Lo que el aislamiento nos dejó: a seis años del inicio de la cuarentena
Edición Impresa | 20 de Marzo de 2026 | 02:08
A seis años del inicio de la cuarentena por Covid-19, muchas de las escenas que marcaron aquella etapa parecen hoy parte de otra vida. Mantener distancia, evitar abrazos, saludar con el puño o dejar de compartir el mate fueron hábitos que se instalaron de golpe y modificaron la cotidianeidad. Con el paso del tiempo, la mayoría de esas prácticas se relajaron, pero las huellas siguen ahí: en los recuerdos y en las marcas que todavía persisten en la Ciudad.
Esas marcas aparecen en detalles que pasan desapercibidos para muchos: señalizaciones de distanciamiento aún visibles en bancos y supermercados, viejos avisos de “uso obligatorio de barbijo” pegados en puertas de vidrio, o locales que nunca volvieron a abrir tras aquel parate abrupto. También quedan rastros más silenciosos, como cambios en la forma de habitar los espacios públicos, trámites que se volcaron a la virtualidad o el teletrabajo, transformaciones que, casi sin notarlo, terminaron por quedarse.
Sin embargo, el Covid no es solo memoria. “El SARS-CoV-2 se convirtió en un virus endémico. Sigue causando casos durante todo el año, incluso muertes”, advirtió la infectóloga Silvia González Ayala quien remarcó la importancia de sostener la vacunación anual y no descuidar las medidas básicas de prevención que se fueron perdiendo con el tiempo.
“La gente ya se olvidó y la rueda del mate hace rato que está restablecida”, apuntó la especialista y recomendó evitar compartir mate, lo mismo que tomar de botellas o latas compartidas. Además se debe extremar las medidas de higiene como “el lavado de manos con agua y jabón. Si se estornuda hay que toser sobre el pliegue del codo, a los pañuelitos descartables hay que descartarlos y lavarse las manos después, porque si la descarga nasal es importante el pañuelito puede humedecer las manos y todo lo que se toca facilita la diseminación del virus que puede persistir durante muchas horas, por ejemplo, en un picaporte”, destacó.
En esa línea subrayó que, además, el Covid convive con otros virus que circulan durante todo el año, como gripe, adenovirus o virus sincicial respiratorio. “Las manifestaciones clínicas son similares y muchas veces no se distingue cuál es el virus sin un estudio específico”, expuso y se lamentó: “La realidad es que ha bajado muchísimo la cantidad de estudios por cuadros respiratorios que se hacen”.
Síndrome de la cabaña
Pero las secuelas de la pandemia no son solo sanitarias. “Quizás sea personal o confluyan factores, pero las reuniones sociales no son las mismas, ni frecuencia ni en cantidad. Como si nos hubiésemos puesto más selectivos entre amigos y familiares”, opinó ayer, en la calle, José. Las sospechas del vecino indican que, el aislamiento dejó marcas. El psicólogo Mel Gregorini señaló que los principales efectos fueron “desolación, angustia y mucha ansiedad”. Se sumó un cambio de hábitos, con una mayor preocupación por la limpieza y la higiene.
También se registró un fuerte aumento de consultas por el llamado “síndrome de la cabaña”: un estado asociado a la dificultad para retomar la vida social después de largos períodos de aislamiento, con sensaciones de angustia, ansiedad o incluso miedo a salir. Aunque no se trata de una patología clínica formal, sí refleja una reacción frente al encierro prolongado y al temor al contagio. “La gente se empezó a sentir muy sola, muy triste. Hubo una pandemia de soledad e incertidumbre”, resumió Gregorini.
Los adultos mayores fueron el grupo más afectado. “El encierro los limitó en algunos aspectos y frustró más que nada el horizonte de vida que tenía ahí donde hubo un cambio muy notorio” opinó el psicólogo y consideró que en adolescentes y adultos el impacto fue menor, aunque también se registraron dificultades para reanudar rutinas y reconstruir la vida social. Sin embargo, la percepción social parece haber cambiado. “Ya no tiene tanta vigencia lo que pasó. Cuando la gente piensa en una próxima pandemia, no quiere saber nada con el encierro, pero no es algo que esté tan presente en el día a día”, cerró el especialista.
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