Argentina fuera de la OMS: qué pierde y qué gana el país al salir
Edición Impresa | 18 de Marzo de 2026 | 00:36
Argentina concretó ayer su salida de la Organización Mundial de la Salud, una decisión de alto impacto que redefine su lugar en la arquitectura sanitaria global y abre interrogantes sobre sus efectos a mediano y largo plazo.
El anuncio lo hizo el canciller Pablo Quirno en la red social X. “Hoy se hace efectivo el retiro de la Argentina de la OMS al cumplirse un año de la notificación formal realizada por nuestro país. De conformidad con lo establecido en la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, esta acción se produce un año después de realizada esa comunicación”, explicó.
El proceso se había iniciado en febrero de 2025, cuando el gobierno de Javier Milei decidió abandonar el organismo. La medida se conoció pocos días después de que el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, adoptara una decisión similar, en un contexto de fuertes cuestionamientos al rol de la OMS durante la pandemia.
QUÉ CAMBIA PARA LA ARGENTINA
El principal efecto de la salida es la pérdida de participación directa en los espacios donde se diseñan políticas sanitarias globales. Esto implica quedar fuera de ámbitos de coordinación ante pandemias, marcos regulatorios internacionales y redes de innovación en salud.
Así lo resaltó el exministro de Salud Adolfo Rubinstein: “Salir de la OMS para un país implica estar fuera de las políticas sanitarias globales, marcos regulatorios y el Reglamento Sanitario Internacional, la preparación coordinada para pandemias, las innovaciones; también, ser parte de la agenda sanitaria mundial con alguna influencia mínima”.
En términos concretos, el país resigna capacidad de incidencia —aunque limitada— en decisiones globales y reduce su integración en sistemas de cooperación técnica a escala mundial.
Desde el Gobierno sostienen sin embargo que el impacto de la medida será acotado. Aseguran que la salida “no compromete ningún programa de salud nacional” y remarcan que la cooperación continuará por otras vías, especialmente a través de la Organización Panamericana de la Salud.
Al defender la decisión, el ministro de Salud, Mario Lugones, señaló que ésta “pone en primer lugar la salud de los argentinos y la capacidad del país de definir sus propias políticas sanitarias”. Además, cuestionó el accionar del organismo internacional durante la pandemia de Covid y sostuvo que sus recomendaciones estuvieron influenciadas por criterios políticos.
En esa línea, el Gobierno había sido especialmente crítico con las medidas de aislamiento social impulsadas desde la OMS: “Las cuarentenas provocaron una de las mayores catástrofes económicas de la historia mundial y, acorde al Estatuto de Roma de 1998, podría catalogarse como un delito de lesa humanidad”.
“La evidencia indica que las recetas de la OMS no funcionan porque son el resultado de la influencia política, no basadas en la ciencia”, afirmaron también desde el gobierno de Javier Milei.
CONTINUIDADES Y LÍMITES
Uno de los ejes centrales del nuevo esquema es la continuidad del vínculo con la OPS, que canaliza buena parte de la cooperación regional, incluida la compra de vacunas y medicamentos a través de mecanismos conjuntos que abaratan costos.
Esto permite mantener operativos aspectos clave del sistema sanitario sin depender directamente de la OMS. Sin embargo, especialistas advierten que ese esquema no reemplaza completamente la inserción global, sobre todo frente a desafíos que exceden el plano regional.
El hecho es que la decisión genera cuestionamientos desde distintos sectores políticos y sanitarios. Para el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, “la decisión nos aleja de la cooperación internacional en un tema tan sensible como la salud pública. En un mundo donde los países trabajan en conjunto para prevenir y enfrentar crisis sanitarias, elegir el aislamiento es retroceder”.
Otras voces señalaron que la participación en organismos multilaterales permite incidir —aunque sea de manera acotada— en la agenda global y acceder a redes de conocimiento y coordinación.
Con la salida ya formalizada, el efecto inmediato parece limitado en términos operativos. Pero el cambio de fondo es otro: la Argentina deja de ser parte del sistema que define las reglas sanitarias globales. A partir de ahora, esas decisiones seguirán existiendo, pero el país deberá evaluarlas desde afuera, sin voz propia en la mesa donde se discuten.
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