Ocurrencias: vuelos endemoniados
Edición Impresa | 10 de Mayo de 2026 | 03:34
Alejandro Castañeda
afcastab@gmail.com
Siempre se viaja buscando algo. Vuelos festivos y vuelos culposos surcan hoy un cielo sospechoso. Ahora que los documentos desclasificados del Pentágono apelan al misterio para referirse a los fenómenos no identificados, los mal pensados de siempre, aseguran que la reaparición de los ovnis es otra ayuda de Trump para que los vuelos de Adorni pasen desapercibidos. El cielo, ajeno a estos afanes, siempre refleja las ambiciones diversas de una humanidad que celebra el viaje de los astronautas, mientras otros andan paseando con su carga de coimas, drogas, bombas, plata negra, sexo urgente y otros equipajes.
Las excursiones del jefe de gabinete son como esas azafatas que saben ocultar en bolsos los viáticos prohibidos. El viaje de Kicillof y su comitiva (siempre populosa) a un congreso del progresismo en España, también habría sido solventado con fondos indirectos de tantos vecinos sin turismo gratuito que padecen resignados el aumento de la tarifa de colectivos y la disminución de frecuencias de esos servicios.
Los viajes en aviones son tan reveladores que hasta aquellos que no se hacen, importan. Escuchando La barca (“dicen que la distancia es el olvido”) Pampita se quedó solita otra vez. Su última relación se sostenía malamente a puro zoom, aunque su figura merece y reclama el contacto presencial. Pero pasa algo con esta chica: es una atractiva y eficiente pescadora que encarna mal, alguien a la que las buenas piezas siempre se le terminan escapando. La mecánica le ha fallado más que a Colapinto: el amor con Vicuña se esfumó en un motorhome, a la relación con Moritán se la llevó un camión de mudanzas y ahora su nuevo amor se quedó carreteando allá lejos sin poder levantar vuelo.
Más aviones: trajeron de vuelta al Pequeño J, esposado y en clase turista. Es el autor del crimen feroz de tres chicas en Florencio Varela. Una matanza despiadada que él, encima, se encargó de difundirla en las redes. Fue indagado y se declaró culpable. Es un criminal desalmado y romántico que cayó al dejar al descubierto su residencia en Perú cuando le mandó un mensaje de amor a su chica porteña. Dice que ya no cree en nada y mucho menos en la nostalgia y las enamoradas. Y por supuesto en su lista de gente matable está bien ubicada esta muchacha, que fue tan añorada y deseada desde los Andes, y que lo terminó encerrando, no en su corazón, sino en un calabozo.
Adorni, sitiado por sus consumos en inmobiliarias y aeropuertos, estuvo en la semana carreteando por la pista de las dos mujeres con más poder en el gabinete: Karina, el jefe indiscutido, que lo protege; y Patricia Bullrich, que le pidió que revelara sus cuentas. Como su figura tambalea, al platense engreído ya le facturan hasta los viajes en remises. Es cierto que los barquinazos de Adorni, al lado de los que traficaron el blue en época de mi querida Fabiola y también comparados con los premios que se adjudicaron Tapia y Toviggino, son migajas; lo que pasa es que se había presentado como un ser puro que venía a sanear los desvíos de la casta, pero al final su currículum se hizo escombros cuando el albañil le fue quitando revoque a sus explicaciones.
Su currículum se hizo escombro cuando el albañil le fue quitando revoque a sus explicaciones
La pelota no se mancha, se factura, podrá decir el Chiqui Tapia, sin ruborizarse. Ahora que el gobernador Kicillof lo nombró presidente del directorio del Ceamse, más de un operario quiere que le revisen los bolsos de entrada y salida, porque hay gente que se acostumbra tanto a esas mañas rendidoras, que no las puede dejar. Sobre todo en un territorio donde los bolsos dolarizados tienen una extenso elenco de aprovechadores.
Y para cerrar este capítulo planeador, ayer quedaron demorados, en el aeropuerto de Rosario, una pareja que venía desde Panamá y que intentó tener relaciones en sus asientos. El tiene 55 y ella de 60, dos viajeros impacientes que se quedaron semi desnudos a la vista de todos y empezaron a maniobrar para lograr un dulce aterrizaje. Mientras algunos pasajeros gritaban, otros curioseaban. Pero el alboroto atrajo al personal de vuelo. Tras ser interrumpidos y amonestados, se acomodaron la ropa, culparon a las turbulencias por el manoseo y guardaron sus ganas en el bolso de mano. Al llegar a tierra la pareja fue demorada. Pero ella se desahogó: “Ustedes cancelan salidas o se atrasan y no pasa nada, pero cuando nosotros nos apuramos, nos detienen”.
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