Bahía Blanca creció sin verde: expansión urbana y desigualdad ambiental en evidencia
| 27 de Abril de 2026 | 15:19
En Bahía Blanca, el crecimiento urbano registrado entre 1985 y 2020 evidenció una expansión territorial sin planificación ambiental suficiente, según el informe “Expansión urbana y espacios verdes en Bahía Blanca”, presentado por la geógrafa Valeria Duval ante la Comisión Asesora Ambiental del Concejo Deliberante, que advierte sobre una ciudad más extensa, desigual y con menor cobertura vegetal.
El trabajo señala que la ciudad se expandió de manera dispersa hacia la periferia, impulsada por el aumento poblacional, los desarrollos inmobiliarios y la mejora en las vías de acceso, sin una lógica integradora que acompañe ese proceso.
“El crecimiento de Bahía Blanca en las últimas décadas dejó una postal que ya no puede disimularse: la ciudad se expandió, pero el verde no la acompañó.”
El análisis, basado en imágenes satelitales, muestra una reducción significativa de áreas verdes, especialmente en sectores donde el desarrollo urbano fue más acelerado. Esto derivó en una configuración con “vacíos” internos, barrios desconectados y una marcada fragmentación territorial.
En términos generales, la ciudad cuenta con 191 espacios verdes que superan los 3,2 millones de metros cuadrados, lo que representa unos 10,2 m² por habitante, dentro de los parámetros sugeridos por la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, el informe advierte que este promedio oculta fuertes desigualdades en su distribución.
Mientras el centro y sectores del oeste concentran parques y paseos de mayor tamaño, zonas como el noreste, sureste y parte del noroeste presentan una escasez casi total. En algunos casos, vecinos no se encuentran dentro del área de influencia de ningún espacio verde.
El estudio también remarca problemas de accesibilidad: amplias áreas urbanas se ubican a más de 300 metros de plazas o parques, lo que limita su uso cotidiano y reduce sus beneficios.
“La evidencia internacional es clara: vivir cerca de espacios verdes mejora la salud física y mental, reduce el estrés, promueve la actividad física y mitiga efectos ambientales como el calor urbano o la contaminación.”
A esta situación se suma el deterioro de muchos espacios existentes, con falta de mantenimiento, escaso mobiliario y condiciones generales que afectan su utilización.
El informe describe además una ciudad socialmente fragmentada, con barrios privados y desarrollos de mayor nivel socioeconómico en el norte, frente a asentamientos informales en el sur y oeste, frecuentemente sin infraestructura básica ni espacios recreativos. En este contexto, el acceso al verde también refleja desigualdad.
Lejos de limitarse al diagnóstico, el trabajo propone avanzar en un sistema de “corredores verdes” que conecten parques, plazas y terrenos ociosos (como áreas ferroviarias o baldíos) para conformar una red integrada de espacios públicos.
Esta estrategia permitiría aumentar la superficie verde, mejorar la conectividad urbana, reducir la fragmentación territorial, recuperar áreas degradadas y generar nuevos espacios de encuentro. Además, contempla la incorporación de especies nativas, ciclovías, iluminación y equipamiento recreativo, con participación comunitaria.
El informe concluye que el crecimiento urbano por sí solo no garantiza mejores condiciones de vida y subraya la necesidad de integrar el componente ambiental en la planificación.
“La falta de espacios verdes no es un problema menor ni estético. Es una cuestión de salud pública, de calidad de vida y de equidad urbana.”
Si bien Bahía Blanca cuenta con tierras disponibles, antecedentes de proyectos y conocimiento técnico, el estudio plantea que el principal desafío radica en sostener decisiones políticas que prioricen el desarrollo urbano con inclusión ambiental.
“Porque en una ciudad que se expande sin árboles, sin sombra y sin espacios de encuentro, el progreso también puede convertirse en pérdida.”
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