Salvaje amenaza para que desocupen una propiedad

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Un hombre de 40 años denunció un gravísimo episodio de violencia que incluyó amenazas, golpes y disparos. El hecho ocurrió en las últimas horas en su domicilio de las calles 176 y 501, en Melchor Romero.

Según consta en la presentación, la víctima fue sorprendida por cuatro hombres que descendieron de dos camionetas (una blanca y otra roja) para atarla de pies y manos a un árbol. En todo momento le exigían que abandone la casa que ocupa hace más de una década. Y para eso intentaron infundirle temor. La locura llegó cuando lo rociaron con nafta y le efectuaron varias detonaciones al lado de su cuerpo.

Los agresores son conocidos por sus actividades de dudosa legalidad.

Durante el ataque, siempre a decir del damnificado, los delincuentes le hicieron saber de sus planes: “Te vamos a matar si no te vas de acá, y ahora vamos a agarrar a tu hermano y a tu familia y le vamos a hacer lo mismo”.

Todavía no sabe cómo, pudo desatarse y escapar corriendo hacia una vivienda lindera para pedir auxilio. Los intrusos, al verlo, se dirigieron a la puerta de su casa, prendieron fuego un colchón y lo arrojaron hacia el interior con el objetivo de quemar todo. Posteriormente huyeron.

Alertado por el 911, personal policial arribó al lugar, controló la situación y trasladó al denunciante a la seccional para formalizar la exposición.

Al parecer, quienes intentan apoderarse del inmueble serían hermanos del titular dominial, pero que habría optado por dejárselo a un tercero.

El denunciante cree que como posee información sensible que compromete a las personas que se presentaron salvajemente en su domicilio, buscan callarlo.

Serían residentes de la zona y se tomaron el tiempo de levantar todas las vainas que habían quedado esparcidas por la escena.

El caso genera fuerte preocupación entre vecinos por el grado de violencia ejercido y reaviva el debate sobre la inseguridad en distintos puntos de la Ciudad.

Es que, cuando los conflictos empiezan a resolverse “por la ley del más fuerte”, lo que aparece es un quiebre del orden básico: las reglas dejan de ser las institucionales y pasan a ser impuestas por quien tiene más capacidad de meter miedo.

En ese vacío, algunos actores -individuales o grupos- comienzan a imponer control mediante amenazas, golpes o incluso el uso de armas, reemplazando los canales legales por mecanismos de intimidación directa.

Este tipo de dinámicas es común en conflictos por tierras, viviendas, deudas, actividades ilegales o disputas personales, donde una de las partes decide avanzar por fuera de la ley. También puede escalar cuando hay antecedentes de violencia o vínculos con economías informales o delictivas.

El problema es que, una vez instalada esta lógica, se vuelve difícil de revertir: la gente deja de confiar en las instituciones, evita denunciar por miedo a represalias y se naturaliza la violencia como forma de resolución.

 

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