SanCor debe US$ 120 millones y pide su quiebra: las razones detrás de una decisión con fuerte impacto

La crisis de la cooperativa láctea SanCor sumó un capítulo decisivo: la empresa solicitó su propia quiebra ante la Justicia al admitir que ya no está en condiciones de cumplir con sus obligaciones financieras. Aseguran que la deuda asciende a debe US$ 120 millones. La presentación se realizó en el marco del concurso preventivo iniciado en 2025, en un intento fallido por evitar el colapso.

El deterioro económico quedó expuesto en el proceso judicial de verificación de créditos, donde se analizaron más de 1.500 acreedores sobre un total superior a los 2.700 denunciados. Ese procedimiento dejó al descubierto un pasivo multimillonario, con compromisos en dólares y en pesos que reflejan la magnitud de la crisis que atraviesa la firma.

A ese escenario se suma una delicada situación laboral. Según denuncias gremiales, la empresa acumula varios meses de salarios impagos, además de aguinaldos adeudados y aportes retenidos que no fueron transferidos ni a la obra social ni al sindicato. Este cuadro profundizó el conflicto con los trabajadores, que ya habían impulsado previamente un pedido de quiebra por considerar que la compañía se encontraba en un estado de insolvencia generalizada.

La caída de SanCor no es reciente. Desde hace casi una década, la cooperativa viene reduciendo su escala de producción de manera sostenida: de procesar millones de litros diarios de leche pasó a niveles significativamente menores, con pérdida de participación en el mercado y desprendimiento de activos estratégicos. El deterioro también impactó en su estructura industrial, cada vez más reducida.

En paralelo, los empleados sostuvieron la actividad en condiciones críticas, en muchos casos dependiendo de la asistencia del propio gremio para mantener la cobertura de salud ante la falta de aportes patronales.

El recorrido de la empresa incluye además decisiones clave que marcaron su presente. Entre ellas, el fallido intento de asociación con Adecoagro en 2006 —que terminó reemplazado por financiamiento internacional— y la posterior venta de activos a esa misma compañía años después, en medio de la necesidad de liquidez.

De cara al futuro, el proceso judicial abre distintos escenarios. Desde el sector sindical plantean la posibilidad de una quiebra con continuidad productiva, una alternativa que permitiría sostener parte de la actividad bajo otra estructura y preservar puestos de trabajo.

Mientras tanto, el desenlace de la causa será determinante no solo para la empresa, sino también para toda la cadena láctea argentina, dado el peso histórico de SanCor en el sector y el impacto social que su eventual cierre podría generar.

 

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