Ocurrencias: deseos de alto vuelo
Edición Impresa | 17 de Mayo de 2026 | 01:43
La semana pasada glosamos las dulces penurias que vivió esa pareja de rosarinos que se conocieron durante un vuelo de Panamá a Rosario y al final terminaron detenidos por mantener relaciones sexuales en sus asientos. Y esta semana trascendieron más detalles, sobre todo por qué en ese vuelo iba una periodista. El hombre, Mauricio C. es un arquitecto de 55 años; ella es Sandra O. de 59, soltera. A él lo esperaba su familia para darle la bienvenida. Pero grande fue la sorpresa de su esposa cuando lo vio aparecer junto a una doña desconocida, despeinado y maltrecho, acompañados por personal del aeropuerto. ¿Qué había pasado? A ella le informaron que la pareja, según declararon, se conoció durante el vuelo y que ahora están acusados de haberse encariñado demasiado entre las nubes hasta terminar con un arribo a toda máquina.
Al llegar fueron denunciados. No son exhibicionistas, parecían estar presos de un deseo testarudo que no permitía demoras. El personal de a bordo actuó rápidamente: los interrumpieron, los obligaron a vestirse y les advirtieron que iban a ser demorados en tierra. Recién allí el arquitecto calculó que, a partir de este arrojado entreacto, su edificio familiar podría empezar a mostrar rajaduras. La que aportó más detalles fue la periodista rosarina Analía Bocassi. Agregó que Mauricio respondió al interrogatorio con los pantalones bajos y cubierto por una manta que apenas le abrigaba la zona culpable. Ella, más presentable, omitió detalles.
Por este escándalo, el desembarco se demoró más de la cuenta. Los pasajeros empezaron a protestar. Nadie supo explicar por qué los viajeros educados tuvieron que sufrir un injusto retraso por ganas ajenas. Dicen que cuando la nave aterrizaba y se sintió el aplauso de los rosarinos por tocar su tierra, Mauricio y Sandra, que seguían en lo suyo, comentaron sonrientes: “¿Lo estaremos haciendo tan bien que nos aplauden?”.
Pero la realidad les mostró otra cara. Las turbulencias en pleno vuelo no se pueden comparar con la desaforada recepción que sufrió el pasajero al regresar a casa. Por más que repartió regalos y se gastó todos los perdones del año, nada alteraba la furia de la señora. Hasta el ropero temblaba ante la rabia de una mujer convencida de que este encuentro estaba programado y que lo del súbito flechazo fue como una apuesta de la pareja para darle a la despedida el brillo de un desafío que le agregara más picante al adiós. Los días pasan y la pareja debe revivir muchas veces ese trance a gran altura dónde sólo chisporroteaba el deseo. El arquitecto siguió en lo suyo y la compañera de travesía también, pero la damnificada señora no le perdona a su marido esto de andar empolvándose a diez mil metros de altura con una vecina tan entusiasta.
La causa siguió su curso. Al desembarcar los detuvo la Unidad Operacional de Seguridad Preventiva de la PSA a instancias del requerimiento del piloto. También se pudo saber que algunos tripulantes de Copa Airlines decidieron hacer la denuncia contra la pareja, y por eso ambos fueron trasladados a la Comisaría N°12 de la Policía de Santa Fe por orden del Ministerio Público Fiscal. Finalmente, la Unidad de Flagrancia de la Fiscalía de Rosario notificó sobre el inicio de una causa que la que se investigará el delito de exhibiciones obscenas. Demasiado ¿no? Fueron sometidos, seamos sinceros, a un escrache exagerado. Cuando cazan un delincuente peligroso, lo ponen de espalda, le tapan la cara y no dan su nombre. Y a esta pareja la mandaron al frente, con nombres, foto de cuerpo entero, a cara descubierta y sin pixelar. Su temerario acto, tan disfrutado y tan castigado, seguramente engrosará las vitrinas del mile high club, una expresión instalada desde hace décadas en la cultura anglosajona, que se utiliza para referirse a aquellos que tuvieron sexo durante un vuelo, fantaseando con poder encontrar alguna tibieza, más allá de la manta. El anecdotario es generoso y valoran “el poder hacerlo en el aire” y, sobre todo, con una desconocida. Casi todos acudieron a los baños. Por eso este escándalo rosarino apunta a ser récord: fue a la vista de todos, se conocieron en pleno vuelo y, al poder hacer coincidir dos felices arribos, demostraron que en ese instante no sólo el viaje estaba acabando.
Destacado
Esta pareja fue sometida a un escrache que resultó muy exagerado
Alejandro Castañeda
afcastab@gmail.com
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