“Las vis cómica”: la tragedia del arte
Edición Impresa | 20 de Marzo de 2026 | 03:06
“La vis cómica”, la pieza de Mauricio Kartun, da inicio mañana a su séptima temporada: la obra próxima a cumplir 400 funciones, se podrá ver los sábados a las 19.30 en la Sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543, Buenos Aires, y sigue a la inefable compañía teatral de Angulo el malo, que desembarca en la Buenos Aires virreinal ‒embarrada y contrabandista‒, buscando nuevas plazas para su repertorio. Pero no hay corral de comedias en la ciudad, la plaza no es pública y otro elenco de indecorosos improvisados acapara la tolerancia del Cabildo. Los artistas en las entretelas piojosas de una corte de oropel.
Kartun toma del Quijote a la funambulesca compañía y a su director Angulo. Y de las comedias ejemplares cervantinas a Berganza, su perro farandulero, para mirar a su través ese vínculo a menudo ruinoso entre el arte y el poder.
Todo transcurre en cinco jornadas, contado por un perro dramaturgo que observa cómo, ya en el Virreinato, el arte estaba destinado a malvivir, a sobrevivir mendigando o “transando”: “¿Hasta dónde el arte debe resignar su libertad para aceptar la ayuda del poder? ¿Hasta dónde el poder manipula al artista sabiendo de su necesidad?”, se pregunta Kartun. Entonces, agrega, no es que su pieza se haya adelantado a un tiempo donde la relación conflictiva entre arte y poder queda de manifiesto, sino que, simplemente, es un tema aparentemente eterno: la tensión entre el arte y el poder.
“Basta leer en el entrelíneas de los textos clásicos para encontrar hasta qué punto está presente el conflicto entre el dinero y el arte: cualquiera que lea el final de ‘Romeo y Julieta’ encontrará la necesidad de Shakespeare de tener que blanquear su relación con el reino, con la corona, siendo que la obra en realidad es muy impiadosa para con el sistema de la época. Por un lado, Shakespeare crea una obra incorrecta, y por el otro lado se saca el sombrero con respeto frente al príncipe en la última escena. Firuletes, esquives”, afirma el prolífico dramaturgo que ha escrito desde 1973 hasta la fecha cerca de treinta obras teatrales entre originales y adaptaciones.
La obra es “una tragedia”, la define: la compañía de “La vis cómica” tiene el sueño de cruzar el océano y hacerse la América, pero ese sueño deviene pesadilla.
“Es una situación universal del artista. Marx tiene una frase que me apasiona: ‘El artista no solo crea un objeto para el sujeto, crea también un sujeto para el objeto’. El arte crea también a su espectador. Crear espectadores, crear aquellos que nos vayan a ver y disfrutar con lo que uno hace, es parte del trabajo del artista: el artista no solo se adapta al gusto del espectador, está creando espectadores siempre. Y esa búsqueda nos lleva a veces a circuitos insólitos en busca de ese espectador ideal”, afirma Kartun.
Ahora, es una tragedia que hace uso del humor. Todo el tiempo. “La vis cómica” “es una tragedia si uno la piensa en términos de su mecanismo clásico: alguien avanza hacia su destrucción empujado por su pasión. Una definición tipo. Pero, por supuesto, pasado a los códigos del humor que la hacen soportable. Pero, la verdad, yo no puedo escribir sin humor”, afirma Kartun. “No es solo un recurso, una manera de ofrecerle al espectador algo que demanda, es parte inseparable de la idiosincrasia de uno como artista”.
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