa de actividad física”, afirma. Pero su enfoque va más allá del ejercicio: busca encarar a la persona adulta “desde lo físico, lo psíquico y lo social, como un todo”.

En esas edades, señala, es habitual encontrarse con personas en situación de soledad. Participar de encuentros como estos, dentro o fuera del agua, puede significar un quiebre profundo en la rutina cotidiana. “Generarles un cambio de vida, un volver a vivir, como he escuchado de muchos de ellos”, resume. Es, en definitiva, conectarse con los años que tocan vivir y disfrutarlos desde un enfoque amplio, completo y saludable.

Alegría y espontaneidad

Según María Vélez Terrazas, la organización de los encuentros es tan actual como espontánea. Todo se coordina a través de redes sociales, donde se define el lugar, el horario y la temática de cada reunión. Esa dinámica flexible permite que las propuestas se adapten al ritmo del grupo y a las posibilidades de cada verano. Y aunque el entorno cambie —clubes, piscinas privadas o piletas de barrio—, hay algo que no se negocia: la música y el baile siempre están.

En ese marco aparece una disciplina que gana cada vez más adeptos: el aquazumba. Vélez Terrazas la define sin rodeos: “Es una clase de ejercicios con pasos de zumba, con movimientos dentro del agua. En resumen, bailás zumba dentro de la piscina”. La diferencia está en el impacto y en las sensaciones. El agua reduce la carga sobre las articulaciones, pero al mismo tiempo suma resistencia, lo que permite quemar calorías y tonificar sin exigir de más al cuerpo. Para practicarla, aclara, no se necesita nada sofisticado: malla y muchas ganas de bailar y divertirse.

Esa accesibilidad explica por qué el aquazumba resulta ideal para personas de todas las edades y condiciones físicas. Es una opción especialmente valorada por quienes tienen lesiones leves, problemas articulares, por embarazadas o por quienes quieren hacer ejercicio sin sentirlo pesado. En sus clases conviven generaciones muy distintas: su grupo de alumnas va desde los 15 hasta los 70 años, un abanico que rompe con la idea de que el baile o la actividad física intensa tienen un límite etario.

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