Es mucho lo que falta para que exista una real igualdad de géneros
Edición Impresa | 8 de Marzo de 2026 | 02:06
La lucha histórica de las mujeres por conquistar en plenitud la igualdad de derechos con los varones las encuentra hoy en esa misma actitud, en esta jornada que se celebra en recordación de las mujeres rusas que, en el contexto de la Primera Guerra Mundial, decidieron hacer una huelga en la que exigieron “pan y paz”. De todos modos, hubo que aguardar hasta 1978 para que la ONU confirmara a esa jornada –que sucesivas generaciones de mujeres de distintos países ya festejaban año tras año- como Día Internacional de la Mujer.
Lo cierto es que, a pesar de los muy importantes avances culturales experimentados a favor de la igualdad de derechos femeninos, persisten factores que siguen marcando el camino que aún falta por recorrer. Informes emitidos por distintas instituciones nacionales y extranjeras demuestran, por dar un primer ejemplo, que las mujeres cobran por un mismo trabajo, entre un 22 y un 27 por ciento menos que los varones. Esto revela que, más allá de las bases teóricas asentadas sobre la necesidad de instalar la equidad de género, en los hechos ese discurso se desvanece. La desigualdad de oportunidades y responsabilidades entre varones y mujeres sigue presente.
Un informe dado a conocer por el Observatorio Argentinos por la Educación confirmó que existe desigualdad salarial por motivos de género. Basado en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y en otras fuentes documentales, el trabajo puso a la vista que las mujeres suelen tener mejores resultados que los varones en varias materias educativas, en una ecuación que luego no se ve reflejada en los porcentajes de participación en el mercado laboral.
Pese a la idoneidad, para ellas sigue vigente la desigualdad laboral y de niveles salariales a favor de los varones. Si bien las mujeres representan virtualmente la mitad de la población, su tasa de empleo sigue siendo más baja que la de los varones. Ello, a pesar de que en numerosos hogares las mujeres son el principal sustento económico.
Cabe agregar que, a escala mundial, la tasa de empleo de las mujeres continúa siendo aproximadamente 25,5 puntos porcentuales menor que la de los varones.
Esta realidad se presenta en la Argentina, cuando por primera vez en la historia de nuestro país el número de mujeres con título universitario supera al de varones con el mismo nivel de formación. Es así que de los casi dos millones de profesionales con que cuenta Argentina, el 54,4 por ciento son mujeres, según mostró el último censo nacional.
Pero las mujeres profesionales no sólo han tomado la delantera en cantidad. Además de que seis de cada diez estudiantes que egresan hoy de universidades públicas y privadas son mujeres, ellas completan en general sus estudios en forma más temprana y con mejores promedios que sus compañeros varones, según datos de la UNLP.
La discriminación se plantea en todos los ámbitos laborales y sociales, no sólo en el universitario. Muchas mujeres deben declinar la realización de trabajos pagos para ocuparse de las tareas domésticas. Persisten además, y ya como factores delictivos extremadamente crueles, fenómenos como la violencia de género y los delitos de índole sexual que las tiene como víctimas principales.
Debe admitirse, entonces, que la discriminación hacia las mujeres es un flagelo que aún está enquistado en nuestra época. Es cierto que se ha avanzado en forma notable en lo que se refiere a algunas desigualdades de género que padecen las mujeres. Pero ello no significa que el problema esté superado. Y si bien el rol de la mujer es cada vez más valorado, es mucho lo que falta. En esa comprensión es que debieran orientarse todos los esfuerzos, para superar tantas discriminaciones por razones de género.
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