Sabores de pasarela: el menú gourmet que brilló en los Martín Fierro de la Moda 2026
Edición Impresa | 30 de Abril de 2026 | 06:47
La noche comenzó mucho antes de los premios. En los Martín Fierro de la Moda, la gastronomía asumió el rol de abrir la escena con una propuesta que combinó tradición y sofisticación. La curaduría de Luz Azul presentó una tabla que invitó a detenerse: el equilibrio entre quesos suaves como el pategrás y la fontina, junto a variedades duras de maduración más intensa, generó un contraste armónico que se potenció con la presencia del roquefort y opciones ahumadas.
Los fiambres —\jamón cocido, crudo, lomo y bondiola—\ aportaron profundidad y carácter, mientras que los bastones chacareros y las aceitunas introdujeron notas salinas y rústicas que terminaron de redondear el conjunto. No fue solo una entrada: fue una antesala que ordenó el paladar y marcó el ritmo de lo que vendría.
MODA Y COCINA: UN MISMO LENGUAJE
En esta edición, la propuesta culinaria no se limitó a acompañar: dialogó directamente con la moda. El chef Joaquín Pantuso, de Jakarta Café, asumió el desafío de traducir el universo del diseño en pequeños bocados que conjugaron técnica, estética y sorpresa.
Sus creaciones no solo buscaron el sabor, sino también la puesta en escena. La cocina se volvió narrativa: formas, colores y texturas evocaron el mundo de la pasarela en una experiencia que se percibió tanto con los ojos como con el gusto.
Brownie francés por capas
BOCADOS SALADOS: EQUILIBRIO Y DETALLE
En el segmento salado, la propuesta se construyó desde la precisión. Los fingers de salmón curado se presentaron con una delicadeza casi quirúrgica, acompañados por una crema de zanahoria sedosa y una brunoise de pepinillo que aportó frescura y acidez.
A su lado, aparecieron variantes con palta, queso y finas hierbas, coronadas con hojas de lima que sumaron un perfume cítrico sutil. Los mini croissants, rellenos con jamón crudo y bocconcino, aportaron un guiño a la tradición francesa, mientras que su versión vegetariana amplió la experiencia sin perder sofisticación.
Los scones de tomillo recién horneados, tibios y fragantes, cerraron este capítulo con una impronta casera que equilibró la precisión técnica del resto del menú.
ILUSIÓN Y SOFISTICACIÓN
El momento dulce fue, quizás, el más esperado. Allí Pantuso desplegó su impronta con una propuesta que cruzó técnica pastelera y juego visual. Las les fruits —\en versiones clásicas y mini—\ recrearon frutas como mango y pera con un nivel de detalle que desafió la percepción.
La línea de frutos secos, con maní y avellana, se trabajó bajo la técnica del trompe l’fœil, logrando piezas que parecieron naturales pero escondieron una complejidad técnica notable, en un guiño al estilo del reconocido pastelero francés Cédric Grolet.
El recorrido culminó con un brownie francés por capas, donde la intensidad del chocolate convivió con una ganache de miel envolvente y un biscuit de nuez pecán que aportó textura. Fue un cierre profundo, pensado para prolongar la experiencia en el paladar.
Las les fruits, en tamaño clásico y también en versión mini tipo bombón
COPAS QUE MARCARON EL RITMO DE LA NOCHE
La propuesta de bebidas acompañó la dinámica de la gala con un servicio en dos tiempos. Por un lado, una línea continua de etiquetas Piccolo Banfi, donde el espumante Alegra Rosé aportó frescura y elegancia, ideal para acompañar los primeros bocados.
A medida que avanzó la noche, los vinos Cónclave Nocturno en rosé y malbec se convirtieron en el hilo conductor, sumando cuerpo y carácter. En paralelo, una degustación más específica permitió explorar etiquetas como Vía Flavia Petit Verdot, Bloque Único —\un blend que integró malbec, cabernet franc y sauvignon blanc—\ e Identidad Agrelo, que aportaron complejidad y profundidad al recorrido.
COCINAR EN VIVO: EL DETRÁS DE ESCENA
Detrás de cada plato hubo un equipo que trabajó con precisión milimétrica. Pantuso encaró su primera participación en los Martín Fierro de la Moda con entusiasmo y una cuota de vértigo. Fue un desafío sostener un servicio en vivo frente a más de 350 invitados, en un contexto dinámico y exigente.
El despliegue incluyó diez camareros y cuatro cocineros, coordinados para garantizar un servicio fluido. La cocina se convirtió así en espectáculo: un engranaje invisible que sostuvo la experiencia sin perder elegancia.
Los Martín Fierro de la Moda 2026 no solo celebraron el diseño en la pasarela, sino también en cada detalle que rodeó al evento. La presencia de Adrián Appiolazza, invitado de honor, reforzó ese perfil internacional y elevó la propuesta a un nuevo nivel.
En ese contexto, la gastronomía dejó de ser un complemento para convertirse en protagonista. Cada plato, cada copa y cada textura formaron parte de un relato mayor: una noche donde la moda también se degustó.
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