VIDEO. Dejar de alquilar para vivir en una casa de barro que hizo con sus propias manos

El compositor y cantante Chalo Parma trabaja y edifica su lugar en el mundo en Abasto, junto a Darío “El Cordobés” Barrionuevo. A través de sus redes sociales comparte el proceso y difunde una forma de habitar más simple y vinculada con la tierra. EL DIA recorrió su morada y conoció su historia

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Chalo Parma, compositor y bioconstructor radicado en Abasto (La Plata), documenta en su cuenta de Instagram @debarropisado la construcción de su casa de barro, un proceso que encara junto a Darío “El Cordobés” Barrionuevo. A través de esa experiencia, combina música, vida rural y bioconstrucción para difundir una forma de habitar más simple, sustentable y vinculada con la tierra.

El momento en que el barro se volvió una posibilidad

En un terreno de Abasto, a pocos kilómetros del casco urbano de La Plata, Chalo Parma termina de acomodar algunas herramientas mientras conversa sobre la casa que construye desde hace más de dos años. A su lado trabaja Darío Barrionuevo, a quien todos conocen como “El Cordobés”. Entre risas, Parma dice que su compañero “ya se hizo famoso” gracias a los videos que suben a redes sociales mostrando el proceso de construcción. El clima de la charla es distendido, pero detrás de la escena cotidiana hay una historia de aprendizaje, decisiones personales y una convicción: que con barro, paja y trabajo manual se puede levantar una vivienda.

Parma se define como músico, compositor y bioconstructor, aunque reconoce que le cuesta ponerse una etiqueta. “Siempre digo que soy un poco de todo”, comenta. En su cuenta de Instagram @debarropisado comparte videos en los que muestra cómo levanta paredes, mezcla tierra y arena, o explica técnicas de construcción natural. “La idea es mostrar el proceso real, con errores, con aciertos y con el resultado final”, señala.

El interés por la bioconstrucción empezó hace más de una década. Parma recuerda con precisión el momento en que descubrió ese mundo. “En 2011 vi un documental que se llama El barro, las manos y la casa, de Jorge Belanko. Me acuerdo perfecto porque me quedé completamente sorprendido”, cuenta. La propuesta del documental le resultó reveladora. “No podía creer que con barro y con materiales del entorno uno pudiera hacerse su propia casa”.

Para él, ese descubrimiento no fue solo una curiosidad técnica, sino una posibilidad concreta. “Lo vi desde ese lugar: con mis manos y con muy poco presupuesto podía hacerme mi vivienda”, explica. Y agrega: “Ahí empezó todo. A partir de ese momento me puse a investigar y después vino la parte más importante, que es empezar a hacer”.

Aprender haciendo y equivocándose

Parma sostiene que en la bioconstrucción la práctica es fundamental. “Hoy hay mucha información en internet, libros, talleres, cursos, pero el verdadero aprendizaje aparece cuando uno se pone a trabajar”, dice. Según su experiencia, el conocimiento técnico llega en el proceso mismo de construir. “La práctica es infinitamente superior a la teoría. Hasta que no estás mezclando la tierra con la paja y levantando una pared no terminás de entender cómo funciona”.

El primer proyecto lo realizó cuando vivía en Mar de Cobo, en la costa atlántica bonaerense. Allí pasó cinco años y construyó su primera casa de barro. “Era una casa de dos pisos, que ahora lo pienso y digo que fue un error para empezar”, admite entre risas. “Para una primera experiencia era demasiado compleja”.

Sin embargo, esa obra fue clave para adquirir experiencia. “La primera casa tuvo varios errores, como le pasa a cualquiera que empieza”, reconoce. De todos modos, destaca una característica del material. “El barro tiene algo bueno: perdona. Un error en una casa de barro no es lo mismo que un error en una casa de material, porque siempre se puede corregir”.

La experiencia también le permitió comprender las ventajas del sistema. “Cuando te vas interiorizando te das cuenta de que es un material accesible, muy intuitivo para trabajar y además muy amigable con el ambiente”, afirma. También destaca el confort térmico. “Una casa de barro funciona muy bien. Regula la humedad y mantiene temperaturas bastante estables”.

De la costa a Abasto

Después de esa etapa en la costa, Parma regresó a la región de La Plata. “Volví con mi hermano y compramos un terreno en Abasto”, cuenta. En ese espacio comenzaron a desarrollar nuevos proyectos de construcción natural. “La primera casa que hicimos acá tenía unos 120 metros cuadrados y utilizamos una técnica que se llama quincha en bastidores”.

Ese sistema combina estructura de madera con relleno de paja y barro. “Se arma un entramado de madera y después se rellena con paja mezclada con barro líquido, lo que se llama barbotina”, explica. El método permite levantar paredes livianas y resistentes.

El proceso, sin embargo, fue gradual. “A los dos meses de empezar ya estábamos viviendo en un espacio de seis por tres metros”, recuerda. Con el tiempo fueron ampliando la vivienda y sumando nuevas habitaciones.

La vida personal también influyó en el rumbo del proyecto. Tras separarse de su pareja, Parma decidió construir una nueva casa en el mismo terreno. “Había terminado más o menos la primera casa y cuando me separé tuve que hacerme otra al lado”, relata. La obra comenzó hace unos dos años y medio y, desde entonces, continúa en permanente evolución.

Construir para poder mudarse

El nuevo proyecto tuvo una lógica distinta desde el principio. Parma explica que el objetivo era resolver una necesidad concreta: tener un lugar donde vivir. “No tenía muchos recursos, entonces era bastante simple: o me ponía a pagar un alquiler o me enfocaba en levantar la casa”.

El plan fue avanzar rápido en lo esencial. “En ocho meses la levanté y me mudé”, cuenta. Durante ese tiempo invirtió alrededor de cinco mil dólares. “Arranqué con unos cuatro mil dólares y después, durante esos meses, habré sumado mil más”.

Esa cifra incluyó lo básico para habitar el espacio. “Ahí están cosas como la cocina o el termotanque, aunque todavía faltaban muchas terminaciones”, aclara. Las cerámicas, por ejemplo, llegaron después. “La idea era tener lo necesario para mudarme y después seguir trabajando”.

Desde entonces vive en la casa mientras la termina. “Es otra aventura: terminar la casa mientras ya estás viviendo adentro”, dice. La obra avanza por etapas, según el tiempo disponible y los recursos económicos.

En el terreno también vive su hijo. “Mi hijo cruza todos los días para este lado”, comenta. La casa, entonces, no es solo un proyecto constructivo, sino parte de la vida cotidiana familiar.

Uno de los temas que más aparece en sus videos y conversaciones es el prejuicio que todavía existe sobre las construcciones de barro. Parma dice que lo comprobó en carne propia. “Cuando la casa estaba sin revocar, con la paja a la vista, la gente venía y decía: ‘Está bueno… pero qué horrible’”.

Según explica, muchas personas asocian el barro con la idea de un rancho precario.

“No se imaginan cómo va a quedar cuando está terminada”, señala. Pero la percepción cambia cuando ven el resultado final. “Ahora entran y no pueden creer que es una casa de barro”.

Para Parma, el problema muchas veces está relacionado con los tiempos de la autoconstrucción. “Una casa así no se hace de un día para el otro. Pasa mucho tiempo hasta que se ve terminada y eso hace que la gente piense que el material es el problema”.

La realidad, explica, es distinta. “Lo que pasa es que uno está haciendo todo de a poco. Primero terminás el baño, después la cocina, después volvés al exterior. El proceso es más largo”.

Esa experiencia fue una de las razones por las que decidió mostrar el proyecto en redes sociales. “Quería que la gente viera el antes, el durante y el después. Porque muchas veces lo único que se ve es el resultado final”.

La comunidad que nació en redes

Los videos que publica en Instagram y otras plataformas fueron generando una comunidad interesada en la bioconstrucción. “Hay mucha gente que escribe preguntando cómo empezar o cuánto cuesta”, cuenta.

Uno de los contenidos que más repercusión tuvo fue un video junto a Darío Barrionuevo, “El Cordobés”. Al principio, su compañero tenía muchas dudas sobre el sistema. “Él planteaba todas las preguntas que se hace la gente: si el barro resiste la lluvia, el viento o los bichos”.

Con el tiempo, Barrionuevo terminó involucrándose en el trabajo. “Ahora revoca paredes de barro como un especialista”, dice Parma entre risas.

La interacción con el público también le permitió reflexionar sobre el movimiento de la bioconstrucción. “A veces hay cierto fundamentalismo que a mí no me gusta”, comenta.

Cuenta que en una oportunidad un colega lo criticó por instalar aire acondicionado. “Me decía que no era coherente con la construcción natural”, recuerda. Su respuesta fue directa: “Si en invierno usamos estufa, ¿por qué en verano no podríamos usar aire?”.

Una casa natural, pero realista

Aunque defiende la construcción natural, Parma evita posiciones extremas. “Uno puede tener el sueño de una casa completamente natural, pero no siempre se adapta a las posibilidades reales”, dice.

Por esa razón, decidió utilizar hormigón armado en los cimientos. “Los cimientos de esta casa son de hormigón, con hierro, arena, cemento y piedra”, explica. La elección tuvo que ver con la seguridad estructural. “Lo hice por responsabilidad y practicidad”.

A partir de esa base se desarrolla el resto de la construcción. “Después arranca la estructura de madera con paja y tierra. Los revoques son de tierra y arena”.

El techo es uno de los elementos más llamativos de la vivienda. Se trata de un techo vivo, cubierto de tierra y vegetación. “Tiene varias funciones: aislación térmica, aislación sonora y también un valor estético”, explica.

Sin embargo, aclara que no es una técnica sencilla. “Hay que calcular muy bien la estructura, porque cuando llueve el peso del agua es importante”.

Consejos para quienes quieren empezar

A lo largo del tiempo Parma recibió muchas consultas de personas interesadas en la autoconstrucción. Su recomendación principal es comenzar con algo pequeño.

“Lo primero que hay que evaluar es el tiempo, los ingresos y las ganas que uno tiene”, afirma. La propuesta es simple: un módulo pequeño que permita resolver la vivienda básica.

“Yo le diría a alguien que empiece con un seis por tres con un entrepiso”, explica. Ese espacio puede funcionar como dormitorio y área de estar al mismo tiempo.

El objetivo es evitar proyectos demasiado ambiciosos al principio. “Si empezás con algo chico y lo terminás, después podés ampliar. Pero si arrancás con algo muy grande es fácil que el proyecto quede a mitad de camino”.

Para Parma, la autoconstrucción también tiene un valor simbólico. “Hay algo muy fuerte en vivir en una casa que hiciste con tus propias manos”, dice.

Mientras el sol cae sobre el terreno de Abasto y el trabajo continúa entre montículos de tierra, Parma vuelve a una de las frases que suele repetir en sus videos. “Un buen día dejé de alquilar”, dice. Y resume así la filosofía que lo llevó a construir su casa con barro: “Un terrenito, un seis por cuatro y a soñar”.

 

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