“La tortuga de Darwin”: la ingeniosa comedia que reimagina la evolución

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Charles Darwin, mundialmente reconocido por desarrollar la teoría de la evolución de las especies, tuvo bajo su cuidado a Harriet, una enorme tortuga hembra que pasó sus días con mucha tranquilidad; sin embargo, en la obra “La tortuga de Darwin”, Juan Mayorga se animó a reimaginar la vida de este ejemplar, de más de 200 años, convertida en un humano y atravesada por la experiencia vivida. Allí entró a escena Ana María Castel, una legendaria intérprete teatral que decidió embarcarse en una aventura dándole vida a este animal y protagonizando una obra que llega mañana a la Ciudad.

“Nunca estuve en La Plata así que tengo la mayor de las expectativas. Siempre admiré a los platenses, tal vez porque de joven me parecía una ciudad de estudiantes en la que me hubiera gustado vivir”, dijo la actriz a EL DIA.

A sus 83 años, Ana María sigue subiéndose a las tablas, animada por “ese momento antes de salir al escenario”. Para la actriz, saber que va a comulgar con los otros siendo ella y también su personaje es algo que la llena de mucha emoción, especialmente con esta obra que podrá verse mañana a las 18 horas en el Teatro de Cámara de City Bell , diagonal 4 entre 462 y 464.

-¿Qué fue lo que más le atrajo de “La tortuga de Darwin”?

-Juan Mayorga es un enorme autor; darme cuenta de que entendía profundamente el personaje de Harriet y que la obra decía todo lo que yo quería contar fue lo que me atrajo.

-Harriet es un personaje muy particular, ¿cómo fue el proceso de construirla?

-En primer lugar, entender el deseo que la lleva a accionar durante la obra, luego, casi mágicamente me surgió cómo hablaba Harriet. Fue una puerta que se abrió y me permitió ponerla en movimiento y construir desde mi interior la forma de caminar y el comportamiento de ella, por momentos es más humana y por otros, más tortuga. Por último, yo he leído mucho sobre la historia de la humanidad lo que me facilitó saber de qué habla ella.

-Interpretó personajes muy intensos y complejos. ¿Qué lugar ocupa Harriet dentro de estos desafíos?

-Un desafío enorme, porque nunca tuve que interpretar a un animal y si bien la tortuga ha evolucionado, sigue teniendo algo de tortuga, pero se fue dando con la mirada atenta de Sara Mon, una gran directora. Aprendí que si uno se percibe tortuga hay por momentos algo que te lleva a una postura corporal y ciertos gestos, sobre todo en momentos peligrosos que me llevan a esconderme en mi caparazón. Lo que construí lo hice desde adentro, desde la imagen interna que tengo de ese momento.

Una vida dedicada a las tablas

A pesar de que desarrolló su carrera en cine y televisión, el teatro ocupa un lugar muy especial para Ana María Castel, quien compartió con grandes directores y compañeros actorales, entre ellos, el gran Alfredo Alcón. “Siento que se me permite construir algo con un otro, con el público, conmoverlos y vivirlo juntos. La energía que va y viene en el escenario con los actores y actrices es impagable”, destacó.

Sobre su trabajo con Alcón, la actriz recordó que tenía una energía “arrolladora” y habló de la obra en la que colaboraron juntos. “Era magnético, su entrega, su generosidad. A mí me vio en una obra dirigida por Laura Yusem, vino al camarín a saludarme y a los 15 días consiguió mi teléfono. Me llamó y me dijo: ‘Quiero que seas mi esposa, Linda Loman, en la Muerte de un viajante de Arthur Miller’. Eso fue en 1978 y yo creí que era una broma porque yo era joven, tenía 35 años y pensé ‘cómo hacer una mujer de 60 que no es una vieja’ (...) fue un placer trabajar con él, era una persona muy querible, muy humilde y generosa, y de esas cosas se aprende también”.

En este sentido, Castel también mencionó a Daniel Suárez Marzal, un director que, según indicó, “fue una de las personas que más quiero en mi vida y me hizo creer en mí, tanto que me convenció”. Con toda esta experiencia actoral, Ana María reconoció que hoy el teatro sigue “vivo y fuerte, dando lucha a pesar de lo que ocurre en el país”.

 

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