El agua podría ser un nuevo frente de batalla
Edición Impresa | 10 de Marzo de 2026 | 03:20
En Medio Oriente, una región marcada por la escasez hídrica, el agua podría convertirse en un nuevo frente de batalla. Aunque los ataques contra infraestructuras de abastecimiento han sido históricamente poco frecuentes, recientes bombardeos contra plantas de desalinización encendieron las alarmas sobre un riesgo que hasta ahora parecía marginal.
Una planta desalinizadora en Bahréin sufrió daños el domingo tras un ataque con drones atribuido a Irán, según denunciaron las autoridades locales. La acusación llegó apenas un día después de que Teherán afirmara que una instalación similar en la isla iraní de Qeshm había sido blanco de un ataque que afectó el suministro de agua de unas 30 localidades.
Por ahora se trata de incidentes aislados, pero los expertos advierten que la escalada podría tener consecuencias devastadoras. “El primero que se atreva a atacar el agua desencadenará una guerra mucho más destructiva que la actual”, alertó la economista Esther Crauser-Delbourg, especialista en recursos hídricos. La advertencia no es menor. Medio Oriente concentra cerca del 42% de la capacidad mundial de desalinización, según un estudio publicado en la revista Nature. En varios países del Golfo, el agua potable depende en gran medida de estas plantas: el 42% del suministro en Emiratos Árabes Unidos proviene de ellas, mientras que en Arabia Saudita alcanza el 70%, en Omán el 86% y en Kuwait cerca del 90%. “Sin agua desalinizada, allí no hay nada”, resume Crauser-Delbourg. Las grandes ciudades del Golfo, como Dubái o Riad, dependen casi por completo de estas instalaciones para sostener su crecimiento urbano y económico.
La vulnerabilidad de estas infraestructuras no es nueva. Un informe de la CIA de 2010 ya advertía que la interrupción de las plantas desalinizadoras podría tener consecuencias más graves que la pérdida de cualquier otra industria en la región. Incluso un cable diplomático revelado por Wikileaks señalaba que Riad podría necesitar ser evacuada en apenas una semana si la gigantesca planta de Jubail quedaba fuera de servicio.
Ante la creciente tensión regional, varios países reforzaron la seguridad en torno a estas instalaciones. En algunos casos se desplegaron baterías de misiles para protegerlas de drones o proyectiles.
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