Fuego latino en el Super Bowl: Bad Bunny le mandó un mensaje a Trump

En tiempos de ICE, el boricua apostó a que la música hablara en el tradicional show de medio tiempo de la final del fútbol americano, el corazón del deporte estadounidense

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“Qué rico es ser latino”: así comenzó el show de medio tiempo del Super Bowl, la final de la liga de fútbol americano que enfrentó a los Seahawks y los Patriots, y que tuvo a Bad Bunny como protagonista del entretiempo. Era todo un acontecimiento: un show con sabor exclusivamente latino, sin disimulos, en medio del principal escenario del deporte y el espectáculo latino, justo cuando el ICE de Donald Trump persigue a los inmigrantes que hicieron de Estados Unidos un crisol de razas.

Y Bad Bunny aprovechó el escenario: todo comenzó co esa frase, y siguió con un cartel donde se leía, en español, “El espectáculo de medio tiempo del Super Tazón”. Nada de Super Bowl: Super Tazón.

Lo que siguió fue un show completamente latino, completamente en castellano, salvo por la participación de Lady Gaga durante un breve lapso. Ya hubo latinos en el corazón del deporte estadounidense: estuvieron Shakira y Jennifer Lopez (allí había sido invitado Bad Bunny, en una de las primeras ofensivas de la NFL en busca de audienca latina), también Gloria Estefan, la Miami Sound Machine... pero ningún show apeló tan poco a los anglófilos, al corazón conservador de Estados Unidos, como el de Bad Bunny, que fue puro reguetón, guiños a la música caribeña y canciones en boricua.

El mensaje ya se enviaba desde la previa, claro: desde la decisión de llevar al conejo malo al entretiempo, un momento emblemático de cada año calendario estadounidense. Es la final del principal deporte de Estados Unidos, el más taquillero. También ha sabido ser un deporte de alma conservadora.

Allí se plantó Bad Bunny, contratado por la NFL por una cuestión económica más que política (quieren ampliar su base de fans latinos, millones de personas en Estados Unidos y en los alrededores). Y aprovechó la plataforma.

Comenzó con todo, un arranque explosivo repleto de referencias al mundo latino (piraguas, agua de coco, tacos, boxeadores, en un show donde el escenario era una especie de plantación de vegetación caribeña). Y, claro, con mucho perreo: de hecho, una de las primeras canciones que sonaron en el estadio de Santa Clara, California, fue “Yo perreo sola”, antes de cantar “Voy a llevarte para PR”, de su nuevo disco, y de lanzar un guiño para Daddy Yankee con “Gasolina” antes de “EeO”.

Después vino, por un ratito, Lady Gaga, por un ratito el inglés: cantó “Die with a smile”, su canción con Bruno Mars, pero en una versión con sabor caribeño, y luego dejó el escenario para el regreso de Benito Antonio Martínez Ocasio, que cantó “Baile inolvidable” y “Nueva Yol”.

Hasta allí los gestos políticos estaban implícitos: la celebración de lo latino y boricua, la apuesta por el amor y la diversión en comunidad antes que por los mensajes de odio que vienen proliferando en Estados Unidos y el mundo, las canciones en castellano. Pero entonces, la sorpresa de la noche: apareció Ricky Martin, otro boricua global, para cantar un pedacito de “Lo que le pasó a Hawaii”. El pedacito justo: “Quieren quitarme el río y también la playa, quieren al barrio mío y que abuelita se vaya. No, no suelte’ la bandera ni olvide’ el lelolai. Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái”.

Para cerrar, Bad Bunny plantó bandera, literalmente, y cantó “El apagón”: “Puerto Rico está bien cabrón” y “ahora todos quieren ser latino pero les falta sazón” lanzó para quien quiera escuchar, antes de sacar al estadio todas las banderas de América, el continente. “God Bless America”, lanzó, y cerró con un “seguimos aquí” mientras todo el mundo cantaba su hit “DTMF”. ¿Estaría escuchando Donald Trump.

 

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